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¿Famoso o productivo?
Si Jesús lo hubiera permitido, no sólo se habría hecho más famoso, sino que su popularidad habría llegado más pronto a muchos lados
Las multitudes simpatizaron con Jesús la mayor parte del tiempo. Les gustaba mucho la manera en que el Maestro enseñaba, y se asombraban de los milagros que le veían hacer; eso sin contar el hecho de que miles fueron ayudados, sanados y alimentados por el Señor. Si Jesús lo hubiera permitido, no sólo se habría hecho más famoso, sino que su popularidad habría llegado más pronto a muchos lados, atrayendo más seguidores para su causa.
Esa nunca fue la línea en la que Jesús se movió; contrario a lo que muchos líderes de talla mundial han hecho, el Maestro evitaba que la gente hablara de Él, a menos que esa fuera su voluntad expresa. Con todo, el relato del evangelio nos refiere que su fama llegó a un grupo de griegos, quienes hicieron el esfuerzo por hablar con Él. No sabemos si eran prosélitos, o descendientes de griegos que vivían en Judea, o incluso griegos nativos, que viajaron desde su país atraídos por la fama de Jesús; el caso es que se acercaron a Felipe, uno de los discípulos de Jesús, y le pidieron una entrevista con su Maestro.
Felipe, un tanto indeciso acerca de lo que debía hacer, buscó una segunda opinión con Andrés. Andrés se había ganado la fama de ser un discípulo cercano a la gente, y con una sensibilidad especial para encontrar personas clave en los tiempos donde Jesús viajaba por las aldeas para predicar. Después de platicarlo, ambos acordaron consultarlo con Jesús. Ante tal petición, la respuesta del Señor quedó registrada en el relato del evangelio: Él les respondió: "Ha llegado la hora en que el Hijo del hombre va a ser glorificado. Les aseguro que si el grano de trigo que cae en la tierra no muere, queda solo; pero si muere, da mucho fruto”.
Esta es una respuesta interesante a una situación inesperada: lo usual hubiera sido que Jesús simplemente aceptara o negara tener la entrevista con los griegos, pero en cambio, aprovechó el momento para enfatizar la naturaleza y la importancia de su misión, que era morir, con el fin de que los perdidos encontraran la salvación.
Esta era un buena oportunidad para Jesús, si es que su meta hubiera sido llegar a ser famoso; sin duda que atender a esos griegos (y preferentemente hacer un milagro entre ellos), hubiera multiplicado la fama del Señor, permitiendo que se hablara favorablemente de Él en regiones que todavía no había visitado, y a las cuales sin duda quería llegar en un futuro (recordemos que una buena parte de los esfuerzos evangelísticos de Pablo se llevaron a cabo en Grecia).
El asunto es que Jesús prefirió ser productivo, en vez de ser famoso. El Maestro comparó su vida con la de un grano de trigo, que si “muere” al caer en tierra, va a producir una espiga con abundante fruto. Su anhelo no fue llegar a ser conocido por muchos, sino dar su vida por muchos, para que estos reprodujeran su manera de vivir, permitiendo así que el evangelio de la salvación llegara a todo el mundo.
Esta es una señal de los grandes hombres y mujeres de Dios, a lo largo de la historia de la iglesia cristiana: pueden o no llegar a ser famosos, pero siempre han sido productivos; a algunos les ha tocado ser conocidos por muchos, otros en cambio han vivido casi de manera anónima, pero en todos los casos su obra ha demostrado que, en su momento, todos ellos decidieron entregar sus vidas para la causa de Jesús.
Los discípulos de Jesús vivieron este proceso: durante sus primeros años en el discipulado, su interés se centraba en llegar a ser mayor que sus compañeros, y hasta tuvieron disputas para ver quién de ellos llegaría a ser el principal; pero cuando el Señor consumó su obra y los envió a predicar el evangelio a todas las naciones, pronto se olvidaron de la fama y los lugares de honor, para preferir la persecución y las cárceles, con el fin de llevar el mayor fruto posible para Jesús.
Angel Flores Rivero iglefamiliar@hotmail.com
Esa nunca fue la línea en la que Jesús se movió; contrario a lo que muchos líderes de talla mundial han hecho, el Maestro evitaba que la gente hablara de Él, a menos que esa fuera su voluntad expresa. Con todo, el relato del evangelio nos refiere que su fama llegó a un grupo de griegos, quienes hicieron el esfuerzo por hablar con Él. No sabemos si eran prosélitos, o descendientes de griegos que vivían en Judea, o incluso griegos nativos, que viajaron desde su país atraídos por la fama de Jesús; el caso es que se acercaron a Felipe, uno de los discípulos de Jesús, y le pidieron una entrevista con su Maestro.
Felipe, un tanto indeciso acerca de lo que debía hacer, buscó una segunda opinión con Andrés. Andrés se había ganado la fama de ser un discípulo cercano a la gente, y con una sensibilidad especial para encontrar personas clave en los tiempos donde Jesús viajaba por las aldeas para predicar. Después de platicarlo, ambos acordaron consultarlo con Jesús. Ante tal petición, la respuesta del Señor quedó registrada en el relato del evangelio: Él les respondió: "Ha llegado la hora en que el Hijo del hombre va a ser glorificado. Les aseguro que si el grano de trigo que cae en la tierra no muere, queda solo; pero si muere, da mucho fruto”.
Esta es una respuesta interesante a una situación inesperada: lo usual hubiera sido que Jesús simplemente aceptara o negara tener la entrevista con los griegos, pero en cambio, aprovechó el momento para enfatizar la naturaleza y la importancia de su misión, que era morir, con el fin de que los perdidos encontraran la salvación.
Esta era un buena oportunidad para Jesús, si es que su meta hubiera sido llegar a ser famoso; sin duda que atender a esos griegos (y preferentemente hacer un milagro entre ellos), hubiera multiplicado la fama del Señor, permitiendo que se hablara favorablemente de Él en regiones que todavía no había visitado, y a las cuales sin duda quería llegar en un futuro (recordemos que una buena parte de los esfuerzos evangelísticos de Pablo se llevaron a cabo en Grecia).
El asunto es que Jesús prefirió ser productivo, en vez de ser famoso. El Maestro comparó su vida con la de un grano de trigo, que si “muere” al caer en tierra, va a producir una espiga con abundante fruto. Su anhelo no fue llegar a ser conocido por muchos, sino dar su vida por muchos, para que estos reprodujeran su manera de vivir, permitiendo así que el evangelio de la salvación llegara a todo el mundo.
Esta es una señal de los grandes hombres y mujeres de Dios, a lo largo de la historia de la iglesia cristiana: pueden o no llegar a ser famosos, pero siempre han sido productivos; a algunos les ha tocado ser conocidos por muchos, otros en cambio han vivido casi de manera anónima, pero en todos los casos su obra ha demostrado que, en su momento, todos ellos decidieron entregar sus vidas para la causa de Jesús.
Los discípulos de Jesús vivieron este proceso: durante sus primeros años en el discipulado, su interés se centraba en llegar a ser mayor que sus compañeros, y hasta tuvieron disputas para ver quién de ellos llegaría a ser el principal; pero cuando el Señor consumó su obra y los envió a predicar el evangelio a todas las naciones, pronto se olvidaron de la fama y los lugares de honor, para preferir la persecución y las cárceles, con el fin de llevar el mayor fruto posible para Jesús.
Angel Flores Rivero iglefamiliar@hotmail.com