Suplementos
El mejor amigo
La convivencia con un Lincoln MKZ lo transformó en un ser querido
Cuando no queda más a quién recurrir, buscamos a los amigos. Estos, los verdaderos, son los que están ahí para atendernos siempre, sin importar si estamos o no de buen humor. Son con quienes sabemos que podemos contar y que, después de un rato con ellos, la vida parece mejor. 90 días con un MKZ fueron suficientes para incluirlo entre nuestros amigos.
No es la primera vez (y esperamos que no haya sido la última) que convivimos con un auto de Lincoln para una prueba de mediano plazo. Prácticamente con todos nos sentimos bien, confortables, consentidos. Esas pequeñas muestras de relación con los autos de la marca de lujo, poco a poco nos fueron aumentando el prestigio de Lincoln en nuestra mente. Incluso el viejo, inmenso y ya desaparecido Town Car, fue capaz de enseñarnos su lado amable y placentero. Esa creciente admiración por la marca había alcanzado su punto máximo el año pasado con el MKS, pero debemos confesar que nuestro corazón voluble ha aceptado el MKZ con igual o mayor entusiasmo.
Esa nueva y de alguna manera inesperada admiración por Lincoln (hemos sido amantes de los “sport sedan” por muchos años) fue reforzada con la convivencia. Mejor dicho, es fruto de ella. Porque hay que reconocer que el “glamour” de la marca estadounidense ha disminuido en años recientes, gracias no sólo a la mayor disponibilidad de productos de lujo europeos o japoneses, como también debido a las crisis de las marcas de la Unión Americana, que dañaron el prestigio general de los productos oriundos de ese país.
Pero no hay nada como el día a día. Convivir con una persona o un objeto, puede cambiar drásticamente la forma en la que nos relacionamos emocionalmente con ellos. Noviazgos de muchos años a veces terminan en la luna de miel. Productos que suenan maravillosos en su caja, una vez que los ponemos a prueba resultan hasta irritantes. En cambio, un matrimonio que fue fruto del instinto más que de la pasión, puede durar para siempre. Al igual que la convivencia con una computadora, una televisión o, con más razón, un automóvil, puede revelarse tan agradable, que el sentimiento por ellos vaya directo del interés al amor.
Tomamos el MKZ para pruebas el día 1 de septiembre pasado. Nos gustaba su forma exterior y su diseño interno era igualmente agradable. Pero, pensábamos entonces, no deberá ser suficiente para hacernos olvidar el MKS. En cierta forma, no lo fue, pero dicho de otra manera, si entráramos hoy en un distribuidor Lincoln, probablemente consideraríamos el MKZ en primer lugar.
En mucho tienen que ver sus dimensiones. Más contenido en tamaño, el MKZ es más ágil, más sencillo de conducir, más fácil de estacionar. Gasta menos combustible (en nuestras pruebas su mejor marca fue de 7.4 kilómetros por litro, con la peor de 6.02 —siempre en ciudad— aún muy buena para un pesado auto de lujo con un poderoso motor) y requiere, por supuesto, una menor inversión para ponerlo en nuestra cochera.
Su equipo, sin llegar a la abundancia del MKS, resulta más que aceptable. De hecho está en un plan superior al del promedio de los autos de su precio. Por supuesto que detalles como asientos forrados con piel; cristales, seguros y espejos con mando eléctrico; quemacocos y aire acondicionado digital, son parte del paquete. Pero esto, casi cualquier auto que cuesta más de 250 mil pesos lo tiene. Lo que sólo vamos a encontrar en un MKZ, en cambio, es lo que hace toda la diferencia del mundo.
Comienza con su rodar suave, sin excederse en el balanceo de la carrocería, como ocurría con algunos de sus antepasados. Pasa por la fuerza de su motor V6 con 263 caballos. Cuando queremos entrar a una vía rápida, el auto responde como los mejores. Su agarre es también muy bueno aunque en este punto, los europeos sigan con la ventaja de poder entrar más deportivamente a las curvas. Es, más que una falla del MKZ, un trazo de la personalidad de los Lincoln, que son coches para el que ya no tiene prisa, para quien ya no necesita probar nada a nadie.
Luego, está el SYNC. Por mucho tiempo, el sistema de manos libres y entretenimiento SYNC, creado por Microsoft, no fue exactamente algo de nuestro agrado. Hoy en día, aún reconociendo que le hace falta mejorar algunos detalles como el reconocimiento de voz o el tiempo de respuesta de algunas operaciones, lo más difícil va a ser dejar de vivir con él. Cuando estamos en una vía rápida y tenemos que hablar por teléfono, por ejemplo. Apretamos un botón y escuchamos la voz: “Por favor, diga un comando”. Respondemos: “Teléfono”. Otra vez la vos pregunta: “Teléfono, ¿Es correcto?”, tenemos que decir: “Sí”. Entonces, nos habla de nuevo: “Teléfono. Por favor, diga un comando”. Y sólo en ese momento le podemos decir: “Llamar a Fernando al celular”. Como previamente el sistema ya bajó nuestra agenda, nos dice por última vez, antes de hacer la operación: “Llamando a Fernando al celular”. Sí, aún nos parece que tarda mucho, pero la seguridad de nunca quitar las manos del volante para apretar las teclas de nuestro celular, no tiene precio. Además, es muy agradable que, cargando un teléfono con música MP3, sólo sea necesario entrar al auto para que el sistema —ahora sí directamente y sin preguntarnos nada— comience a reproducir nuestra música. Sin cables ni conexiones complicadas. Si preferimos otra cosa, podemos usar la pantalla táctil, que incluso viene con sistema de navegación GPS.
Todo junto, el MKZ se mostraba como alguien que ya nos conocía. Sentarse en él fue siempre agradable en cualquiera de sus cuatro plazas. Pero al volante, era mejor que ninguna. Porque el auto ya conocía nuestros amigos y les hablaba cuando queríamos. Tocaba nuestra música; tenía la temperatura de nuestro lado exactamente como nos gustaba, lo mismo que la de nuestra (o) acompañante. El asiento del piloto automáticamente nos daba espacio para entrar y salir más cómodamente, como lo haría un atento mesero en un buen restaurante. Se volvió, con el tiempo, parte de la familia. Si íbamos a algún lugar y alguien preguntaba en qué auto, la respuesta “en el MKZ”, recibía siempre sonrisas a cambio. Sólo faltaba que se sentara a nuestro lado para disfrutar un buen vino en la cena.
Son detalles, es cierto, pero si la diferencia en esta vida no se encuentra en la capacidad de disfrutar esos detalles, confieso que no sé dónde se encuentre.
Ahora, lo tenemos que regresar. La vida —qué pena— volverá a ser la misma. Al menos, resta el consuelo, hasta el próximo Lincoln.
Sergio Oliveira
Ficha Técnica
Lincoln MKZ 2010
Motor: Frontal transversal; seis cilindros en V; 3.5 litros de desplazamiento; DOHC; 24 válvulas; con inyección electrónica de combustible secuencial multipunto. Potencia: 263 cv @ 6,250 rpm / Torque: 249 libras-pie @ 4,500 rpm.
Tracción: Delantera.
Transmisión: Automática de seis velocidades (6+R).
Suspensión: Delantera – Independiente, de brazos cortos y largos, tipo SLA, con resortes helicoidales y barra estabilizadora. Trasera – Independiente, de tipo Multilink, con resortes helicoidales y barra estabilizadora.
Frenos: De discos ventilados adelante y de discos sólidos atrás, con sistema antibloqueo (ABS) y distribución de la fuerza de frenado (EBD).
Dirección: De piñón y cremallera, con asistencia hidráulica.
Dimensiones y capacidades:
Largo / Ancho / Alto (mm)
4,821 / 1,833 / 1,445
Distancia entre ejes: 2,728 mm
Peso: 1,632 kilogramos.
Tanque- 66 litros.
Cajuela- 467 litros.
Precio: 39,999 dólares
Resultados de la prueba realizada en el Autódromo Hermanos Gallo:
Aceleración 0 a 100 km/h en 7.45 segundos
Frenado de 100 km/h a 0 en 41 metros
Cuarto de milla en 16.12 segundos a 131.8 km/h
Velocidad máxima observada: 200 km/h
No es la primera vez (y esperamos que no haya sido la última) que convivimos con un auto de Lincoln para una prueba de mediano plazo. Prácticamente con todos nos sentimos bien, confortables, consentidos. Esas pequeñas muestras de relación con los autos de la marca de lujo, poco a poco nos fueron aumentando el prestigio de Lincoln en nuestra mente. Incluso el viejo, inmenso y ya desaparecido Town Car, fue capaz de enseñarnos su lado amable y placentero. Esa creciente admiración por la marca había alcanzado su punto máximo el año pasado con el MKS, pero debemos confesar que nuestro corazón voluble ha aceptado el MKZ con igual o mayor entusiasmo.
Esa nueva y de alguna manera inesperada admiración por Lincoln (hemos sido amantes de los “sport sedan” por muchos años) fue reforzada con la convivencia. Mejor dicho, es fruto de ella. Porque hay que reconocer que el “glamour” de la marca estadounidense ha disminuido en años recientes, gracias no sólo a la mayor disponibilidad de productos de lujo europeos o japoneses, como también debido a las crisis de las marcas de la Unión Americana, que dañaron el prestigio general de los productos oriundos de ese país.
Pero no hay nada como el día a día. Convivir con una persona o un objeto, puede cambiar drásticamente la forma en la que nos relacionamos emocionalmente con ellos. Noviazgos de muchos años a veces terminan en la luna de miel. Productos que suenan maravillosos en su caja, una vez que los ponemos a prueba resultan hasta irritantes. En cambio, un matrimonio que fue fruto del instinto más que de la pasión, puede durar para siempre. Al igual que la convivencia con una computadora, una televisión o, con más razón, un automóvil, puede revelarse tan agradable, que el sentimiento por ellos vaya directo del interés al amor.
Tomamos el MKZ para pruebas el día 1 de septiembre pasado. Nos gustaba su forma exterior y su diseño interno era igualmente agradable. Pero, pensábamos entonces, no deberá ser suficiente para hacernos olvidar el MKS. En cierta forma, no lo fue, pero dicho de otra manera, si entráramos hoy en un distribuidor Lincoln, probablemente consideraríamos el MKZ en primer lugar.
En mucho tienen que ver sus dimensiones. Más contenido en tamaño, el MKZ es más ágil, más sencillo de conducir, más fácil de estacionar. Gasta menos combustible (en nuestras pruebas su mejor marca fue de 7.4 kilómetros por litro, con la peor de 6.02 —siempre en ciudad— aún muy buena para un pesado auto de lujo con un poderoso motor) y requiere, por supuesto, una menor inversión para ponerlo en nuestra cochera.
Su equipo, sin llegar a la abundancia del MKS, resulta más que aceptable. De hecho está en un plan superior al del promedio de los autos de su precio. Por supuesto que detalles como asientos forrados con piel; cristales, seguros y espejos con mando eléctrico; quemacocos y aire acondicionado digital, son parte del paquete. Pero esto, casi cualquier auto que cuesta más de 250 mil pesos lo tiene. Lo que sólo vamos a encontrar en un MKZ, en cambio, es lo que hace toda la diferencia del mundo.
Comienza con su rodar suave, sin excederse en el balanceo de la carrocería, como ocurría con algunos de sus antepasados. Pasa por la fuerza de su motor V6 con 263 caballos. Cuando queremos entrar a una vía rápida, el auto responde como los mejores. Su agarre es también muy bueno aunque en este punto, los europeos sigan con la ventaja de poder entrar más deportivamente a las curvas. Es, más que una falla del MKZ, un trazo de la personalidad de los Lincoln, que son coches para el que ya no tiene prisa, para quien ya no necesita probar nada a nadie.
Luego, está el SYNC. Por mucho tiempo, el sistema de manos libres y entretenimiento SYNC, creado por Microsoft, no fue exactamente algo de nuestro agrado. Hoy en día, aún reconociendo que le hace falta mejorar algunos detalles como el reconocimiento de voz o el tiempo de respuesta de algunas operaciones, lo más difícil va a ser dejar de vivir con él. Cuando estamos en una vía rápida y tenemos que hablar por teléfono, por ejemplo. Apretamos un botón y escuchamos la voz: “Por favor, diga un comando”. Respondemos: “Teléfono”. Otra vez la vos pregunta: “Teléfono, ¿Es correcto?”, tenemos que decir: “Sí”. Entonces, nos habla de nuevo: “Teléfono. Por favor, diga un comando”. Y sólo en ese momento le podemos decir: “Llamar a Fernando al celular”. Como previamente el sistema ya bajó nuestra agenda, nos dice por última vez, antes de hacer la operación: “Llamando a Fernando al celular”. Sí, aún nos parece que tarda mucho, pero la seguridad de nunca quitar las manos del volante para apretar las teclas de nuestro celular, no tiene precio. Además, es muy agradable que, cargando un teléfono con música MP3, sólo sea necesario entrar al auto para que el sistema —ahora sí directamente y sin preguntarnos nada— comience a reproducir nuestra música. Sin cables ni conexiones complicadas. Si preferimos otra cosa, podemos usar la pantalla táctil, que incluso viene con sistema de navegación GPS.
Todo junto, el MKZ se mostraba como alguien que ya nos conocía. Sentarse en él fue siempre agradable en cualquiera de sus cuatro plazas. Pero al volante, era mejor que ninguna. Porque el auto ya conocía nuestros amigos y les hablaba cuando queríamos. Tocaba nuestra música; tenía la temperatura de nuestro lado exactamente como nos gustaba, lo mismo que la de nuestra (o) acompañante. El asiento del piloto automáticamente nos daba espacio para entrar y salir más cómodamente, como lo haría un atento mesero en un buen restaurante. Se volvió, con el tiempo, parte de la familia. Si íbamos a algún lugar y alguien preguntaba en qué auto, la respuesta “en el MKZ”, recibía siempre sonrisas a cambio. Sólo faltaba que se sentara a nuestro lado para disfrutar un buen vino en la cena.
Son detalles, es cierto, pero si la diferencia en esta vida no se encuentra en la capacidad de disfrutar esos detalles, confieso que no sé dónde se encuentre.
Ahora, lo tenemos que regresar. La vida —qué pena— volverá a ser la misma. Al menos, resta el consuelo, hasta el próximo Lincoln.
Sergio Oliveira
Ficha Técnica
Lincoln MKZ 2010
Motor: Frontal transversal; seis cilindros en V; 3.5 litros de desplazamiento; DOHC; 24 válvulas; con inyección electrónica de combustible secuencial multipunto. Potencia: 263 cv @ 6,250 rpm / Torque: 249 libras-pie @ 4,500 rpm.
Tracción: Delantera.
Transmisión: Automática de seis velocidades (6+R).
Suspensión: Delantera – Independiente, de brazos cortos y largos, tipo SLA, con resortes helicoidales y barra estabilizadora. Trasera – Independiente, de tipo Multilink, con resortes helicoidales y barra estabilizadora.
Frenos: De discos ventilados adelante y de discos sólidos atrás, con sistema antibloqueo (ABS) y distribución de la fuerza de frenado (EBD).
Dirección: De piñón y cremallera, con asistencia hidráulica.
Dimensiones y capacidades:
Largo / Ancho / Alto (mm)
4,821 / 1,833 / 1,445
Distancia entre ejes: 2,728 mm
Peso: 1,632 kilogramos.
Tanque- 66 litros.
Cajuela- 467 litros.
Precio: 39,999 dólares
Resultados de la prueba realizada en el Autódromo Hermanos Gallo:
Aceleración 0 a 100 km/h en 7.45 segundos
Frenado de 100 km/h a 0 en 41 metros
Cuarto de milla en 16.12 segundos a 131.8 km/h
Velocidad máxima observada: 200 km/h