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Fábrica de sueños
Es difícil resistirse a la forma del nuevo Camaro, que produce tantas reacciones que llega a ser casi un fenómeno social
Mis ojos apenas podían creer lo que veían. Estaba parado en el semáforo, a las 11 del día, en plena avenida Hidalgo. Media cuadra adelante, la muchacha que cruzaba la calle volteó, vio el Camaro amarillo y comenzó a bailar. En plena avenida. Los brazos hacia arriba formaban un arco, mientras ella giraba sobre su propio eje. En ese momento, no era ella misma, era Mikaela Banes, el personaje interpretado por Megan Fox. Y no bailaba para el Camaro, sino para Bumblebee, el robot que se transforma en auto, de la película Transformers. No sé si el poder de generar ese tipo de reacciones espontáneas venga del cine o del coche. Probablemente de ambos. El hecho es que esto nunca me había pasado, en más de 12 años de probar autos. Y se siente bien. Muy bien.
Hace pocas semanas, tuvimos a prueba el Camaro V6. El que haya leído lo que escribimos entonces sabrá que lo consideramos un gran coche. Ya volveremos a explicar por qué más adelante. El problema es que aquél Camaro es sólo un auto bonito más, porque “vestido” de negro, escondía lo más fuerte que tiene: sus formas. Ahora que nos llegó el SS, con un V8 bajo el cofre, de por si suficiente para generar más entusiasmo, el Camaro vino vestido de amarillo. Mejor dicho, llegó en su traje de Bumblebee. Y con ello, generó no sólo aún más admiración, se volvió una verdadera fábrica de sueños a su paso.
Las miradas de todos en la calle son sólo un poco de lo que el Camaro es capaz de hacer por sus ocupantes. Porque es también un auto que cumple lo que el diseño promete: emoción. Más aún con la máquina de ocho cilindros, que podrá producir escalofríos en los fanáticos del medio ambiente, pero a los amantes de los buenos autos, entre los que nos encontramos, lo que provoca es pasión. Y ésta comienza al escuchar el magnífico sonido sordo que sale del escape al girar la llave. Pise fuerte el acelerador y, de nuevo, el Camaro hace lo que le dijo que haría. En 6.7 segundos ya estaba a 100 km/h. En menos de 15 segundos rebasó el cuarto de milla. Y esto que estamos hablando de un auto con caja automática y de una prueba hecha a 1,560 metros sobre el nivel medio del mar, donde se pierde casi 20 por ciento de la potencia. ¿Frenado? 36 metros desde los 100 km/h. Esto es territorio antes reservado a autos del nivel de un Porsche.
El tren motor del Camaro es sobresaliente. La máquina V8 de 6.2 litros, que genera 426 caballos de fuerza, se acopla perfectamente con la caja de cambios automática de seis velocidades. ¿Le suena el conjunto? Claro, también se usa en otro súper-atleta de Chevrolet, el Corvette.
Es cierto que el auto tiene sus lados no muy positivos. El interior, por ejemplo, tiene plásticos que podrían ser mucho mejores y que, de hecho, esperábamos que fueran mejores, dado lo más reciente que hemos visto en GM. La visibilidad es extremadamente pobre, en todos los ángulos, aún más hacia atrás. Y la suspensión puede parecer algo rígida para los no muy adeptos a los vehículos deportivos, como pueden ser… ehhhh… las esposas, por ejemplo.
Es también algo sobredimensionado. Se siente grande, lo que junto con su mala visibilidad, le quita agilidad en tramos urbanos y en carreteras vecinales. Como es también pesado, la sensación de estar al mando de un muy rápido tanque de guerra está presente todo el tiempo.
Pero cada vez que lo miramos, todo lo negativo se nos olvida. A cada sonrisa que el auto le saca a un niño, o a una muchacha, queremos un poco más a este coche que representa una palpable esperanza de renacimiento para General Motors, junto con autos como el Volt o el Cruze. Pero esa ya es otra historia.
Luego de haber conducido a dos de las tres versiones del Camaro, la V6 y el V8 automático, pensamos que el de seis cilindros tiene una maravillosa relación entre precio y valor.
Personalmente, hubiéramos elegido esta. Pero no hay que olvidar que el desempeño brillante del V8 automático, junto con la fascinación del diminuto pero fundamental letrero SS en la parrilla frontal, son argumentos tan poderosos como el desempeño del Camaro. Nos queda claro que no sólo es el mejor de los tres “pony car” del mercado, junto con Challenger y Mustang, también es el más atractivo y la única verdadera alternativa, entre esos tres, que funciona magníficamente con sólo seis cilindros.
Sea cual sea el Camaro que se compre, hay sólo una condición: que sea amarillo. Porque en este auto, éste es el color correcto, el de ensueño, el traje de estrella de cine, el que hace que la gente baile delante de él. Si fuera tan sólo por haber vivido esa experiencia descrita en el primer párrafo de este texto, el Camaro ya sería un auto inolvidable. Pero las alegrías que él produce al que lo conduce, no vienen sólo de la reacción de los demás, viene también de la sonrisa que nos proporciona, tal vez involuntariamente, su desempeño. No hay muchos coches en el mercado capaces de hacerlo.
Bienvenido a México, Camaro. ¿O debería decir, Bumblebee?
Ficha Técnica
Chevrolet Camaro SS 2010
Motor: Frontal longitudinal; ocho cilindros en V; 6.2 litros de desplazamiento; DOHC; 16 válvulas; con inyección electrónica de combustible secuencial multipunto. Potencia: 426 cv @ 5,900 rpm / Torque: 410 libras-pie @ 4,300 rpm.
Tracción: Trasera.
Transmisión: Automática de seis velocidades (6+R) con modo manual.
Suspensión: Delantera – Independiente, de tipo McPherson, con resortes helicoidales y barra estabilizadora. Trasera – Independiente, de 4.5 eslabones, con resortes helicoidales y barra estabilizadora.
Frenos: De discos ventilados en las cuatro ruedas, con sistema de frenos Brembo de alto desempeño con cuatro pistones y sistema antibloqueo (ABS).
Dirección: De piñón y cremallera, con asistencia variable.
Dimensiones y capacidades:
Largo / Ancho / Alto (mm)
4,836 / 1,918 / 1,377
Distancia entre ejes: 2,852 mm
Peso: 1,775 kilogramos.
Tanque- 72 litros.
Cajuela- 320 litros.
Precio: 510 mil pesos
Resultados de la prueba realizada en el Autódromo Guadalajara:
Aceleración 0 a 100 km/h en 6.72 segundos
Frenado de 100 km/h a 0 en 36 metros
Cuarto de milla en 14.45 segundos a 144.8 km/h
Velocidad máxima observada: 230 km/h
Sergio Oliveira
Hace pocas semanas, tuvimos a prueba el Camaro V6. El que haya leído lo que escribimos entonces sabrá que lo consideramos un gran coche. Ya volveremos a explicar por qué más adelante. El problema es que aquél Camaro es sólo un auto bonito más, porque “vestido” de negro, escondía lo más fuerte que tiene: sus formas. Ahora que nos llegó el SS, con un V8 bajo el cofre, de por si suficiente para generar más entusiasmo, el Camaro vino vestido de amarillo. Mejor dicho, llegó en su traje de Bumblebee. Y con ello, generó no sólo aún más admiración, se volvió una verdadera fábrica de sueños a su paso.
Las miradas de todos en la calle son sólo un poco de lo que el Camaro es capaz de hacer por sus ocupantes. Porque es también un auto que cumple lo que el diseño promete: emoción. Más aún con la máquina de ocho cilindros, que podrá producir escalofríos en los fanáticos del medio ambiente, pero a los amantes de los buenos autos, entre los que nos encontramos, lo que provoca es pasión. Y ésta comienza al escuchar el magnífico sonido sordo que sale del escape al girar la llave. Pise fuerte el acelerador y, de nuevo, el Camaro hace lo que le dijo que haría. En 6.7 segundos ya estaba a 100 km/h. En menos de 15 segundos rebasó el cuarto de milla. Y esto que estamos hablando de un auto con caja automática y de una prueba hecha a 1,560 metros sobre el nivel medio del mar, donde se pierde casi 20 por ciento de la potencia. ¿Frenado? 36 metros desde los 100 km/h. Esto es territorio antes reservado a autos del nivel de un Porsche.
El tren motor del Camaro es sobresaliente. La máquina V8 de 6.2 litros, que genera 426 caballos de fuerza, se acopla perfectamente con la caja de cambios automática de seis velocidades. ¿Le suena el conjunto? Claro, también se usa en otro súper-atleta de Chevrolet, el Corvette.
Es cierto que el auto tiene sus lados no muy positivos. El interior, por ejemplo, tiene plásticos que podrían ser mucho mejores y que, de hecho, esperábamos que fueran mejores, dado lo más reciente que hemos visto en GM. La visibilidad es extremadamente pobre, en todos los ángulos, aún más hacia atrás. Y la suspensión puede parecer algo rígida para los no muy adeptos a los vehículos deportivos, como pueden ser… ehhhh… las esposas, por ejemplo.
Es también algo sobredimensionado. Se siente grande, lo que junto con su mala visibilidad, le quita agilidad en tramos urbanos y en carreteras vecinales. Como es también pesado, la sensación de estar al mando de un muy rápido tanque de guerra está presente todo el tiempo.
Pero cada vez que lo miramos, todo lo negativo se nos olvida. A cada sonrisa que el auto le saca a un niño, o a una muchacha, queremos un poco más a este coche que representa una palpable esperanza de renacimiento para General Motors, junto con autos como el Volt o el Cruze. Pero esa ya es otra historia.
Luego de haber conducido a dos de las tres versiones del Camaro, la V6 y el V8 automático, pensamos que el de seis cilindros tiene una maravillosa relación entre precio y valor.
Personalmente, hubiéramos elegido esta. Pero no hay que olvidar que el desempeño brillante del V8 automático, junto con la fascinación del diminuto pero fundamental letrero SS en la parrilla frontal, son argumentos tan poderosos como el desempeño del Camaro. Nos queda claro que no sólo es el mejor de los tres “pony car” del mercado, junto con Challenger y Mustang, también es el más atractivo y la única verdadera alternativa, entre esos tres, que funciona magníficamente con sólo seis cilindros.
Sea cual sea el Camaro que se compre, hay sólo una condición: que sea amarillo. Porque en este auto, éste es el color correcto, el de ensueño, el traje de estrella de cine, el que hace que la gente baile delante de él. Si fuera tan sólo por haber vivido esa experiencia descrita en el primer párrafo de este texto, el Camaro ya sería un auto inolvidable. Pero las alegrías que él produce al que lo conduce, no vienen sólo de la reacción de los demás, viene también de la sonrisa que nos proporciona, tal vez involuntariamente, su desempeño. No hay muchos coches en el mercado capaces de hacerlo.
Bienvenido a México, Camaro. ¿O debería decir, Bumblebee?
Ficha Técnica
Chevrolet Camaro SS 2010
Motor: Frontal longitudinal; ocho cilindros en V; 6.2 litros de desplazamiento; DOHC; 16 válvulas; con inyección electrónica de combustible secuencial multipunto. Potencia: 426 cv @ 5,900 rpm / Torque: 410 libras-pie @ 4,300 rpm.
Tracción: Trasera.
Transmisión: Automática de seis velocidades (6+R) con modo manual.
Suspensión: Delantera – Independiente, de tipo McPherson, con resortes helicoidales y barra estabilizadora. Trasera – Independiente, de 4.5 eslabones, con resortes helicoidales y barra estabilizadora.
Frenos: De discos ventilados en las cuatro ruedas, con sistema de frenos Brembo de alto desempeño con cuatro pistones y sistema antibloqueo (ABS).
Dirección: De piñón y cremallera, con asistencia variable.
Dimensiones y capacidades:
Largo / Ancho / Alto (mm)
4,836 / 1,918 / 1,377
Distancia entre ejes: 2,852 mm
Peso: 1,775 kilogramos.
Tanque- 72 litros.
Cajuela- 320 litros.
Precio: 510 mil pesos
Resultados de la prueba realizada en el Autódromo Guadalajara:
Aceleración 0 a 100 km/h en 6.72 segundos
Frenado de 100 km/h a 0 en 36 metros
Cuarto de milla en 14.45 segundos a 144.8 km/h
Velocidad máxima observada: 230 km/h
Sergio Oliveira