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Ficción en un diario personal

edi López Mills presenta su libro 'La invención de un diario', un proyecto para relatar 365 días

GUADALAJARA, JALISCO (22/MAY/2016).- La escritora y traductora Tedi López Mills publicó en Almadía “La invención de un diario”, un texto en prosa que relata la intimidad de la narradora a lo largo del año 2013. Pero fue bajo una formación filosófica y poética con lo que afrontó este proyecto para relatar 365 días. Sobre su nuevo libro, Tedi compartió lo siguiente:

-Fue un proyecto de 2013, ya lo tenía pensado para ese año. Consistía en escribir todos los días de lunes a viernes, y que sólo sería de ese año. Las lecturas fueron accidentales, más o menos: los libros que he escrito siempre van acompañados de lecturas de libros fundacionales, lecturas paralelas. En este caso hubo dos muy importantes: “La amante de Wittgenstein” y la “Historia general de las cosas de Nueva España”, de Sahagún. Estas dos lecturas, muy diferentes, fueron importantes para la construcción: es un diario inventado, construido, aunque sí tiene que ver conmigo. Pero es una intimidad intervenida por las lecturas, también por las lecturas de periódicos y por personajes que invento. La narradora se encuentra con ellos: el joven poeta, P., el señor López, la hija del hijo.

-A diferencia de otros diarios en la tradición literaria, que se publican de manera póstuma, este es más ficcionalizado.


-Es como una novela encerrada en la forma de un diario: la apuesta es que se lea como diario, pero es una forma de ficción. Casi un libro de suspenso: la narradora siempre está en riesgo, a punto de sucederle algo, a su conciencia. El problema principal es la conciencia. Hay crisis que le dan un derrotero al diario, se inventa de otra forma, se va disfrazando. La intimidad se arropa con las lecturas y con géneros literarios: hay ensayo, hasta cierto punto hay poesía (aunque hay un pleito con la poesía, pero se vuelve a encontrar con la poesía gracias a Ezra Pound).

-Escritores como Elizondo, Cheever o Piglia hablan de sus diarios como un laboratorio de donde surgen sus creaciones literarias. Aquí es al revés: la narradora comienza el diario cuando ha abandonado la poesía.

-Sí, cancela la representación personal de la poesía: entonces no soy poeta, se dice. Si la definición de la poesía es ésa. Pero más adelante expresa el alivio de poder seguir escribiendo poesía aunque ya no sea poeta. En esos términos está la disputa de la poesía. Constantemente el diálogo con el joven poeta saca a flote la poesía. Una vez más tiene que hablar de ese maldito género que la narradora supone que ya se alejó. Cada vez que la narradora propone una definición el joven se burla. Sí hay una especie de discusión constante alrededor de la poesía, que también es irónica, burlona y de algún modo hiriente.

-Pero sí consulta el diccionario de poética.

-Es una especie de acto desesperado: la narradora consulta el diccionario para buscar las definiciones de sinécdoque, de metáfora. Pero si uno tuviera que utilizar la definición de metáfora para hacer metáforas no se podría. Pasa con frecuencia en los diccionarios: si uno no sabe de antemano lo que significa la palabra, difícilmente entenderá la definición. Es al mismo tiempo el problema que plantea Wittgenstein con las palabras: las palabras llevan a otras palabras que llevan a enredos con las palabras.

-Mencionabas que la lectura sobre Wittgenstein y de Sahagún son diferentes, pero está el vínculo del lenguaje: por un lado Wittgenstein habla de las palabras, mientras que Sahagún expone mucho las etimologías.


-Lo que hizo Sahagún fue una labor tremenda: aprendió náhuatl, tradujo los evangelios. Estaba seguro de que la única manera de evangelizar a los indígenas era en su idioma, no obligarlos a aprender español. Decidió hacer la crónica de esa civilización. Es un libro que debería de ser casi de texto: es un libro de periodismo, de crónica, entrevistó a los ancianos, a los sabios de los pueblos, para que le hablaran de su religión, de las tradiciones y de la conquista. Al mismo tiempo que está “La amante de Wittgenstein”, está Sahagún contando la historia. También está “La caída de Constantinopla”: son imperios que caen. Por eso hablo la construcción de una civilización, a partir de seis personas.

-Otro tema latente es el de las traducciones: hay una mención con la idea de las palabras de Wittgenstein en el “Tractatus”, y los comentarios de Dante en una nueva versión en inglés.

-Yo estudié filosofía. Una de las limitaciones que tuve es que no sé alemán, griego ni latín. Mi relación con la filosofía siempre fue por idioma interpósito (es decir, con traducción). A Wittgenstein lo leí en inglés. Me interesa lo que pasa con las traducciones. Luego leí una reseña de la versión adaptada de la “Divina comedia”, con la idea de que los estudiantes del siglo XXI de Estados Unidos no entenderían las referencias de Dante: el Leteo es una alberca. Son cosas absolutamente incomprensibles, ¿por qué no habrían de entenderlo? Anne Carson hizo lo mismo con “Antigonick”: modernizar las referencias. No sé para qué. Yo lo prohibiría si fuera una maestra de traducción.

-Son los casos que hacen popular aquella máxima de “traductor-traidor”.

-Uno puede tomar decisiones, pero siempre son intervencionistas. Alteran de una manera radical el original. No sé qué tanto se valgan. ¿Por qué no entenderíamos a Dante? La traducción de Ángel Crespo está llena de notas.

-La escritura de un diario está vinculada con la memoria.

-Cualquier diario es una obsesión por la memoria, cualquier diario es un ejercicio de memoria. Lo que hacemos es asegurar de que no se olvide lo que pasó ese día o el día anterior, quizá hacer apuntes para el día siguiente. En ese sentido el diario está instalado en la memoria, es su género por excelencia. En este diario la crisis que ocurre es de la memoria: cómo se reconstruye. El diario sirve para eso: anotar qué ocurre, qué puede ocurrir, qué pasa por la conciencia. La conciencia es un personaje principal de la narradora.

-El género del diario y el fluir de la memoria hacen al texto algo proteico: hay partes que parecen brevísimos ensayos, aforismos, además de la poesía.

-Es mercurial: se escapa. Es alusivo y puede recorrer lo que se le pegue la gana, puede hacer lo que quiera. No es una novela, ni un poema u obra de teatro, pero puede ser todas esas cosas sin romper reglas: en un diario no las hay. Se puede demorar en la lectura del libro, hacer una reseña. Leo el libro de Anne Carson, de Pascal Quignard; siempre hay un trato cotidiano con los libros que voy leyendo y juicios acerca de esos libros. Los libros de Wittgenstein o de Sahagún tienen un papel distinto, casi como personajes.

-Al final del libro hay una lista de lecturas, casi no hay diarios.

-Aparecen los diarios de Kafka y los de Jules Renard, un diario muy hermoso. En cierto sentido hago un homenaje al diario de Renard en “La invención de un diario”. Aunque el de Renard es el diario de su vida pública: estaba inmerso en la vida literaria de París, pero es un diario muy triste, se enferma muy joven. Allí plantea todas sus satisfacciones literarias, de sus amistades como Marcel Schwob; es un diario muy conmovedor. Igual que el de Kafka -cualquier cosa que haya hecho Kafka es conmovedora-, necesariamente obsesiona e interesa. Esos diarios están allí. No menciono otros como el de Virginia Woolf, que fue muy importante en algún momento de mi vida.

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