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En cuerpo y alma
El Padre te llamó desde la eternidad a engendrarlo y traerlo al mundo
Quiero alabarte, santísima María,
a ti, que eres del Padre elegida,
para darle,como hombre, la vida,
al Verbo que en Dios ya existía.
El Padre te llamó desde la eternidad
a engendrarlo y traerlo al mundo
¡oh misterio tan grande y profundo!
quiso vivir en medio de la humanidad.
Entonces su “sí”, gozosa pronunciaste
y con él, para el mundo traerías
al Salvador, al que siempre cuidarías
con todo tu amor, y a ello te entregaste.
Tú, la discípula por excelencia,
obediente a Dios sin condición,
lo recibiste desde su concepción,
con tu total y maternal complacencia.
Aceptaste ser madre del Mesías,
a sabiendas de lo que conllevaba:
el gran sufrimiento que te esperaba
y la responsabilidad que recibías.
Mas fueron tu fe y tu esperanza,
más grandes que cualquier duda o temor,
pues sabías que era el Señor,
en quien depositabas tu confianza.
Y así con tu colaboración
cambió del mundo la historia;
Dios manifestó en ti su gloria,
y la plenitud de su redención.
Bendita seas, María, eternamente,
pues en cuerpo y alma, al cielo,
fuiste llevada, premiando Dios tu celo
de amarlo y adorarlo eternamente.
Bendita seas, pues Él te glorificó
y te dio el cetro de reina y señora,
la Iglesia te llama corredentora,
tu obra el Espíritu autentificó.
Bendita seas, pues desde la morada
celestial, por tus hijos intercedes;
y por tus méritos, de Dios todo puedes
alcanzar para nosotros, madre amada.
Francisco Javier Cruz Luna
cruzlfcoj@yahoo.com.mx
a ti, que eres del Padre elegida,
para darle,como hombre, la vida,
al Verbo que en Dios ya existía.
El Padre te llamó desde la eternidad
a engendrarlo y traerlo al mundo
¡oh misterio tan grande y profundo!
quiso vivir en medio de la humanidad.
Entonces su “sí”, gozosa pronunciaste
y con él, para el mundo traerías
al Salvador, al que siempre cuidarías
con todo tu amor, y a ello te entregaste.
Tú, la discípula por excelencia,
obediente a Dios sin condición,
lo recibiste desde su concepción,
con tu total y maternal complacencia.
Aceptaste ser madre del Mesías,
a sabiendas de lo que conllevaba:
el gran sufrimiento que te esperaba
y la responsabilidad que recibías.
Mas fueron tu fe y tu esperanza,
más grandes que cualquier duda o temor,
pues sabías que era el Señor,
en quien depositabas tu confianza.
Y así con tu colaboración
cambió del mundo la historia;
Dios manifestó en ti su gloria,
y la plenitud de su redención.
Bendita seas, María, eternamente,
pues en cuerpo y alma, al cielo,
fuiste llevada, premiando Dios tu celo
de amarlo y adorarlo eternamente.
Bendita seas, pues Él te glorificó
y te dio el cetro de reina y señora,
la Iglesia te llama corredentora,
tu obra el Espíritu autentificó.
Bendita seas, pues desde la morada
celestial, por tus hijos intercedes;
y por tus méritos, de Dios todo puedes
alcanzar para nosotros, madre amada.
Francisco Javier Cruz Luna
cruzlfcoj@yahoo.com.mx