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El lugar en donde todos se encuentran

Más que una tienda, el Almacén de Noé es el punto de reunión de los habitantes del Country

GUADALAJARA, JALISCO (09/NOV2014).- Casi al final de la calle Mar Caspio —rodeado de altos edificios y un extenso club de golf— hay un sitio que es punto de encuentro para los habitantes de la colonia Country.  Ahí se sienten como en familia. Ríen y platican sobre lo que ha pasado en sus vidas. Ahí los vecinos se conocen sin poses. Se miran cuando acaban de levantarse o están cansados de un largo día de trabajo.

En ese punto también se enteran de asuntos que atañen a todos. Hay anuncios de perros perdidos o de misceláneas. Es también un espacio de tranquilidad. Al terminar sus compras, algunos clientes se toman un café mirando el parque de enfrente, quizá les inspira la vegetación o sólo lo hacen porque se sienten a gusto.

El Almacén de Noé lleva casi cuatro años siendo un sitio donde los extraños que van dejan de serlo. Es una tienda de productos —locales e importados— que los clientes llegan a visitar hasta tres veces al día porque se les olvidó la leche, el huevo, las tortillas, tienen ganas de un postre o porque tal vez si van se encuentren a la vecina que quedó en darles la receta de un postre. Y todo comenzó por un sueño en conjunto… el de los amigos Diego Castañeda y José Antonio Ramírez.

Comprar como en familia
“Señor, señora, ¿cómo está?, ¿se va a llevar lo de siempre?”. El saludo es lo primero que reciben los clientes asiduos del “Almacén”, como le dicen. Luego a ellos les toca interactuar con los vendedores. Les preguntan que si ya hay bolillo, queso o qué pueden comprar para preparar  una rica cena.

Si el cuestionamiento va hacia Diego, el dueño responde que el pan está por llegar y sobre los lácteos les oferta unas exquisitas cremas y panelas de Los Altos de Jalisco. La especialista para recomendar platillos es su prima Gaby, quien es chef. Ella les aconseja qué alimentos adquirir y cómo prepararlos para sorprender a sus comensales.

Es posible que después los compradores se den una vuelta por el área de frutería o carnicería y agreguen más elementos de la canasta básica a su mandado. O quizá quieran darse un gusto y agarren jamones importados, aderezo artesanal y esas tortillas hechas a mano de nopal y nixtamal que tan bien le salen a la proveedora de Tlajomulco.

Todo en menos de 10 minutos y los clientes salen con casi el 80% de los productos que suele haber en un refrigerador, si lo que buscan es sólo hacer sus compras. Quienes además van a pasar un buen rato, se quedan platicando afuera o con los mismos vendedores.

“Se ha hecho una especie de familia entre los clientes, ellos con los empleados y nosotros en el almacén como equipo. Es una experiencia muy padre. Acaba siendo muy simpático porque hay mucha plática”, dice Diego Castañeda y recuerda que incluso varias personas han solicitado que haya mesitas para que se queden a charlar.

Del Country y para el Country
Diego siempre ha tenido un gusto exacerbado por la comida. Recuerda que en sus viajes siempre le gustaba salir a ver qué productos vendían en la zona y probar de todo... lo sigue haciendo y cuenta riendo que su esposa a veces lo regaña cuando los paseos no son de trabajo, en aquella época no sabía que la proveeduría se convertiría en su verdadera vocación.

Eso lo descubrió en uno de sus viajes a Nueva York. Caminaba por una calle cuando vio una tienda similar al Almacén de Noé y se propuso poner un local así en Guadalajara. No quería que fuera sólo una delicatessen, porque de ésas ya había muchas, sino un establecimiento que ofertara alimentos locales, gourmet y a la vez diera un trato más personalizado y cálido.

Al volver, Diego se decidió a dar el primer paso y puso una tienda en el fraccionamiento La Estancia junto a José Antonio Ramírez, su socio. La tienda era muy pequeña y no les fue tan bien como esperaban. Lo que ganó fue mucha experiencia y con eso se animó a intentarlo esta vez en El Country, la colonia que lo vio nacer, crecer y le dio la oportunidad de cristalizar aquel sueño e incluso mejorarlo.

“Nuestra meta es romper con lo que nos han impuesto últimamente  las grandes cadenas que venden  comida industrializada. Aquí puedes comprar panela o pan que sea del día, que este hecho como se hacía antes”, explica Castañeda.

Además, dice que el enfoque artesanal significa que muchos productos que ofertan son de proveedores locales, por lo que el dinero se queda en la misma ciudad o hasta en la colonia: “Una señora de aquí del Country me hace unos panqués, me los vende, y ella misma es mi promotora, pues les dice a los vecinos que compren sus productos en El Almacén”.

La atención es lo primero
“Por mucho, lo que más me gusta es estar en la tienda y tener la oportunidad de atender al cliente y luego la proveeduría, buscar qué productos pueden estar”, asevera Diego Castañeda.

Bajo esa filosofía es que se rige y motiva a sus empleados. Como si fuera un manifiesto no escrito; desde la cajera hasta el que vende en frutería, todos los empleados del Almacén deben conocer el nombre de cada cliente desde la tercera vez que asista.  Para Diego eso genera un lazo muy padre y a la vez propicia que el lugar se convierta en un centro de atención. Lograr esa comunión se produce tras la labor de buscar buenos trabajadores.

Se buscan perfiles que vayan con la línea de pensar de una buena atención al cliente y se compensa también en el salario: “Pagamos arriba de lo que paga el mercado para no tener rotación. También tratamos de tener un buen ambiente de trabajo en el equipo. Hacer que traten muy bien al cliente y que lo apapachen”.

Nueva sucursal y las que vengan

El Almacén de Noé empezó de cero. Los padres de Diego trabajan en una inmobiliaria y nadie en su familia se había dedicado a esto. Casado y con hijos, Castañeda considera que su negocio ha crecido gracias a la experiencia de compra, la gama de productos que ofrece, la generación de 25 empleos y que gran parte de la proveeduría se queda en la zona.

Hace seis meses, Diego y su socio José Antonio Ramírez —conocido como Foit— abrieron otra sucursal en Valle Real;ahora esperan que los clientes los conozcan en la nueva tienda, y luego verían la opción de abrir un tercer lugar: “Les digo a mis clientes que me gustan más las críticas que los elogios, porque en las críticas es donde puedes aprender”.

SABER MÁS


Sobre el nombre

Diego Castañeda y José Antonio Ramírez pensaron primero en “El almacén de Manolito”, evocando al personaje de la serie gráfica de Quino, pero ya existía una marca con aquel nombre.
Entonces pensaron en “El Almacén de Noé”, como aquella famosa arca que salvó a diversas especies animales, y así quedó: “El logotipo es una canasta con miles de productos y en el medio una jirafa para darle la connotación de la diversidad”, cuenta Diego Castañeda.

EL DATO


Conózcalo

El Almacén de Noé está en Mar Caspio 2130.

Abre todo el año —excepto en Viernes Santo, 25 de diciembre y 1 de enero—, de 08:00 a 21:00 horas. Hay servicio a domicilio y aceptan tarjetas de crédito, débito y American Express.

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