Suplementos

¡Hagan la prueba y verán!

No nos cansamos de asombrarnos de las noticias de crímenes en los que se ven involucrados jóvenes

     No nos cansamos de asombrarnos y en no pocos casos de aterrorizarnos --gracias a Dios, conservamos todavía la capacidad de asombro--, con las noticias en las que se ven involucrados tantos jóvenes, y a veces muy jóvenes --adolescentes y hasta niños--, en actos inmorales, ilícitos y hasta criminales verdaderamente graves.

     Para muestras, de las menos serias a las más, tenemos, para empezar, el nuevo y más reciente escándalo en el futbol profesional mexicano, por lo sucedido en Ecuador con ocho futbolistas de la selección de menores de 22 años, en el que se involucraron mujeres sexoservidoras, infringiendo el reglamiento interno de dicha selección y ensuciando una vez más el buen nombre de nuestro país.

     En seguida los actos vandálicos y destructivos llevados a cabo, en su mayoría por adolescentes y jóvenes, según se pudo apreciar por la televisión, en la ciudad de Buenos Aires, Argentina, con la excusa de que su equipo descendió a una división inferior. Con la furia desencadenada, atacaron a cualquiera que tuvieran al frente, no sólo del estadio sino de los directivos, y dicen por ahí que no nos enteramos de la verdad de los hechos. Algunos especialistas en ciencias de la conducta humana diagnosticaron que detrás de estas formas de proceder subyacen una enorme frustración y un sinsentido de la vida, y lo proyectan de esta manera.

     Finalmente --y esto se dice en pocas palabras, pero en sí misma y en su trascendencia son realmente inauditas-- destaca la confesión de un preadolescente miembro de una banda criminal, quien afirmó que a sus escasos once años de edad tenía en su haber 200 asesinatos.

     Todo esto nos confirma y nos reconfirma que algo muy serio y grande anda mal en nuestra ciudad, nuestro país y el mundo entero.

Hay quienes achacan --y de qué manera-- toda la culpa a los gobiernos, a los gobernantes, a los sistemas que imperan, a las políticas que rigen los destinos de los mismos; otros culpan a la situación interminable de crisis tan pesada que enfrentamos: económica, financiera, laboral, de seguridad, etc. Y otros más afirman que lo anterior es responsabilidad de los colonialismos internacionales, o bien de los grandes “trusts” (consorcios) financieros o políticos.

     ¿Quienes tienen la razón? Podríamos pasar horas dialogando, discutiendo acerca de esto. Sin embargo, lo que subyace en todo esto, el origen de estas manifestaciones --lo decimos totalmente convencidos por nuestra fe y por nuestra propia experiencia--, es la ausencia de Dios en muchos ámbitos de la vida del mundo actual; ausencia que día con día, mes con mes, año con año, es más grande y por tanto hace que las cosas se agraven y que el peligro de una gran calamidad en nuestro planeta sea cada vez más inminente.

     Sin embargo, muchos seres humanos, en lugar de voltear sus ojos a Dios, de conocer su plan  de vida y salvación para sus criaturas, para sus hijos, y vivirlo, lo ignoran, lo minimizan, lo relativizan, lo cosifican y hasta lo rechazan, haciendo a un lado la Palabra de Dios, sus mandamientos y sus manifestaciones de amor, bondad, misericordia y poder.

     Llenos de soberbia, no pueden comprender la voluntad de Dios y por ello buscan la felicidad --a la que todo ser humano está llamado-- en caminos equivocados, como son las doctrinas ajenas y contrarias a la divina, los ídolos como el poder, el poseer, el placer y el parecer, etc.

     En el Evangelio de hoy Jesús, de manera muy clara, nos hace ver que sólo a los sencillos y humildes de corazón  y los que confían en Él, les es dado el conocer los misterios del Reino de Dios y cómo comprenderlos y vivirlos.

     Así pues, los verdaderos responsables del caos al que se precipita nuestro mundo somos todos --unos mas y otros menos--, pues mientras no aceptemos plenamente a Dios en nuestra vida y en todos los ámbitos de ella --personal, familiar, social, político, científico, artístico, filosófico, etc.-- no podrá haber paz, justicia, progreso y amor verdadero.

     Tú, hermano(a), ¿ya hiciste la prueba de renunciar a tu soberbia, vanidad y autosuficiencia, y con humildad y sencillez aceptar a Jesús como tu Salvador y Señor, amo y dueño de todo, incluyendo tu propio ser, tu existencia y tus posesiones, para dejar que Él gobierne tu vida en todas sus áreas?

     ¡Haz la prueba y verás qué bueno es el Señor, y cómo esa vida empezará a cambiar para encontrar la paz, felicidad y realización verdaderas!  

Francisco Javier Cruz Luna
cruzlfcoj@yahoo.com.mx           

Temas

Sigue navegando