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Hacienda Grande de Santa Clara

Un lugar que lleva a sus visitantes por caminos que cautivan por su color

GUADALAJARA, JALISCO (02/NOV/2014).- Al Norte del Cerro la Embocada nace el cautivante Arroyo el Amparo. De la Hacienda Grande seguimos el precioso camino de tierra que lleva a Las Jiménez, fue un continuo ascender y serpentear laderas verdes, al ganar altura, el paraje fue embellecido por robles y algunos pinos. Nos detuvimos en un mirador y apreciamos la cuadricula de Etzatlán, el campanario, manchones de árboles, los eucaliptos de la estación y los cipreses del panteón. A la siniestra la Laguna el Palo Verde y a la diestra el Cerro la Gavilana, y en lontananza, un fértil valle, donde oleaba la mágica laguna de Etzatlán, con 16 leguas de largo, en su orilla, San Pedro, con su Cerro el Suspiro y al fondo el Cerro la Piedra Rosilla, un paisaje bonito pero nostálgico a la vez, pues ya perdimos los nítidos cielos, que día a día los llenamos más de humo, en aras de un superfluo materialismo. El asta del mirador añora la bandera nacional, que antaño hondeaba.
 
Del mirador, seguimos el sendero minero. En la cima nos fuimos adentrando a un maravilloso bosque de robles, salpicado por muérdagos, naranjas y rojos. Al bajar, un murmullo de agua embelleció el sitio, era el arroyo La Embocada, que serpenteaba entre diversos follajes, sobresaliendo unos fresnos. Enseguida vimos el bizarro arroyo La Cañada, que giraba al acariciar un sauce.

Luego de una loma, se dejo ver el espectacular arroyo El Amparo, comprendido por una preciosa garganta, tapizada de plantas, el lecho con buen caudal ocre, que mostraba su fuerza al rosar unas piedras, unas matas vencidas en la orilla nos indicaron la buena creciente que corrió. Una alta palmera nos delató el casco de la hacienda minera La Embocada, una troja de adobe con cuatro puertas entre gruesos contrafuertes, otra troja sólo conserva algunas tapias, la casa grande con un arco de medio punto en su zaguán, con tres ventanas verticales por costado, que se asoman al arroyo.

La brecha fue bordeando el arroyo y mostrándonos sus encantos, luego de haberlo cruzado observamos “La Gerencia”, una amplia gradería nos condujo a la admirable finca, de dos niveles, con portal, que soportó una terraza con vista al arroyo, la fachada con cortes a 45º a los lados, provocando un atractivo movimiento, puertas y ventanas abrían a la hechizante garganta. “The Amparo Mining Co.” Laboró la hacienda, que comprendía 5,035 hectáreas. María de la Luz Correa Gómez refirió: “Se laboró en tres turnos diarios, cada uno con 250 a 300 personas y con un promedio de producción de 400 toneladas de mineral en piedra por día”. En la revolución se le otorgó permiso para adquirir dos ametralladoras para defenderse. Se evoca a los gerentes: G. T. Graham y James Howard, quienes se comunicaban a Etzatlán por vía telefónica. Para 1926 se manifestaron los mineros que simpatizaron con el movimiento obrero rojo, contra la CROM, que había constituido un sindicato blanco, se sumó la caída económica de 1929 y la Compañía cerró posteriormente. Para 1939, Las Jiménez formó parte de una Cooperativa, que paró en 1944.  

Nos sentamos a la vera del arroyo, al pie de unos sauces, a contemplar el bello torrente, contrastado por la vegetación y animado por jilgueros. Después subimos a la capilla del Señor del Amparo, de ladrillo aparente, la fachada principal con tres puertas arqueadas en medio punto, con una ventana coral cada una, horizontal, por remate, un frontón triangular un con pequeño vano circular al centro. Del lado izquierdo se adosó una espadaña de dos cuerpos, con un vano arqueado cada uno, el primero con campana, en la cresta yace una cruz. Las puertas laterales arqueadas y enmarcadas por medias columnas y contrafuertes, enseguida ventanas verticales figurando una cruz. El ábside con un vano circular y frontón triangular. Unos contrafuertes esquineros lucen remates que simulan tiros de chimenea. En el altar posa el Señor, que se festeja en mayo, a un costado cuelgan homenajes, uno de Enrique WrereKeizen.

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