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Espiritualidad para el hombre y la mujer del siglo XXI
Investigaciones muestran que los jóvenes conciben la espiritualidad en expresiones de “conductas, sentimientos y relaciones positivos”
Estos primeros diez años del siglo XXI han atestiguado una serie de cambios en diversos órdenes de la vida cotidiana. La impresión general, de acuerdo con lo que escuchamos en las conversaciones y los noticieros, es que nos encontramos en una profunda crisis de valores, de seguridad política, financiera, etc. La juventud parece encontrarse en situaciones en las que la soledad, el aburrimiento, la prisa por vivir, la llevan a experimentar con cosas como algohol, drogas y descargas de adrenalina. Aunado a esto, la necesidad --a veces irracional-- de bienes materiales, especialmente “de marca”, los impulsa a conductas y actitudes desvalorizantes que, lejos de proporcionar satisfacción a sus necesidades creadas, los sumerjen en un círculo vicioso que produce más vaciedad, estrés, angustia y depresión.
Mas no todos los jóvenes --y personas no tan jóvenes-- se encuentran en situaciones extremas. Muchísimas personas han encontrado satisfactores que les proporcionan bienestar físico, emocional y personal, y como consecuencia, plenitud y felicidad.
Un estudio realizado en la Universidad de Missouri por Anthony James con un grupo de adolescentes, tuvo como objetivo determinar el impacto de la espiritualidad en el desarrollo positivo de los jóvenes, incluso en su autoestima y sus comportamientos pro-sociales, así como en la reducción de comportamientos negativos o de riesgo.
Hasta el momento, los resultados muestran que los jóvenes conciben la espiritualidad en expresiones de “conductas, sentimientos y relaciones positivos”. El estudio muestra que los participantes describen el comportamiento espiritual en términos de seis categorías, relacionadas con el desarrollo personal y social. Para ellos, la vida espiritual englobaría: tener un propósito; mantener vínculos, incluidos aquellos que se establecen con un poder superior --normalmente Dios--, con otras personas y con la naturaleza; tener una base de bienestar que incluya la alegría y la plenitud, la energía y la paz; tener convicción; tener autoconfianza, y tener el impulso de la virtud; por ejemplo, estar motivado para hacer lo correcto y decir la verdad.
Algo que me cuestiona es: ¿en nuestro país no se realizan estudios semejantes? Si alguno de mis amables lectores sabe de algo así en nuestro país, le agradeceré infinitamente que me lo haga saber.
En sí, la espiritualidad, considerada como un sistema interno de creencias, produce el sentimiento de vivir con un sentido, estimula la esperanza, proporciona autoestima, refuerza las normas sociales positivas y proporciona una red social de apoyo, todos ellos elementos que mejoran el bienestar personal.
Por otro lado, si todos los estudios sociológicos, psicológicos y neurocientíficos relacionados con el tema, y toda corriente filosófica, muestran indefectiblemente que la espiritualidad es el camino más corto y seguro hacia la plenitud, ¿por qué mucha gente se empeña en contrariar la naturaleza humana? Probablemente porque la vida espiritual implica un fuerte compromiso y un hacer de lado lo que dictadores de normas sociales han establecido como bueno. Y, ¿es así realmente? Y si no, ¿qué es y en qué consiste exactamente la espiritualidad?
La espiritualidad, y en consecuencia la vida espiritual, se puede entender desde dos ópticas diferentes, pero complementarias y convergentes: la secular y la religiosa. Desde el punto de vista de la primera, espiritualidad se entiende como el uso que hace el individuo de un conjunto de pensamientos, conceptos,ideas, ritos y actitudes, a través de los cuales se materializa una sociedad. La segunda, enmarcada en la fe católica, significa una forma de responder, por la gracia, a la llamada de Cristo a ser sus discípulos, lo cual requiere conversión, un cambio de actitudes y conductas a favor de una vida nueva, acorde con los valores evangélicos.
Es posible que para muchos, este último concepto de espiritualidad sea la causa del rechazo, pues por ignorancia del significado de las verdades del Evangelio, se confunden sus fines y propósitos, por lo que es fácil descartarla, pues la persona espiritual puede estigmatizarse como “mocha”, “rezandera”, “dogmática”, “cerrada” y un largo etcétera. El problema es que en algunos pocos casos tienen razón, pero en todos los demás se trata solamente de una desafortunada confusión. Para todo fin práctico, la espiritualidad es, simplemente, una forma o estilo de vida, el cual se puede ajustar al criterio secular o al religioso. En los siguientes artículos de esta serie analizaremos con detalle ambas posturas, para decidir cuál de los dos caminos tomar. Que el Señor nos bendiga y nos guarde.
Antonio Lara Barragán Gómez OFS
Escuela de Ingeniería Industrial
Universidad Panamericana
Campus Guadalajara
alara@up.edu.mx
Mas no todos los jóvenes --y personas no tan jóvenes-- se encuentran en situaciones extremas. Muchísimas personas han encontrado satisfactores que les proporcionan bienestar físico, emocional y personal, y como consecuencia, plenitud y felicidad.
Un estudio realizado en la Universidad de Missouri por Anthony James con un grupo de adolescentes, tuvo como objetivo determinar el impacto de la espiritualidad en el desarrollo positivo de los jóvenes, incluso en su autoestima y sus comportamientos pro-sociales, así como en la reducción de comportamientos negativos o de riesgo.
Hasta el momento, los resultados muestran que los jóvenes conciben la espiritualidad en expresiones de “conductas, sentimientos y relaciones positivos”. El estudio muestra que los participantes describen el comportamiento espiritual en términos de seis categorías, relacionadas con el desarrollo personal y social. Para ellos, la vida espiritual englobaría: tener un propósito; mantener vínculos, incluidos aquellos que se establecen con un poder superior --normalmente Dios--, con otras personas y con la naturaleza; tener una base de bienestar que incluya la alegría y la plenitud, la energía y la paz; tener convicción; tener autoconfianza, y tener el impulso de la virtud; por ejemplo, estar motivado para hacer lo correcto y decir la verdad.
Algo que me cuestiona es: ¿en nuestro país no se realizan estudios semejantes? Si alguno de mis amables lectores sabe de algo así en nuestro país, le agradeceré infinitamente que me lo haga saber.
En sí, la espiritualidad, considerada como un sistema interno de creencias, produce el sentimiento de vivir con un sentido, estimula la esperanza, proporciona autoestima, refuerza las normas sociales positivas y proporciona una red social de apoyo, todos ellos elementos que mejoran el bienestar personal.
Por otro lado, si todos los estudios sociológicos, psicológicos y neurocientíficos relacionados con el tema, y toda corriente filosófica, muestran indefectiblemente que la espiritualidad es el camino más corto y seguro hacia la plenitud, ¿por qué mucha gente se empeña en contrariar la naturaleza humana? Probablemente porque la vida espiritual implica un fuerte compromiso y un hacer de lado lo que dictadores de normas sociales han establecido como bueno. Y, ¿es así realmente? Y si no, ¿qué es y en qué consiste exactamente la espiritualidad?
La espiritualidad, y en consecuencia la vida espiritual, se puede entender desde dos ópticas diferentes, pero complementarias y convergentes: la secular y la religiosa. Desde el punto de vista de la primera, espiritualidad se entiende como el uso que hace el individuo de un conjunto de pensamientos, conceptos,ideas, ritos y actitudes, a través de los cuales se materializa una sociedad. La segunda, enmarcada en la fe católica, significa una forma de responder, por la gracia, a la llamada de Cristo a ser sus discípulos, lo cual requiere conversión, un cambio de actitudes y conductas a favor de una vida nueva, acorde con los valores evangélicos.
Es posible que para muchos, este último concepto de espiritualidad sea la causa del rechazo, pues por ignorancia del significado de las verdades del Evangelio, se confunden sus fines y propósitos, por lo que es fácil descartarla, pues la persona espiritual puede estigmatizarse como “mocha”, “rezandera”, “dogmática”, “cerrada” y un largo etcétera. El problema es que en algunos pocos casos tienen razón, pero en todos los demás se trata solamente de una desafortunada confusión. Para todo fin práctico, la espiritualidad es, simplemente, una forma o estilo de vida, el cual se puede ajustar al criterio secular o al religioso. En los siguientes artículos de esta serie analizaremos con detalle ambas posturas, para decidir cuál de los dos caminos tomar. Que el Señor nos bendiga y nos guarde.
Antonio Lara Barragán Gómez OFS
Escuela de Ingeniería Industrial
Universidad Panamericana
Campus Guadalajara
alara@up.edu.mx