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En marcha a La Piedad

Enclavada en el cruce entre Michoacán, Jalisco y Guanajuato, la ciudad se levanta como una de las rutas comerciales y de fe más importantes

GUADALAJARA, JALISCO (03/JUL/2016).- El bullicio de la ciudad, los olores del mercado de su primer cuadro, la plática animada de su gente. Todo desaparece y se vuelve invisible cuando aparece ante ti. Es el Santuario de La Piedad. Obra maestra de la arquitectura para algunos. Centro de profunda fe para otros. Para todos, una mole de cantera que hace que todo a su alrededor luzca pequeño.

En un Estado como Michoacán, donde cada municipio levanta la mano para presumirle al mundo su belleza y tradición, hay algunos puntos que tienen ese “algo” que va más allá de lo especial. Y uno de esos espacios es La Piedad. De arquitectura majestuosa y eterno ajetreo, es una ciudad que llena los sentidos.

Lo primero que llama la atención es que se levanta justo en donde la frontera michoacana se toca con Jalisco y Guanajuato, lo que le otorga a la urbe un movimiento perpetuo. El corazón de la ciudad no conoce descanso ante el ir y venir de los comerciantes, aunque siempre es una delicia sentarse en su Kiosko de cantera y disfrutar de una nieve o una botana, mientras el aire se llena de conversaciones.

El turismo de negocios y su excelente conexión con los Estados vecinos ha beneficiado a La Piedad, que cuenta con una interesante oferta hotelera. Pero ojo, la mayor parte de estos recintos está enfocado al viajero ejecutivo, que exige comodidad. Algunas de las recomendaciones para quedarse en la urbe michoacana son el Holiday Inn La Piedad (Km. 2.5 Carr. La Piedad-Guadalajara) o el Mirage (Lázaro Cárdenas 808).

Pero si hay un turismo que ha impulsado a la ciudad por encima del ejecutivo, es el religioso.

No vamos a tapar el Sol con un dedo: Los últimos años no han sido sencillos para Michoacán en materia turística. Cuestiones de seguridad han causaron que muchos viajeros modificaran o de plano decidieran cancelar sus rutas de tránsito por el Estado. Las cosas han mejorado por estas fechas, y poco a poco regresa la confianza, pero si hay un visitante que jamás ha dejado de estar presente en la entidad, es el que acude por motivos religiosos.

El Santuario del Señor de La Piedad, construido entre 1741 y 1750, ha aglutinado durante más dedos siglos a los devotos del Occidente del país. La gigantesca cúpula del recinto -la más grande de América Latina, según los nativos de esta ciudad-, crea un impresionante juego de luces en el interior.

La cacofonía que impera en el exterior del templo desaparece por completo al ingresar a su nave interior. El silencio que reina se posa en el alma y despierta a la reflexión. A los pies del Cristo que domina las paredes de mármol del santuario, todo desaparece y se vuelve invisible. En en ese ambiente de fe que la piedad se anida en el corazón de los viajeros.

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