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'Escribí porque tenía necesidad de escribir cosas'

Fernando Del Paso. Premio Cervantes 2015, nos abre las puertas de su casa, un peculiar museo que retrata a uno de los autores consetidos de esta ciudad

GUADALAJARA, JALISCO (15/NOV/2015).- La casa de Fernando del Paso es como un museo de cosas, porque igual se pueden ver en la cochera plantas bellísimas y extrañas que se desbordan de macetas colgantes, que bolas, bolitas y bolotas de cristal sobre la mesa de centro de la sala, y en las paredes cuadros grandes y chiquitos, la mayoría hechos por el autor de “Palinuro de México”, así como platos con paisajes en los que probablemente sería un pecado comer mole.

Éste —sin duda— sería un paraíso para los niños; una invitación a tomar en las manos todas y cada una de las figuritas, tocar los cuadros como tratando de adivinar la técnica empleada o simplemente por el gusto de ver qué se siente pasar la mano sobre las líneas y colores; y luego, sacar y hojear los libros que se encuentran al ingreso de la casa, en ese pequeño recibidor donde una especie de diván te llama y te susurra: “Ven… acuéstate aquí”, o bien, levantar y explorar los galardones que llenan una mesa al ingreso a la casa.

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Fernando del Paso está en la sala; es viernes, apenas ha pasado un día desde que se convirtió en el sexto mexicano en ser galardonado con el Premio Cervantes que le reconoce su trayectoria y esa sensibilidad para combinar tradición y modernidad en sus obras. El teléfono no ha parado de sonar, entre felicitaciones y breves entrevistas sobre lo que esto le ha significado el autor descansa a medias, pero al menos asegura que ha tenido una buena noche tras la noticia.

“Ha venido mucha gente”, dice María, que trabaja desde hace más de dos décadas con la familia Del Paso. “El muchacho de la camisa roja (se refiere al fotógrafo de EFE) vino ayer desde temprano y estuvo aquí toda la mañana hasta que nos fuimos al homenaje”.

Mientras cuenta esto, el autor de “José Trigo” —novela que en 2016 celebrará medio siglo de haberse publicado— posa para la cámara: se sienta en el respaldo de uno de los sillones de la sala y luego va al jardín para descansar en un columpio mientras el fotógrafo busca el mejor ángulo.

“Ya casi está listo”, dice Lupita, la enfermera de Fernando del Paso que lo lleva de aquí a allá y prácticamente se ha convertido en su agente de relaciones públicas. “Después de usted ya sólo tendrá dos entrevistas más por teléfono y luego de que descanse un poco nos vamos”.

Fotógrafo, camarógrafo y reporteros (dos) se despiden del escritor. Lupita lo lleva al sillón individual para que pueda reposar las piernas sobre el banco que se encuentra frente a éste.

“¿Está cansado maestro?”, le pregunto temiendo que diga que sí y que ya no puede más. “Un poco”, responde, pero lo mejor es atestar las preguntas para que no se arrepienta de la cita pactada.

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Lo ha dicho ya mil veces —o quizá tan sólo una centena—: el premio le ha puesto feliz, se siente revitalizado, magnífico. Ni siquiera tendría que decirlo: sus mejillas están arriba como globos sosteniendo una línea curva… es su boca que sonríe.

—Este es un premio muy grande, pero en realidad ¿sí hay premios grandes y premios chiquitos? Es decir, ¿éste sí es “EL” premio que le cambia su perspectiva?

—No hay que olvidar que el idioma español se originó en España, nos fue impuesto a nivel latinoamericano, hasta tal punto que es nuestro también ya, tan nuestro como de ellos. Entonces el hecho de que la llamada Madre Patria España, a quien amo mucho yo, se preocupe de lo que está pasando con su lengua en otros países, en los países que hace siglos conquistó, es muy conmovedor, muy emocionante.

Con el Premio Cervantes que le será entregado al escritor en abril del próximo año, Fernando del Paso tendrá que hacer un espacio en su mesa de trofeos. Además de este galardón, tiene en su haber los premios Xavier Villaurrutia (1966), Rómulo Gallegos (1982), Mazatlán de Literatura (1988), Nacional de Ciencia y Artes de México (1991) y el Internacional Alfonso Reyes, así como otros reconocimientos de diversos festivales y asociaciones literarias, de lectores y libreras en el ámbito nacional.

—¿Se puede decir entonces que usted sí es profeta en su tierra?

—No lo sé francamente, ni escribí con esa intención tampoco. Escribí porque tenía necesidad de escribir cosas, de contarlas, pero de ahí a que quisiera ser profeta en mi tierra es una larga distancia.

Del Paso recuerda que antes de decidirse por ser escritor, fue pintor. En el año 2000 expuso una amplia selección de rostros en el Instituto Cultural Cabañas, pero también su obra fue llevada a espacios más abiertos, como una iniciativa de hace algunos años que exhibía arte en los centros comerciales.

“Creo que uno nace con esa facilidad o esas vocaciones, yo quise ser desde niño dibujante o pintor, pero en el óleo fracasé, entonces lo dejé, y tenía ganas de escribir también; conocí a James Joyce, a William Faulkner, a otros autores muy importantes y un poeta español, Miguel Hernández, autor del libro ‘El rayo que no cesa’, quien detonó de plano mi vocación como escritor”.

También Del Paso comparte que nació con la vocación de lector, profesión que ha desarrollado con ahínco: “Yo leía mucho, desde niño. Aprendí a leer en el kindergarden, ya me urgía que mi papá no me leyera los monitos de cada domingo”.

En aquellos primeros años, recuerda el autor de “Noticias del Imperio”, se encontró con historias de Julio Verne y Alejandro Dumas, y de entonces a la fecha ha recorrido escritores de todos los confines del mundo, “rusos, ingleses, norteamericanos, latinoamericanos, es difícil que yo diga ‘éste es mi autor’”.

Pero el escritor no sabe a ciencia cierta cómo incidir en que los niños se acerquen a la lectura, él nació con ese gusto y su padre también se ocupó de que lo mantuviera, y aunque reconocer que “gobiernos hacen un verdadero esfuerzo por aumentar el nivel de lectura”, también sabe que hay una serie de factores que hacen que la lectura no sea tan popular como lo son otras cosas, a pesar de que la encuesta de lectura que recién ha presentado el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta), asegure que en México se leen 5.3 libros al año.

“Creo que el hecho (el bajo nivel de lectura) no es mexicano en exclusiva, sino que se repite y se sucede en muchos países de América y Europa; la gente en general lee poco, además está tan ametrallada por la televisión, y las redes sociales la tienen muy ocupada, muy entretenida, que se ha abandonado bastante la lectura”, afirma el autor.

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Pero para aquellos que sí leen y se interesan por obras de calidad, Fernando del Paso les tiene más de su pluma: una selección de ensayos. “El primer tomo apareció en el Fondo de Cultura Económica, es un ensayo muy largo, histórico, una serie de ensayos sobre el islam y el judaísmo, precedido todo el libro por una frase que dice: ‘El contenido de este libro no es lo que yo quiero enseñar, es lo que yo quería aprender’, porque ésa es la verdad y sigo muy interesado en el tema, no lo he terminado, hay un segundo y tercer volumen”.

Sobre la posibilidad de regresar a la novela con un fragmento de la historia actual del país, Fernando del Paso no abre la puerta —tampoco la cierra—: “Yo creo que hay material más que suficiente, aunque elegí yo tres acontecimientos fundamentales y sobre todo en la tercera novela uno de los episodios más significativos, surrealistas, extraordinarios que ha tenido la historia de México, pero creo que hay mucho qué decir todavía.

SABER MÁS
Su gusto es...


  • Fernando del Paso asegura que es como cualquier mortal;el hecho de que sea uno de los autores más importantes de México no lo ha hecho perder piso: “Tenemos los pies en suelo”, advierte refiriéndose a sí mismo y a otros grandes intelectuales del país.
  • Tan terrenal es, que le gusta —como a toda persona— las buenas historias en cualquier formato: “Con tal de que esté muy bien hecho, me gustan algunas películas de terror, algunas de ‘science fiction’, algunas que suceden en Egipto o actualmente, las de contenido histórico, una comedia, una película romántica bien hecha...”.

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