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Hasta el año que viene

Como quiera que sea, todos volvemos a nuestra rutina diaria, al trabajo, a la escuela, al hogar, a lo habitual

   Terminó la temporada de los días santos, con el mismo balance de cada año: los que pudieron vacacionar regresan a sus actividades cotidianas, generalmente más cansados que relajados; los que descansaron en la ciudad, tomando nuevamente su rutina de trabajo, y quienes aprovecharon este tiempo para invertir en las cosas espirituales, mucho más animados y motivados.
     Como quiera que sea, todos volvemos a nuestra rutina diaria, al trabajo, a la escuela, al hogar, a lo habitual. Incluso los medios de comunicación retoman sus programaciones diarias, dejando atrás aquellos programas especiales o películas que trataban de alguna manera los temas espirituales. El hombre vuelve a su cotidiana labor.
     ¿Se acordará de Dios en su tiempo diario? ¿Recordará los sufrimientos de Cristo en la cruz? ¿Se esforzará en mantener en su corazón las reflexiones que tuvo a lo largo de estos días especiales? La experiencia nos dice que muy pocos lo harán, que la mayoría simplemente volverá a lo mismo, a lo que hace cada día, y de lo que sale sólo en ocasiones muy especiales. Las iglesias, al igual que los centros vacacionales, vuelven a mostrar una baja en su asistencia, ya que la gente ha vuelto a lo suyo.
     Todo esto nos hace darnos cuenta de lo difícil que es para el hombre de hoy tener presente a Dios en su vida diaria, ya que comunmente piensa en Dios en términos de religión, y no en términos de relación. Hay demasiadas ocupaciones que hacen al hombre de hoy ocuparse o entretenerse en las cuestiones temporales, y dejar de lado la oportunidad de hacerse amigo de Dios.
      Cuando Jesús escogió a un grupo de personas para hacerlos sus discípulos, no los llamó para que escucharan sus enseñanzas cada cierto día de la semana, sino para que vivieran con Él. Ellos no dividían su tiempo entre Jesús y otras ocupaciones, sino que se dedicaron a conocerle a través de vivir diariamente con Él a lo largo de tres años y medio.
     Esto no significa que en este tiempo las personas debieran dejar sus responsabilidades y trabajos para “conocer” a Jesús, sino que deben tomarlo en cuenta en cada momento del día, y disponer un tiempo especial para estar con Él.
     Estar con Jesús significa conversar con Él, escuchar su Palabra a través de la Santa Biblia y permitir que nuestro interior sea renovado a través de meditar en las enseñanzas del Maestro. Esto es algo que cualquier persona puede hacer, ya que Dios no se reveló a nosotros de una manera que solo los entendidos o los cultos le pudieran conocer. En los tiempos en los cuales Jesucristo predicaba a la gente, todos le entendían, y todos tenían acceso a sus enseñanzas y a la ayuda que Él daba a los necesitados.
     Es necesario que no dejemos pasar un año completo, hasta que vuelvan a presentarse las fechas de los “días santos”, para que sea entonces cuando decidamos darle a Dios un breve tiempo de nuestra atención y devoción, sino que hagamos de todos los días de este año, verdaderos “días santos”, es decir, “días dedicados” a conocer mejor de Dios. Que Dios nos ayude en esta digna tarea.


Angel Flores Rivero
 iglefamiliar@hotmail.com

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