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Juan 3,16

Este versículo refiere las palabras de Jesús, cuando este dialogaba con Nicodemo, uno de los maestros de la Ley en Israel

La combinación de estas letras y números es, posiblemente, una de las imágenes más identificadas en estos tiempos modernos, de manera similar a muchos logotipos que ya se han hecho mundialmente famosos. Pienso que aún personas totalmente desconectadas con la fe y con la religión, han observado pancartas entre la multitud que rezan que el famoso “John 3:16”. En muchos eventos de difusión nacional, continental o incluso mundial, es posible descubrir en una toma de la cámara algunos de estos letreros, para que sean promovidos a todos los espectadores.

¿Por qué es tan famosa esta combinación de letras y números? Porque contienene un de los mensajes más conocidos por los lectores de la Biblia; incluso algunos se han referido a esta cita, como “el evangelio completo, en pocas palabras”. Todo se remonta a una de las porciones del evangelio de San Juan, capítulo 3, verso 16, que refiere las palabras de Jesús, cuando este dialogaba con Nicodemo, uno de los maestros de la Ley en Israel.

Jesús estaba explicando a Nicodemo el propósito por el cual el Señor se encontraba en la tierra, y lo describió en estas palabras “Sí, Dios amó tanto al mundo, que entregó a su Hijo único para que todo el que cree en él no muera, sino que tenga Vida eterna”. En estas pocas palabras, Jesús estaba describiendo la esencia del evangelio.

Dios amó al mundo. Este verso no dice que Dios “sintió lástima” por el mundo, sino que lo amó a través de una decisión. En realidad, Dios decidió amar al mundo, a pesar de que todos los hombres nos hemos portado como sus enemigos, desobedeciéndole y haciendo toda maldad posible. Aún así, la gente vive necesitando amor verdadero, y con frecuencia buscándolo en el lugar equivocado, por eso Dios decidió tomar la iniciativa y amar a quien no lo merecía. ¿Cómo fue que Dios decidió demostrar su amor por el mundo? A través de la segunda declaración de Juan 3,16.

Dios entregó a su Hijo. Esto significa que la venida de Jesús no fue coincidental, y mucho menos accidental. Nada de lo que sucedió con Él, desde su nacimiento, hasta su muerte y resurrección fue dejado al azar, sino que todo fue desarrollado en completa sujeción a la voluntad del Padre. Jesús no fue “obligado” a morir por los pecadores, sino que Él mismo puso su vida en ofrenda, sabiendo que ese sacrificio proveería verdadera salvación para los hombres. ¿Significa esto que todos los hombres serán salvos, ya que Jesús murió por toda la humanidad? No, de acuerdo al mismo verso, según se explica en la siguiente parte del mismo.

Quien cree en el Hijo no muere, sino que tiene vida eterna. Jesús murió para salvar a todos los pecadores, y esto haría posible que todos pudieran salvarse, pero para ello es necesario creer en la vida y obra de Jesús para salvación. A esto se le ha llamado la fe salvadora. Usted puede tener un conocimiento intelectual de Jesús, pero eso no significa que usted se ha salvado. Es como si usted se encuentra en medio del mar, solo, condenado a morir ahogado; usted puede saber mucho de procedimientos de rescate, de estilos de nado, o de corrientes marinas, pero nada de eso le ayudará a salvarse: lo que usted necesita es que alguien le lance un salvavidas.

Usted puede saber nada del mar, incluso jamás haber estado en él, o ser un experto en navegación, pero si se está ahogando en el mar lo que realmente necesita es un salvavidas. Tomar un salvavidas y aferrarse a él con todas las fuerzas y la fe, es similar a lo que se ha llamado “fe salvadora”.

Saber de Jesús no le salva, usted necesita creer en lo que Él hizo para rendirle su vida, pedirle perdón y vivir una vida que demuestre que ha creído en Él. Esto es “aferrarse a el regalo de la salvación”.

De manera que si creemos que Dios nos ha amado tanto, al grado de haber entregado a su Hijo por nuestros pecados, y creemos de todo corazón este mensaje, para ser perdonados y vivir una vida diferente a la pasada, podemos tener la certeza de que hemos entendido la esencia del verdadero evangelio. Ahora no entendemos Juan 3,16, ahora vivimos Juan 3,16.

Angel Flores Rivero 
iglefamiliar@hotmail.com

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