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Honestamente equivocados

¿Le ha sucedido alguna vez, que ha llegado a estar equivocado en algo que juraría que era correcto? A todos nos ha pasado

A veces por falta de información, a veces por un malentendido, a veces por fallas imputables a los humanos, y a veces por pura necedad. El caso es que cuando esto sucede, nos damos cuenta de que en verdad creíamos una cosa que al final resultó no ser cierta. Esto significa que no sabíamos que estábamos equivocados, honestamente equivocados. Lo triste es que el estar honestamente equivocados no nos exime de las consecuencias del error. No podemos apelar a nuestras buenas intenciones, ya que esas no están en la balanza, lo que nos afecta es el efecto directo de nuestra equivocación.

Es lo que le pasó a la gente de la aldea en donde se crió Jesús. En Nazaret la gente conocía ampliamente a Jesús y a su familia, le vieron crecer entre ellos, y seguramente muchos de ellos tenían en sus casas muebles que habían sido elaborados por Jesús, o por José. También conocían a María y a su familia, incluso mencionaron sus nombres en el relato del evangelio. El caso es que muchas cosas no encajaban, al tratar de aceptar a Jesús como Mesías.

Lo primero era la confusión respecto al lugar de nacimiento: el Mesías debería nacer en Belén, y toda la gente creía que Jesús había nacido en Nazaret. Lo segundo es que aunque Jesús tenía un excelente testimonio público delante de ellos, esto no era suficiente para aceptar que estaban delante del hombre que Dios había ungido para salvar a Israel.

Jesús no tenía una gran preparación política, y mucho menos militar. ¿Cómo se suponía que salvaría a Israel, si su profesión era la de carpintero? Le conocían como un varón apacible, generoso y misericordioso, pero no inclinado a la contienda; incluso se decía que nunca le habían escuchado hablar en contra de los romanos, algo que era muy difícil de encontrar entre los judíos de su tiempo. Este cuadro no correspondía a la imagen que la gente de Nazaret tenía respecto a su salvador. Por eso, cuando Jesús visitó su aldea para llevar su mensaje, su propia gente le rechazó. Estaban confundidos, equivocados. Honestamente equivocados.

Angel Flores Rivero 
iglefamiliar@hotmail.com

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