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¿Hay algún beneficio para mí?

Por eso no es raro encontrar personas que se pregunten si existen beneficios específicos para su vida, que se deriven del hecho de que Jesús resucitó de la tumba

     Estamos acostumbrados a vivir en tiempos donde todo se mide en función del costo-beneficio de las cosas; normalmente tendemos a evaluar la vida en función de lo que le metemos y de lo que le podemos sacar. Esto incluso se lleva al terreno de la fe, en donde es común que las personas calculen el costo (en todos los sentidos) de la religión que desean practicar, e incluso eso les lleve a determinar el lugar en donde se van a reunir, a qué templo asistir, qué tanto comprometerse, etc.
    Por eso no es raro encontrar personas que se pregunten si existen beneficios específicos para su vida, que se deriven del hecho de que Jesús resucitó de la tumba. De hecho, aunque la resurrección de Jesucristo es un hecho históricamente comprobado, y que no puede refutarse con argumentos científicos, todavía falta responder a la pregunta de cuál es el beneficio que esto aporta a la vida de los creyentes en Él.
    Aunque hay muchos beneficios que se derivan de su victoria sobre la muerte, podemos destacar dos muy importantes: su sacrificio aceptado, y su victoria sobre nuestros enemigos.
    La Biblia establece claramente que la muerte en la cruz no fue un acontecimiento accidental, producto del odio de los fariseos y la crueldad de los romanos, sino que fue un acto voluntario y determinado por las tres personas de la Trinidad. Tanto el Padre, como el Hijo y el Espíritu Santo, acordaron que la muerte en la cruz del Hijo de Dios sería el pago suficiente y definitivo por los pecados de la humanidad; esto permitiría que todo aquel que cree en este mensaje y permite a Jesús limpiar su vida, pueda entonces acceder a la vida eterna con Dios en el cielo.
    Jesús cumplió con su misión en la tierra, y se presentó ante Dios con su propia sangre, cubriendo así los pecados de los hombres. ¿Cómo sabemos que su sacrificio fue aceptado por el Padre? Precisamente porque el Padre le levantó de entre los muertos; la resurrección de Jesús es la prueba de que el Padre se dio por satisfecho por el sacrificio de su Hijo, lo que significa que los que hemos creído, hemos sido perdonados. No somos perdonados por el hecho de que “nos sentimos perdonados”, somos perdonados por el hecho de que Jesús resucitó.
    Otro beneficio maravilloso de que Jesús se haya levantado de entre los muertos, es que demuestra su victoria total sobre los tres enemigos de la raza humana: el diablo, el pecado y la muerte. Desde que la primera pareja de seres humanos aparecieron sobre la faz de la tierra, encontraron el odio que el diablo les tenía por ser ellos una creación de Dios a su imagen y semejanza; desde entonces el diablo buscó la manera de hacerlos caer en tentación, hasta que logró que ellos pecaran, desobedeciendo las instrucciones de Dios. Esto trajo como consecuencia la muerte para ellos: primero se manifestó su muerte espiritual (su separación definitiva de Dios) y posteriormente su muerte física.
    A lo largo de la historia de la humanidad, el diablo ha hecho el mayor daño posible a los hombres, induciéndolos al pecado para que se rompa su relación con Dios y enfrenten la muerte y la condenación eterna. Por eso, cuando Jesús se levantó de la tumba, venció al diablo, quien nunca le pudo hacer caer en pecado; Jesús pagó de una vez y por todas por el pecado, y derrotó a la muerte, por cuanto la tumba no le pudo retener. Desde entonces, y a través de la fe en Jesús, los hombres podemos vencer las tentaciones del diablo, rechazar el engaño del pecado y tener la certeza de que después de la muerte física, tenemos la garantía de la vida eterna en el cielo con Dios.
            

Angel Flores Rivero    
iglefamiliar@hotmail.com

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