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El respeto a la dignidad del matrimonio
Jesús habla hasta del pecado de adulterio que se da en el corazón, cuando se mira a una mujer con mal deseo
La ley antigua, la que recibió Moisés en el Sinaí, no permitía el adulterio, lo consideraba como un robo, ya que la mujer pertenecía al hombre, como si fuera un asno o su oveja; aunque en la realidad, la persona es dueña de sí misma y arrebatarle cualquiera de sus atributos morales ya constituye un robo, ciertamente.
El pensar de Jesús
Pero tal como hemos venido haciendo en nuestras consideraciones anteriores, tratando de interpretar el pensamiento de Jesús a la luz de sus enseñanzas que nos dejó en el Evangelio, nos podemos dar cuenta de que nuestro Señor Jesucristo va más, mucho más lejos.
Jesús habla hasta del pecado de adulterio que se da en el corazón, cuando se mira a una mujer con mal deseo. Y va mucho más allá, haciendo extensiva la consigna a la pareja.
Cuánto ayudarían a construir una sociedad sana, si hombres y mujeres tomaran con seriedad la santidad del matrimonio, si los jóvenes se prepararan a este sacramento con toda la responsabilidad que se merece, porque en esto está la clave de una vida verdaderamente feliz.
En nuestra sociedad
Ha sido muy dañino el concepto bastante extendido, de que el hombre tiene todos los derechos, y hay quienes dicen con más fuerza que una broma, que si su esposa ya cumplió los cuarenta años, la va a cambiar por dos de a veinte.
Y luego resulta que la mujer a quien se mancilla o utiliza, se vuelve siete veces peor, porque a su vez se toma se toma todos los derechos y libertades. En la mujer se da una especie de envenenamiento que le arrasa y destruye la vida entera.
Todo empieza en el corazón
Según la enseñaza de Jesús, el deseo en sí mismo es ya pecaminoso, porque la idea que prende en el corazón germina en el pensamiento, y de allí al hecho hay muy poco trecho.
Y luego vienen las consecuencias, que no son pocas, y de un pecado se derivan muchos otros pecados no menos graves.
Pecado llama a más pecado
De todo esto surgen mentiras, lesiones a la paz familiar, separaciones, ofensas y hasta golpes, y lo más grave es que el daño que se causa a los hijos con frecuencia es irreparable.
Habrá quienes no llegan a entender el porqué existe cierta frialdad de los hijos hacia sus padres, y no llegan a relacionarlo con aquella infidelidad, que ellos, aun a muy corta edad, vieron y vivieron como una película de terror.
¿Y cuando la mujer no tiene marido?
También es un pecado de funestas condiciones desear con malas intenciones a a una mujer libre, o sea cuando un hombre que tiene su vida ya comprometida con su familia, trata de hacer a escondidas otro hogar.
Muchas veces pensamos que aquello va a ser intrascendente, pero el daño que causa en el corazón de todos los implicados no se puede medir, y se vuelve como una semilla maligna que sigue reproduciéndose y dando frutos podridos.
Para reflexionar seriamente
El amor que Jesús nos enseña y nos pide cada día, es muy comprometedor: un solo hombre y una sola mujer, para que formen el núcleo de una sociedad hermosa.
Un amor indiviso e incondicional que se transmite a los hijos y les da consistencia para salir a luchar por la vida con seguridad, con entusiasmo y con un deseo firme de formar nuevas familias que sean también focos de amor y verdaderos cimientos de una patria sólica y digna.
Esto es lo que debemos ofrecer sinceramente hoy a nuestro Dios.
María Belén Sánchez fsp
El pensar de Jesús
Pero tal como hemos venido haciendo en nuestras consideraciones anteriores, tratando de interpretar el pensamiento de Jesús a la luz de sus enseñanzas que nos dejó en el Evangelio, nos podemos dar cuenta de que nuestro Señor Jesucristo va más, mucho más lejos.
Jesús habla hasta del pecado de adulterio que se da en el corazón, cuando se mira a una mujer con mal deseo. Y va mucho más allá, haciendo extensiva la consigna a la pareja.
Cuánto ayudarían a construir una sociedad sana, si hombres y mujeres tomaran con seriedad la santidad del matrimonio, si los jóvenes se prepararan a este sacramento con toda la responsabilidad que se merece, porque en esto está la clave de una vida verdaderamente feliz.
En nuestra sociedad
Ha sido muy dañino el concepto bastante extendido, de que el hombre tiene todos los derechos, y hay quienes dicen con más fuerza que una broma, que si su esposa ya cumplió los cuarenta años, la va a cambiar por dos de a veinte.
Y luego resulta que la mujer a quien se mancilla o utiliza, se vuelve siete veces peor, porque a su vez se toma se toma todos los derechos y libertades. En la mujer se da una especie de envenenamiento que le arrasa y destruye la vida entera.
Todo empieza en el corazón
Según la enseñaza de Jesús, el deseo en sí mismo es ya pecaminoso, porque la idea que prende en el corazón germina en el pensamiento, y de allí al hecho hay muy poco trecho.
Y luego vienen las consecuencias, que no son pocas, y de un pecado se derivan muchos otros pecados no menos graves.
Pecado llama a más pecado
De todo esto surgen mentiras, lesiones a la paz familiar, separaciones, ofensas y hasta golpes, y lo más grave es que el daño que se causa a los hijos con frecuencia es irreparable.
Habrá quienes no llegan a entender el porqué existe cierta frialdad de los hijos hacia sus padres, y no llegan a relacionarlo con aquella infidelidad, que ellos, aun a muy corta edad, vieron y vivieron como una película de terror.
¿Y cuando la mujer no tiene marido?
También es un pecado de funestas condiciones desear con malas intenciones a a una mujer libre, o sea cuando un hombre que tiene su vida ya comprometida con su familia, trata de hacer a escondidas otro hogar.
Muchas veces pensamos que aquello va a ser intrascendente, pero el daño que causa en el corazón de todos los implicados no se puede medir, y se vuelve como una semilla maligna que sigue reproduciéndose y dando frutos podridos.
Para reflexionar seriamente
El amor que Jesús nos enseña y nos pide cada día, es muy comprometedor: un solo hombre y una sola mujer, para que formen el núcleo de una sociedad hermosa.
Un amor indiviso e incondicional que se transmite a los hijos y les da consistencia para salir a luchar por la vida con seguridad, con entusiasmo y con un deseo firme de formar nuevas familias que sean también focos de amor y verdaderos cimientos de una patria sólica y digna.
Esto es lo que debemos ofrecer sinceramente hoy a nuestro Dios.
María Belén Sánchez fsp