Heidelberg, una sorpresa alemana
El maravilloso castillo que domina las alturas de la ciudad es uno de los muchos atractivos que ofrece a los viajeros que deciden tomar la aventura en este rincón de la nación teutona
GUADALAJARA, JALISCO (04/JUN/2017).- Todo viaje depara una sorpresa inesperada. A veces tomamos camino, carretera o avión con la idea de encontrarnos con algo en específico, y lo que terminamos por descubrir es algo completamente diferente a lo que teníamos dibujado en la mente. Tal como sucede en Heidelberg, Alemania.
A Heidelberg se llega seducido por su fama de ciudad medieval. Las portales que abundan de esta urbe nos muestran su hermoso castillo, una hermosa construcción que domina las alturas de la ciudad y que se ha vuelto, por su silenciosa belleza, en una de las estampas más tradicionales de la ciudad (como lo puedes ver en la acuarela).
Pero el castillo, como la ciudad, guarda una historia que trasciende la belleza estética. En el año 1214 el castillo ya era mencionado en las crónicas alemanas como un punto de referencia para la ciudad, pero al ser una construcción militar, era demasiado pedir que conservara su belleza por siempre.
Durante la llamada “Guerra de los treinta años”, el castillo fue sede de dos duras batallas en 1622, en la primera fue tomado por las fuerzas imperiales, mientras que en la segunda fue bombardeado por los suecos. Para 1628, los franceses en su retirada, lo quemaron.
Para 1700, ya con una relativa paz, el castillo se convirtió en un palacio, aunque increíblemente, en dos ocasiones fue golpeado por un rayo, por lo que se detuvo su remodelación, aunque la población de Heidelberg, consciente de la historia de la edificación, decidió conservarlo tal como lo puedes ver hoy, en un estado que oscila entre la ruina y la majestuosidad. Para visitarlo, puedes subir a través de un servicio de funicular.
Pero esta ciudad alemana presume muchas cosas más además de su castillo. La Universidad de Heidelberg es una de las más prestigiosas del país teutón (y de paso, la más antigua), al punto que uno de cada cinco habitantes de la ciudad es estudiante, lo que provoca una curiosa combinación, pues si bien la arquitectura es antiquísima, la ciudad ofrece un aire esencialmente juvenil a los visitantes.
El corazón de la metrópoli, Plaza del Mercado, ofrece una vigorosa oferta gastronómica. Aquí se encuentra también la Casa Zum Ritter, casa de piedra que data de la antigüedad de la ciudad y es uno de los pocos edificios que se salvó del bombardeo de 1622.
Si lo tuyo es caminar y descubrir paso a paso una ciudad, cerca del Centro se encuentra el puente Carlos Teodoro, levantado en 1786 para cruzar el río Neckar y que es un icono de la ciudad. ¿Te pasamos un tip para tu visita? El puente tiene la estatua de un mono (colocada en los años setenta del Siglo XX), y se dice que quien la toca, obtendrá buena salud y garantiza que regresará a la ciudad. Para obtener las mejores fotos, te recomendamos tomarlas desde el Paseo de los Filósofos, punto de gran tradición en la ciudad.