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Fe de proporción titánica
El Santuario Guadalupano de Zamora es una de las construcciones más asombrosas del país, tanto por su talla como por su belleza
GUADALAJARA, JALISCO (25/OCT/2015).- Si observamos las fotografías que acompañan a esta nota y nos preguntan dónde está edificado el Santuario Guadalupano sin haberlo visto antes, por su estilo neogótico quizá por nuestra mente pasen los nombres de Alemania, Francia, Austria o quizás España. Pero no, no se encuentra en Europa, sino del lado opuesto del Atlántico, en la bella ciudad de Zamora, Michoacán.
Zamora ya era famosa desde hace años por ser un importante cruce de caminos entre Guadalajara y Morelia, además de tener una importante industria agrícola (de hecho, se pelea con Irapuato el nombramiento de “capital de las fresas”), además de una maravillosa gastronomía basada en sus exquisitas carnitas y los deliciosos dulces de rompope que venden en sus mercados. Pero luego de ver el Santuario Guadalupano en fotografías, el instinto viajero me empujó a conocerlo de primera mano.
Decidí emprender el viaje desde Guadalajara en camión, y fue fácil reconocer el momento en el que me acercaba a la urbe zamorana, pues en esa ciudad no hay otro edificio que llame más la atención por sus dimensiones y arquitectura.
De tamaño titánico (supera los 100 metros de altura) y dominando el horizonte de toda esta urbe michoacana, el Santuario Diocesano de Nuestra Señora de Guadalupe —como se llama oficialmente— es una de las grandes maravillas arquitectónicas que podemos encontrar en dicho Estado de la República, además de presumir de una intrincada historia llena de pasión, persistencia y fe.
Fastuoso exterior
El prodigioso uso de la cantera es algo con lo que me he topado de forma constante en mis recorridos por los Altos de Jalisco y el Bajío, además del Occidente y Norte de Michoacán. Sin embargo, lo mostrado en el Santuario Guadalupano lleva esto a niveles de maestría.
Vale la pena dedicarle un largo rato al exterior de esta construcción, pues los ricos detalles con los que está adornada su fachada lo convierten en un deleite a los ojos de quienes aprecian la arquitectura. La fachada principal, con sus vitrales y arcos ojivales son exponentes de la proeza y talento de sus constructores, quienes agregaron como detalle las estatuas de los 12 apóstoles.
Lo que más llama la atención y lo que hará que giremos muy alto la cabeza son sus torres. Sin ellas, el Santuario mediría 20 metros. Con ellas llega a los 107. Sus conos rematados en acero y cubiertos de cobre y estaño le dan un brillo muy especial, mientras que el chapitel de cruz y el pararrayos se convierten en una una corona fastuosa. Parte del cobre fue donado por los fieles.
El gigantesco atrio es sencillo y sin mayores detalles que los árboles frutales que tiene en flanco izquierdo, tres esculturas y una reja que mantiene el estilo neogótico. Es común ver a paseantes y turistas tomarse la foto.
Sobriedad absoluta
“Grande” es la palabra que mejor define el interior. Aunque es sobrio en primera instancia, el juego de luces que ofrecen los vitrales sencillamente te quitarán el aliento. Cada uno relata distintos pasajes de la Biblia, aunque también recuerdan algunos pasajes que ha vivido la religión católica en tierras mexicanas.
Otra obra de arte es el fastuoso órgano monumental, ubicado justo sobre el acceso principal. De estilo neogótico y se 22 metros de alto, fue fabricado en Alemania y tiene nombre, se llama “Misa maravillosa”.
Vale la pena caminar despacio por su interior y detenerse a observar los ricos detalles en las capillas y el altar. La mayor parte de los ornamentos fueron importados de tierras europeas e incluso de Asia, aunque claro que hay ricos elementos mexicanos, y sobre todo, fue la mano de obra local la que terminó por darle forma a un proyecto largamente anhelado.
El poder de la paciencia
¿Cuánto tiempo tomó la construcción del Santuario Guadalupano de Zamora? Basta decir que quienes concibieron el proyecto y pusieron las primeras piedras no vivieron para verla terminada.
En 1898 comenzaron los trabajos en tierras zamoranas para darle forma a la inmensa catedral estilo neogótico. Para 1914 se había acelerado el ritmo (ya se llevaba la mitad del edificio construido), pero todo tuvo una pausa abrupta con la Revolución Mexicana, que devastó buena parte del territorio michoacano.
Tras la Revolución se pensó en proseguir con la edificación, pero entonces comenzó una guerra que iba a ser mucho más dura en la región: La cristiada. El ejército se apoderó de la construcción y los planos originales se perdieron para siempre. Para este momento todo apuntaba a que el Santuario se iba a quedar en un mero sueño de quienes la concibieron, y ya hasta le habían puesto como apodo “la inconclusa”.
Pero si algo tiene la gente de esta región es persistencia. En la década de los años noventa se constituyó un patronato para terminar el edificio y poco a poco, en buena medida gracias a donaciones y rifas, se fueron haciendo con los recursos necesarios para concluir con las gigantescas torres y el interior. Finalmente, 110 años después de que se comenzó a edificar, en 2008 se dio por terminada su construcción. ¿Quién dice que no existe la fe de proporciones titánicas?
Comida
Las carnitas
Ya que estamos en Zamora, no nos podemos ir sin probar sus carnitas. La recomendación es ir a Los Pioneros (Hidalgo Sur 221), y probar la especialidad de la casa, el “Pionero”, platillo con tocino, jamón, bistec, queso cebolla. Se sirve con una tortilla recién hecha y salsa de la casa. Todo es simplemente delicioso.
Descubre
¿Cómo llego?
Todos los días hay corridas de Guadalajara a Zamora saliendo de la Nueva Central Camionera, a través e diversas líneas. El viaje es de poco más de 2 horas.
De la Central de Autobuses de Zamora al Santuario Guadalupano se hacen 10 minutos en transporte urbano, mientras que un taxi no debe cobrar más de 30 pesos por el traslado.
Zamora ya era famosa desde hace años por ser un importante cruce de caminos entre Guadalajara y Morelia, además de tener una importante industria agrícola (de hecho, se pelea con Irapuato el nombramiento de “capital de las fresas”), además de una maravillosa gastronomía basada en sus exquisitas carnitas y los deliciosos dulces de rompope que venden en sus mercados. Pero luego de ver el Santuario Guadalupano en fotografías, el instinto viajero me empujó a conocerlo de primera mano.
Decidí emprender el viaje desde Guadalajara en camión, y fue fácil reconocer el momento en el que me acercaba a la urbe zamorana, pues en esa ciudad no hay otro edificio que llame más la atención por sus dimensiones y arquitectura.
De tamaño titánico (supera los 100 metros de altura) y dominando el horizonte de toda esta urbe michoacana, el Santuario Diocesano de Nuestra Señora de Guadalupe —como se llama oficialmente— es una de las grandes maravillas arquitectónicas que podemos encontrar en dicho Estado de la República, además de presumir de una intrincada historia llena de pasión, persistencia y fe.
Fastuoso exterior
El prodigioso uso de la cantera es algo con lo que me he topado de forma constante en mis recorridos por los Altos de Jalisco y el Bajío, además del Occidente y Norte de Michoacán. Sin embargo, lo mostrado en el Santuario Guadalupano lleva esto a niveles de maestría.
Vale la pena dedicarle un largo rato al exterior de esta construcción, pues los ricos detalles con los que está adornada su fachada lo convierten en un deleite a los ojos de quienes aprecian la arquitectura. La fachada principal, con sus vitrales y arcos ojivales son exponentes de la proeza y talento de sus constructores, quienes agregaron como detalle las estatuas de los 12 apóstoles.
Lo que más llama la atención y lo que hará que giremos muy alto la cabeza son sus torres. Sin ellas, el Santuario mediría 20 metros. Con ellas llega a los 107. Sus conos rematados en acero y cubiertos de cobre y estaño le dan un brillo muy especial, mientras que el chapitel de cruz y el pararrayos se convierten en una una corona fastuosa. Parte del cobre fue donado por los fieles.
El gigantesco atrio es sencillo y sin mayores detalles que los árboles frutales que tiene en flanco izquierdo, tres esculturas y una reja que mantiene el estilo neogótico. Es común ver a paseantes y turistas tomarse la foto.
Sobriedad absoluta
“Grande” es la palabra que mejor define el interior. Aunque es sobrio en primera instancia, el juego de luces que ofrecen los vitrales sencillamente te quitarán el aliento. Cada uno relata distintos pasajes de la Biblia, aunque también recuerdan algunos pasajes que ha vivido la religión católica en tierras mexicanas.
Otra obra de arte es el fastuoso órgano monumental, ubicado justo sobre el acceso principal. De estilo neogótico y se 22 metros de alto, fue fabricado en Alemania y tiene nombre, se llama “Misa maravillosa”.
Vale la pena caminar despacio por su interior y detenerse a observar los ricos detalles en las capillas y el altar. La mayor parte de los ornamentos fueron importados de tierras europeas e incluso de Asia, aunque claro que hay ricos elementos mexicanos, y sobre todo, fue la mano de obra local la que terminó por darle forma a un proyecto largamente anhelado.
El poder de la paciencia
¿Cuánto tiempo tomó la construcción del Santuario Guadalupano de Zamora? Basta decir que quienes concibieron el proyecto y pusieron las primeras piedras no vivieron para verla terminada.
En 1898 comenzaron los trabajos en tierras zamoranas para darle forma a la inmensa catedral estilo neogótico. Para 1914 se había acelerado el ritmo (ya se llevaba la mitad del edificio construido), pero todo tuvo una pausa abrupta con la Revolución Mexicana, que devastó buena parte del territorio michoacano.
Tras la Revolución se pensó en proseguir con la edificación, pero entonces comenzó una guerra que iba a ser mucho más dura en la región: La cristiada. El ejército se apoderó de la construcción y los planos originales se perdieron para siempre. Para este momento todo apuntaba a que el Santuario se iba a quedar en un mero sueño de quienes la concibieron, y ya hasta le habían puesto como apodo “la inconclusa”.
Pero si algo tiene la gente de esta región es persistencia. En la década de los años noventa se constituyó un patronato para terminar el edificio y poco a poco, en buena medida gracias a donaciones y rifas, se fueron haciendo con los recursos necesarios para concluir con las gigantescas torres y el interior. Finalmente, 110 años después de que se comenzó a edificar, en 2008 se dio por terminada su construcción. ¿Quién dice que no existe la fe de proporciones titánicas?
Comida
Las carnitas
Ya que estamos en Zamora, no nos podemos ir sin probar sus carnitas. La recomendación es ir a Los Pioneros (Hidalgo Sur 221), y probar la especialidad de la casa, el “Pionero”, platillo con tocino, jamón, bistec, queso cebolla. Se sirve con una tortilla recién hecha y salsa de la casa. Todo es simplemente delicioso.
Descubre
¿Cómo llego?
Todos los días hay corridas de Guadalajara a Zamora saliendo de la Nueva Central Camionera, a través e diversas líneas. El viaje es de poco más de 2 horas.
De la Central de Autobuses de Zamora al Santuario Guadalupano se hacen 10 minutos en transporte urbano, mientras que un taxi no debe cobrar más de 30 pesos por el traslado.