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“El mudo que no se quedó mudo”

¿Cuál era la razón por la que Jesús le insistió tanto de que no dijera de su sanación a los demás?

El hombre sordomudo del territorio de Decápolis había padecido toda clase de desventuras por causa de su enfermedad; estaba aislado socialmente, y cargaba con el estigma de que probablemente su enfermedad era consecuencia de algún pecado de sus padres, o de él mismo, y por lo tanto sufría la ira de Dios. En aquellos tiempos no había la cultura de valorar a las personas con capacidades diferentes, ni ofrecerles apoyo, y puesto que no existía un lenguaje internacional para sordomudos, este hombre estaba condenado a vivir aislado, incomunicado, de los demás.

Pese a lo que muchos pensaban, Dios no estaba enojado con él; Dios no lo estaba castigando a través de su enfermedad, y mucho menos deseaba que permaneciera en esa situación el resto de su vida, por eso mandó a su propio Hijo, Jesús, para que lo sanara y lo salvara. Tal fue el amor de Dios por ese hombre, que impulsó a Jesús para que cruzara una región un tanto lejana a sus lugares habituales de predicación, tan solo para encontrarse con este hombre.

Cuando leemos este relato en el evangelio de San Marcos, vemos que hay un aspecto anecdótico en la historia del sordomudo que Jesús sanó en aquella ocasión: después de sanarlo, le mandó insistentemente que no lo dijera a nadie. No puedo comprender que fuera posible que este hombre, después de haber recuperado el habla, se hubiera quedado callado; es decir, que regresara a su casa con la capacidad de oír y hablar, pero sin hacerlo, ya que Jesús le había dado esas indicaciones. Es evidente que en cuanto dijera una sola palabra coherente, los demás se darían cuenta inmediatamente de que algo milagroso había pasado con él.

¿Cuál era la razón por la que Jesús le insistió tanto de que no lo dijera a los demás? Mi opinión personal es que, después de conocer el milagro, mucha gente cobró gran interés en Jesús, pero motivados por las señales que pudiera hacer en su beneficio, y no por el deseo de escuchar las palabras que les podían dar la salvación. Esta es una situación que lamentablemente se repite hasta el día de hoy: hay un porcentaje de personas mucho más interesadas en lo que Dios puede hacer por ellas, que en conocer el  mensaje que Dios quiere darles, y que les proporcionaría la salvación.

Angel Flores Rivero  
iglefamiliar@hotmail.com

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