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Entre cuarentones y veinteañeros
De Quino a Trino
¡Mecachis! Era una expresión típica de los personajes de Mafalda cuando algo no les resultaba… Para variar, es muy probable que los veinteañeros no tengan muy claro quién es Mafalda a pesar de usar camisetas y llaveros con su imagen, si por casualidad algunos de ellos saben que se trata de un personaje de una tira cómica escrita por Quino -este maravilloso caricaturista argentino-, me da la impresión que difícilmente conocen a los protagonistas. Reconozco que circularon antes de su nacimiento, pero ellos deben reconocer que leer es algo difícil de encontrar entre sus hábitos y costumbres.
En el caso que tenga razón, entonces les cuento que Mafalda era una niñita bonaerense que odiaba la sopa y adoraba a los Beatles, vivía preocupada por la salud del planeta y hacía cuestionamientos tan severos a sus padres que en muchas ocasiones terminaron en la farmacia comprando “Nervo calm” para reponerse de la impresión, a su lado, aparecían personajes por demás simpáticos: Felipito que vivía preocupado por hacer la tarea pero eternamente embelesado con las historias del Llanero solitario; Manolito, que era un bruto en la escuela pero a la vez, un exitoso empresario en ciernes que atendía a los clientes de la tienda de su padre desde un cajón del mostrador dada su pequeña estatura; Susanita, permanentemente preocupada por tener muchos hijitos; Guille, el menor de todos, precoz y sagaz hasta la pared de enfrente; Miguelito y Libertad, no tan protagónicos como los demás, pero no por ello, menos divertidos.
Esta horda de “pibes” argentinos, nos resultaron por demás entretenidos en nuestra temprana juventud, seguimos con atención sus aventuras por una década hasta su extinción, con la que el autor consiguió, sin duda, un merecido lugar en la posteridad. Quino es hoy tan vigente como el día que escribió el último capítulo de Mafalda, para nuestra fortuna, al poco tiempo que desapareció Mafalda aparecieron los personajes de un monero local, así cambiamos de Quino a Trino.
“¡Chaaale!”, exclaman con frecuencia los personajes de Trino, algunos de ellos, tienen apodos muy similares a los de nuestros amigos, “El armadillo” le dicen a un jorobado, “El tamal” a un gordo o “El canicón” a un perezoso; sus tiras cómicas están llenas de expresiones que escuchamos cotidianamente en nuestra ciudad: dicen “edá”, “se echan un coyotito”, al primer descuido le “piñan” la cartera a alguien y cada rato se andan “cajiando” con la propiedad ajena.
Consumen “chocotorros” y “popotes de chile”, toman chocolate “Paquín”, mastican chicles “bombero”, usan cuadernos “zorrito”, juegan “espirol” o cargan un “hombre de acción” en la mochila, leen la revista “Pirulete” y entonan canciones consignadas en el célebre “Cancionero Picot”. Nos tiene “botados” de la risa hace 20 años, con chistes tan, pero tan locales, que quizá por ello, su productor se ha convertido en un personaje universal por sí mismo, quién sabe de dónde saque tanta “ocurrencia” este carismático tapatío. ¿Será que es cuarentón?
En el caso que tenga razón, entonces les cuento que Mafalda era una niñita bonaerense que odiaba la sopa y adoraba a los Beatles, vivía preocupada por la salud del planeta y hacía cuestionamientos tan severos a sus padres que en muchas ocasiones terminaron en la farmacia comprando “Nervo calm” para reponerse de la impresión, a su lado, aparecían personajes por demás simpáticos: Felipito que vivía preocupado por hacer la tarea pero eternamente embelesado con las historias del Llanero solitario; Manolito, que era un bruto en la escuela pero a la vez, un exitoso empresario en ciernes que atendía a los clientes de la tienda de su padre desde un cajón del mostrador dada su pequeña estatura; Susanita, permanentemente preocupada por tener muchos hijitos; Guille, el menor de todos, precoz y sagaz hasta la pared de enfrente; Miguelito y Libertad, no tan protagónicos como los demás, pero no por ello, menos divertidos.
Esta horda de “pibes” argentinos, nos resultaron por demás entretenidos en nuestra temprana juventud, seguimos con atención sus aventuras por una década hasta su extinción, con la que el autor consiguió, sin duda, un merecido lugar en la posteridad. Quino es hoy tan vigente como el día que escribió el último capítulo de Mafalda, para nuestra fortuna, al poco tiempo que desapareció Mafalda aparecieron los personajes de un monero local, así cambiamos de Quino a Trino.
“¡Chaaale!”, exclaman con frecuencia los personajes de Trino, algunos de ellos, tienen apodos muy similares a los de nuestros amigos, “El armadillo” le dicen a un jorobado, “El tamal” a un gordo o “El canicón” a un perezoso; sus tiras cómicas están llenas de expresiones que escuchamos cotidianamente en nuestra ciudad: dicen “edá”, “se echan un coyotito”, al primer descuido le “piñan” la cartera a alguien y cada rato se andan “cajiando” con la propiedad ajena.
Consumen “chocotorros” y “popotes de chile”, toman chocolate “Paquín”, mastican chicles “bombero”, usan cuadernos “zorrito”, juegan “espirol” o cargan un “hombre de acción” en la mochila, leen la revista “Pirulete” y entonan canciones consignadas en el célebre “Cancionero Picot”. Nos tiene “botados” de la risa hace 20 años, con chistes tan, pero tan locales, que quizá por ello, su productor se ha convertido en un personaje universal por sí mismo, quién sabe de dónde saque tanta “ocurrencia” este carismático tapatío. ¿Será que es cuarentón?