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Guía para catar ron: todos tus sentidos
Isabel Medina, especialista en rones, indica los pasos para aprender a degustar esta bebida
GUADALAJARA, JALISCO (10/JUL/2014).- Está en boca de todos, lo dicen los bartenders, lo comentan los consumidores: el ron es el nuevo whisky. Sin dudas, resulta difícil equiparar ron con whisky. El primero nació en América, con el descubrimiento de la caña de azúcar. El segundo tiene su origen en las islas del Norte europeo y se elabora a base de cebada.
Con una larga tradición histórica, el ron se obtiene del jugo o de la melaza de la caña de azúcar y llegó a ser un producto importante de las Antillas luego de la introducción de la caña de azúcar en 1493 por Cristóbal Colón; con el tiempo se convirtió en un producto típico de lugares como República Dominicana, Cuba, Puerto Rico y Jamaica, además de Centroamérica.
Los rones conocieron la fama gracias al estilo cubano, ligero y traslúcido, perfecto para mojitos y daiquiris. La tradición del whisky exige que se beba solo o como parte de cócteles clásicos.
Entonces, ¿dónde es que ambas bebidas se cruzan y hoy en día una “pretende” ocupar el lugar de la otra? A lo largo de las últimas dos décadas, el ron blanco se convirtió en la gran bebida del mundo, a través de los daiquiris y mojitos. Esto hizo que muchos jóvenes conocieran esta espirituosa. Y son esos mismos jóvenes, que hoy ya no lo son tanto, quienes están potenciando la demanda.
Los números mandan: en 2011, la empresa número uno del mundo en bebidas alcohólicas, Diageo, pagó 100 millones de dólares por el 50% de Zacapa, el ron de Guatemala considerado entre los mejores del mundo.
En 2012, el Gruppo Campari desembolsó más de 400 millones de dólares por las acciones del ron jamaiquino Appleton Estate.
Para la elaboración del ron todo cuenta, no solamente la calidad del suelo sino la altitud y temperatura a la que se da la caña y, sobre todo, las particularidades de un proceso que, en algunos casos, se distingue de otros hasta la sofisticación.
Como explica la especialista guatemalteca Isabel Medina, con más de dos décadas de experiencia dentro de la compañía guatemalteca Botrán, esta bebida se distingue por su materia prima única, la caña de azúcar, y las diferencias entre sus distintas variedades se dan por las particularidades del cultivo de la caña, durante su proceso de destilación o sus diferentes períodos y técnicas de envejecimiento (definidas por el tipo de barrica usado, entre otros factores).
Primer paso: la vista
Para llevar a cabo una cata -o prueba- del producto, no se necesitan sino cantidades pequeñas de ron; para ello se pueden utilizar copas de abertura algo cerrada (secas y debidamente limpias para que no guarden aromas que sean invasivos); en este sentido, en una primera fase, con ayuda de una cartulina blanca (como fondo visual de contraste), se aprecian bajo la luz los colores que produce; básicamente, se busca percibir sus diferentes tonalidades de color.
El color del ron puede depender del tiempo que pasa en las barricas de roble durante su envejecimiento; mientras más oscuro, más añejo; además, puede ser la primera indicación de su sabor (los claros tienden a ser ligeros y de sabor seco, los oscuros son untuosos, de sabor más pesado y complejo).
Asimismo, la vista puede darnos un indicio de la estructura o cuerpo del ron: se levanta la copas y lentamente se hace girar el contenido de manera que las paredes interiores del recipiente se impregnen, luego se observa la formación de “piernas” o gotas adheridos al vidrio que se deslizan hacia abajo y cuya velocidad indica las características del “cuerpo” del ron (mientras más gruesas y bajen más lentamente, el ron es más añejo).
Segundo paso: olfato y gusto
En este momento, sin agitar el líquido, se acerca la nariz al borde más lejano de la copa y se aspira brevemente (siempre fuera del interior); se retira la copa y se repite la acción, pero ubicando la nariz ahora encima del borde más cercano de la copa.
Se agita luego la copa y se realizan nuevas aspiraciones para que la presencia alcohólica del producto se disipe un poco y salgan a relucir los aromas propios del ron: pueden ser de frutas, cacao, vainilla, chocolate, caramelo, cuero, almendras, café, coco, maderas o frutas secas (el olor a vainilla, por ejemplo, indica que la bebida descansó en barricas de roble blanco, usadas antes para Bourbon americano).
El proceso requiere práctica, pero el olfato paulatinamente identificará los aromas.
En el momento de “probar” el ron, se recomienda hacerlo con una pequeña cantidad, a la que se debe dar vuelta alrededor de la boca y paladar, después reposar por un instante para tratar de identificar el “efecto” del ron, antes de tragar el líquido; así, los sabores saldrán a relucir con mayor nitidez, los cuales pueden ser de maderas, vainilla, caramelo, canela, nuez moscada, avellana, nuez, ciruela, fruta, tabaco o coco (un sabor tostado, por ejemplo, proviene del carbón de las barricas que han sido quemadas en su interior antes del envejecimiento del ron).
Tercer paso: detalles a considerar
Ahora bien, un detalle importante, se requiere agua para limpiar el paladar entre catas, así como diferentes alimentos —semillas, frutas secas o chocolate— o bebidas —agua mineral, ginger ale o refrescos de cola— si la cata se extiende a los “maridajes” (combinaciones) que se hacen con el ron; si se prueban varios tipos, se aconseja hacerlo en secuencia, de los de cuerpo y sabor más sencillo a los de sabores más complejos.
Tradicionalmente, se considera que mientras más joven sea el ron es más versátil y tiene mayor grado de “mezclabilidad” (para cocteles y mezclas), que un ron añejo es ideal para tomarlo en las rocas, y que los rones “Premium” se recomiendan secos, a temperatura ambiente y en copa; pero nada de esto es obligado y, dependiendo de su calidad, hacen agradables nupcias con diversos elementos.
Con una larga tradición histórica, el ron se obtiene del jugo o de la melaza de la caña de azúcar y llegó a ser un producto importante de las Antillas luego de la introducción de la caña de azúcar en 1493 por Cristóbal Colón; con el tiempo se convirtió en un producto típico de lugares como República Dominicana, Cuba, Puerto Rico y Jamaica, además de Centroamérica.
Los rones conocieron la fama gracias al estilo cubano, ligero y traslúcido, perfecto para mojitos y daiquiris. La tradición del whisky exige que se beba solo o como parte de cócteles clásicos.
Entonces, ¿dónde es que ambas bebidas se cruzan y hoy en día una “pretende” ocupar el lugar de la otra? A lo largo de las últimas dos décadas, el ron blanco se convirtió en la gran bebida del mundo, a través de los daiquiris y mojitos. Esto hizo que muchos jóvenes conocieran esta espirituosa. Y son esos mismos jóvenes, que hoy ya no lo son tanto, quienes están potenciando la demanda.
Los números mandan: en 2011, la empresa número uno del mundo en bebidas alcohólicas, Diageo, pagó 100 millones de dólares por el 50% de Zacapa, el ron de Guatemala considerado entre los mejores del mundo.
En 2012, el Gruppo Campari desembolsó más de 400 millones de dólares por las acciones del ron jamaiquino Appleton Estate.
Para la elaboración del ron todo cuenta, no solamente la calidad del suelo sino la altitud y temperatura a la que se da la caña y, sobre todo, las particularidades de un proceso que, en algunos casos, se distingue de otros hasta la sofisticación.
Como explica la especialista guatemalteca Isabel Medina, con más de dos décadas de experiencia dentro de la compañía guatemalteca Botrán, esta bebida se distingue por su materia prima única, la caña de azúcar, y las diferencias entre sus distintas variedades se dan por las particularidades del cultivo de la caña, durante su proceso de destilación o sus diferentes períodos y técnicas de envejecimiento (definidas por el tipo de barrica usado, entre otros factores).
Primer paso: la vista
Para llevar a cabo una cata -o prueba- del producto, no se necesitan sino cantidades pequeñas de ron; para ello se pueden utilizar copas de abertura algo cerrada (secas y debidamente limpias para que no guarden aromas que sean invasivos); en este sentido, en una primera fase, con ayuda de una cartulina blanca (como fondo visual de contraste), se aprecian bajo la luz los colores que produce; básicamente, se busca percibir sus diferentes tonalidades de color.
El color del ron puede depender del tiempo que pasa en las barricas de roble durante su envejecimiento; mientras más oscuro, más añejo; además, puede ser la primera indicación de su sabor (los claros tienden a ser ligeros y de sabor seco, los oscuros son untuosos, de sabor más pesado y complejo).
Asimismo, la vista puede darnos un indicio de la estructura o cuerpo del ron: se levanta la copas y lentamente se hace girar el contenido de manera que las paredes interiores del recipiente se impregnen, luego se observa la formación de “piernas” o gotas adheridos al vidrio que se deslizan hacia abajo y cuya velocidad indica las características del “cuerpo” del ron (mientras más gruesas y bajen más lentamente, el ron es más añejo).
Segundo paso: olfato y gusto
En este momento, sin agitar el líquido, se acerca la nariz al borde más lejano de la copa y se aspira brevemente (siempre fuera del interior); se retira la copa y se repite la acción, pero ubicando la nariz ahora encima del borde más cercano de la copa.
Se agita luego la copa y se realizan nuevas aspiraciones para que la presencia alcohólica del producto se disipe un poco y salgan a relucir los aromas propios del ron: pueden ser de frutas, cacao, vainilla, chocolate, caramelo, cuero, almendras, café, coco, maderas o frutas secas (el olor a vainilla, por ejemplo, indica que la bebida descansó en barricas de roble blanco, usadas antes para Bourbon americano).
El proceso requiere práctica, pero el olfato paulatinamente identificará los aromas.
En el momento de “probar” el ron, se recomienda hacerlo con una pequeña cantidad, a la que se debe dar vuelta alrededor de la boca y paladar, después reposar por un instante para tratar de identificar el “efecto” del ron, antes de tragar el líquido; así, los sabores saldrán a relucir con mayor nitidez, los cuales pueden ser de maderas, vainilla, caramelo, canela, nuez moscada, avellana, nuez, ciruela, fruta, tabaco o coco (un sabor tostado, por ejemplo, proviene del carbón de las barricas que han sido quemadas en su interior antes del envejecimiento del ron).
Tercer paso: detalles a considerar
Ahora bien, un detalle importante, se requiere agua para limpiar el paladar entre catas, así como diferentes alimentos —semillas, frutas secas o chocolate— o bebidas —agua mineral, ginger ale o refrescos de cola— si la cata se extiende a los “maridajes” (combinaciones) que se hacen con el ron; si se prueban varios tipos, se aconseja hacerlo en secuencia, de los de cuerpo y sabor más sencillo a los de sabores más complejos.
Tradicionalmente, se considera que mientras más joven sea el ron es más versátil y tiene mayor grado de “mezclabilidad” (para cocteles y mezclas), que un ron añejo es ideal para tomarlo en las rocas, y que los rones “Premium” se recomiendan secos, a temperatura ambiente y en copa; pero nada de esto es obligado y, dependiendo de su calidad, hacen agradables nupcias con diversos elementos.