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El príncipe del azar

Paul Auster cumple hoy 66 años; el autor de la Trilogía de Nueva York es uno de los escritores estadounidenses más reconocidos

GUADALAJARA, JALISCO (03/FEB/2013).- Abierto defensor de la libertad, en cualquiera de sus ámbitos, declarado seguidor del partido demócrata de su país, fumador compulsivo de cigarrillos holandeses y reconocido por la memoria, por demás, implacable que tiene para recordar hasta los pequeños detalles de sus experiencias, Paul Auster es considerado uno de los más importantes escritores norteamericanos contemporáneos.

Habituado a vestir de negro, sin importar el clima que haga, éste fanático del Sauvignon Blanc, nació el 3 de febrero de 1947 en Newark, Nueva Jersey. Nieto de inmigrantes judíos, Auster creció en una familia de clase media y de ascendencia polaca conformada por sus padres Queenie y Samuel. Su infancia y educación tuvieron buen sustento económico gracias a las diversas propiedades que su padre poseía en la ciudad de Nueva York. Su primer contacto con los libros y la literatura fue a una edad muy temprana cuando  descubrió la biblioteca de uno de sus tíos, que era traductor. Ya a la edad de 12 años empezó a escribir sus primeros poemas y relatos cortos. En 1965, inició sus estudios profesionales en la universidad de Columbia en Nueva York, para después graduarse en literatura francesa, italiana e inglesa. Decide viajar a París, donde vive un par de años e inicia su trabajo como traductor de autores franceses como Jacques Dupin y Andre du Bouchet, y aunque él mismo ha declarado que traducir es uno de los oficios más difíciles debido a la dificultad de expresar lo que el autor en su idioma natal realmente quiso decir y además conservar el ritmo o cadencia del texto teniendo que utilizar otras palabras, la traducción se convertirá en varias ocasiones y por diversos periodos de tiempo en la fuente de recursos que le permitió vivir y mantener a su familia.

No más de 100 páginas

Después de regresar a Estados Unidos, inició una relación sentimental con Lydia Davis y en 1974 se casa con ella; sin embargo, la pareja no pudo afianzarse del todo aun cuando tuvieron un hijo llamado Daniel, y unos años más tarde deciden darlo por terminado. Paralelamente, y durante 10 años aproximadamente, Auster atraviesa un período en que conseguir dinero se le vuelve una tarea difícil, comienza a escribir artículos y reseñas de libros para varias revistas y también se incorpora a la tripulación de un barco petrolero durante una temporada.

Como el autodeclarado romántico que ha sido siempre, ya después de varios años de haberse divorciado de su primera esposa, en una lectura de poesía en la ciudad de Nueva York conoce a Siri Hustvedt, escritora, poetisa y ensayista norteamericana, de padres noruegos, con la que vuelve a contraer nupcias en junio de 1982 y  un par de años más tarde tienen a su hija Sophie.

Sus primeros años en la escritura fueron dedicados a la construcción de algunos ensayos pero especialmente a la composición de poemas; aunque intentaba escribir novelas no pasaba las 100 páginas, y constantemente le parecía que la estructura de sus historias no era la adecuada. En varias oportunidades ha compartido que muchas veces creyó que nunca iba a ser capaz de escribir ficción. Esto fue lo que determinó que se concentrara en piezas cortas como los poemas. Sin embargo, a sus 30 años su proceso creativo se vio interrumpido, debido a una etapa difícil en varios frentes de su vida, incluyendo los primeros ataques de pánico que tuvo, y que se le han repetido varias veces a lo largo de su vida, y durante un año no pudo escribir ni una sola línea.

Es hasta 1982, nuevamente en busca de dinero para sobrevivir, que las palabras vuelven a fluir para él y escribe y publica su primera novela, de género policíaco, titulada Jugada de presión bajo el seudónimo de Paul Benjamin. Aunque nunca más volvería a producir poemas, desde entonces y hasta la fecha, sus preferencias para leer están compuestas en mayor cantidad por poemarios, mismos que considera más estimulantes, que por novelas.

Las letras


Con la publicación, en dos entregas (1985 y 1987), de La Trilogía de Nueva York, compuesta por las novelas La ciudad de cristal, Fantasmas y La habitación cerrada, Auster se revela internacionalmente como escritor y empieza a perfilarse como uno de los grandes narradores norteamericanos.

A partir de este momento, su producción literaria ha sido muy prolífera, inclusive algunos de sus críticos más acérrimos consideran un desatino los tiempos que ha manejado entre cada una de sus obras, acusándolo de producir en masa sin esperar que el regusto de su último libro pase para precipitadamente presentar el siguiente. Sin embargo, esto no se ha visto reflejado en las ventas ya que Auster es uno de los autores norteamericanos más leídos de los últimos tiempos.

Temas como la identidad, el azar, el destino y el existencialismo son los ejes sobre los cuales se desarrollan las historias de este neoyorquino. La alusión a sus grandes pasiones, son una constante en sus libros: la ciudad de Nueva York, el béisbol, las referencias literarias a autores como Flaubert y Stendhal, y la descripción minuciosa de instrumentos de papelería o propios de un escritor, como escritorios, cuadernos y por supuesto máquinas de escribir. Ha declarado que siempre escribe a mano con pluma fuente y después pasa todo con su máquina de escribir Olympia que conserva desde 1974. No usa las computadoras, a excepción de que vaya a escribir un guión cinematográfico, y considera que la tecnología ha sido más perjudicial que benéfica por su característica de comunicar a las personas sin intermediación física.

Aunque siempre quiso ser escritor, la escritura no es para él una experiencia placentera, inclusive tuvo momentos en que creyó que debía prepararse para no ser leído por nadie; su proceso creativo es difícil y ha estado más lleno de sensaciones de fracaso que de satisfacción, pero esta forma de vida ha sido la única válida para él, ya que, como lo ha dicho muchas veces, si no escribe siente que su vida carece de sentido.

Narrador de historias dentro de las historias, envuelve al lector con sus intrigas, lo mantiene alerta con sus giros inesperados, con sus personajes escindidos. La mezcla entre su prosa sencilla, proveniente de sus tablas en poesía, con una estructura narrativa compleja y un estilo marcado por la metaficción, es un verdadero experto en diluir la línea entre ficción y realidad. Sus novelas casi siempre se presentan como biografías del protagonista, y siempre contienen mucho material autobiográfico al igual que el juego de anagramas con los nombres de sus personajes y los de sus seres queridos y hasta de él mismo. Sus finales siempre tienen una puerta abierta hacia una continuación, hacia otra historia, y es que al considerar él a los libros casi como seres humanos, no puede evitar dejar al azar su destino ya que “su vida continua”. Esta característica se la debe también a una anécdota personal, ya que a la edad de 14 años durante un picnic escolar, uno de sus compañeros fue fulminado por un rayo a un metro de distancia de donde él se encontraba, y ha sido este hecho el que marcó radicalmente su forma de ver el mundo y la vida  bajo la premisa de que todo puede cambiar en cualquier momento.

Siempre con el título del libro como punto de partida, es difícil no sumergirse en los laberintos que desarrolla este gran narrador entre sus historias, que además son ricas en autorreflexiones y austeras en diálogos, ya que más que recrear el entorno externo se centra en los estados internos de sus personajes, siempre dejando una huella de estas reflexiones y de todas las posibilidades que conforman lo que fue el destino de los mismos en el lector.

Ganador del Premio Príncipe de Asturias de las Letras, entre otros, activo crítico de la política del mundo y especialmente de su país, Paul Auster es hoy uno de los escritores más emblemáticos de Norteamérica y aunque en un principio luchó mucho para conseguir editorial, con sus últimos libros consiguió que la editora Viking le adelantara medio millón de dólares por derechos de autor y sus libros han sido traducidos a 43 idiomas. Con una producción literaria de 20 novelas, tres obras autobiográficas, varios guiones y adaptaciones cinematográficas y tres poemarios, queda claro que este amante de Nueva York seguirá aportando mucho a la escena literaria mundial y continuará conectando a sus seguidores con su propia mente y experiencias.

"Hace unos ocho años logré dejar de leer las reseñas de mi obra. Hasta entonces lo hacía compulsivamente y lo cierto es que los comentarios favorables no dejan huella, mientras que los negativos quedan inoculados como un veneno".

Paul Auster, escritor.

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