Suplementos
Hilaria Peña Leal, 107 años
Nacida el 14 de enero de 1901
Nacida el 14 de enero de 1901, Hilaria Peña Leal se encuentra bastante lúcida de su mente. Su gusto por los refranes sigue activo y productivo, y a continuación uno. Que ella hizo para los lectores de Tapatío:
“Aquí les echo un grito
más allá un refrán
a que me subo al horno
y les apachurro el pan”
No dejamos de amar
por que envejecemos
Envejecemos porque
dejamos de amar.
Programa mes del
adulto mayor:
www.difguadalajara.gob.mx
Un cuento para abuelos
Mamá Coque dice
Abro los ojo. Despierto. No reconozco el techo. Volteo a un lado y veo unas fotos viejas colgadas de la pared. Me siento cómodo. Huele a café y escucho que se menea una cuchara. Me levanto y camino descalzo, noto por la ventana del cuarto que apenas sale el Sol, abro la puerta y me encuentro a mi abuelita sentada en el comedor. Ella remoja una sema en su taza de café. Es domingo.
-Ya te levantaste hijo –me dice mientras camino hacia ella y la abrazo-. ¿Dormiste bien?
A mi abuelita le digo Mamá Coque por costumbre, porque siempre le he dicho así. En su barrio le dicen doña Jóse. Todo mundo la conoce porque entrega la hojita parroquial en algunas casas de por ahí y porque escucha con atención a cada señora que visita y le cuenta un chisme.
-A la gente le gusta que le pongan atención –me explica mientras camina despacito, tomada de mi brazo-. Un caballero siempre protege a la mujer así, la trata con amabilidad y la respeta.
Mamá Coque me enseña cosas como estas que no siempre puedo aplicar. Es lunes. Estoy en la escuela, la maestra Ramona nos pide a Nélida y a mí que le traigamos una caja de gises de la dirección. Salimos del salón, le pongo el brazo y en lugar de sujetarse como Mamá Coque lo hace, se sigue de largo. No se da cuenta de que soy amable.
-Oye. ¿No sabes que cuando acompaña un hombre a una dama, debe tomarlo del brazo? –le comento.
Entonces ella regresa. Se aproxima a mí con cara de “Está bien” y acerca su mano a mi brazo mientras me late el corazón con fuerza. Entonces llega ese momento. Pone su mano en mi brazo y me aprieta tan fuerte, que termino hincado.
-¿Ya te vas a dejar de payasadas? ¡Vámonos! –me rezonga Nélida luego de que me suelta.
Dicen que los adultos saben más cosas, sobre todo los abuelos, pero ahora yo no estaría tan seguro.
Hogares de ancianos A.C.
hogarancianos@prodigy.net.mx
por: francisco rojas cárdenas
ilustraci’on: rocio coffeen
“Aquí les echo un grito
más allá un refrán
a que me subo al horno
y les apachurro el pan”
No dejamos de amar
por que envejecemos
Envejecemos porque
dejamos de amar.
Programa mes del
adulto mayor:
www.difguadalajara.gob.mx
Un cuento para abuelos
Mamá Coque dice
Abro los ojo. Despierto. No reconozco el techo. Volteo a un lado y veo unas fotos viejas colgadas de la pared. Me siento cómodo. Huele a café y escucho que se menea una cuchara. Me levanto y camino descalzo, noto por la ventana del cuarto que apenas sale el Sol, abro la puerta y me encuentro a mi abuelita sentada en el comedor. Ella remoja una sema en su taza de café. Es domingo.
-Ya te levantaste hijo –me dice mientras camino hacia ella y la abrazo-. ¿Dormiste bien?
A mi abuelita le digo Mamá Coque por costumbre, porque siempre le he dicho así. En su barrio le dicen doña Jóse. Todo mundo la conoce porque entrega la hojita parroquial en algunas casas de por ahí y porque escucha con atención a cada señora que visita y le cuenta un chisme.
-A la gente le gusta que le pongan atención –me explica mientras camina despacito, tomada de mi brazo-. Un caballero siempre protege a la mujer así, la trata con amabilidad y la respeta.
Mamá Coque me enseña cosas como estas que no siempre puedo aplicar. Es lunes. Estoy en la escuela, la maestra Ramona nos pide a Nélida y a mí que le traigamos una caja de gises de la dirección. Salimos del salón, le pongo el brazo y en lugar de sujetarse como Mamá Coque lo hace, se sigue de largo. No se da cuenta de que soy amable.
-Oye. ¿No sabes que cuando acompaña un hombre a una dama, debe tomarlo del brazo? –le comento.
Entonces ella regresa. Se aproxima a mí con cara de “Está bien” y acerca su mano a mi brazo mientras me late el corazón con fuerza. Entonces llega ese momento. Pone su mano en mi brazo y me aprieta tan fuerte, que termino hincado.
-¿Ya te vas a dejar de payasadas? ¡Vámonos! –me rezonga Nélida luego de que me suelta.
Dicen que los adultos saben más cosas, sobre todo los abuelos, pero ahora yo no estaría tan seguro.
Hogares de ancianos A.C.
hogarancianos@prodigy.net.mx
por: francisco rojas cárdenas
ilustraci’on: rocio coffeen