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El juego de las palabras

Recién se celebró en la ciudad el Torneo nacional de Scrabble, este juego ha atrapado a ludópatas y amantes del español

GUADALAJARA, JALISCO (30/AGO/2015).- Cuando era niña, Virginia visitaba a su tío en la Ciudad de México y jugaba Scrabble; aunque podía hacerlo en casa con sus amigas, ellas preferían entretenerse con algo que no requiriera de tanto “pensar”.

“Él era el corrector de El Nacional, él me enseñó a jugar; me encantaba aprender palabras”, dice Virginia García Ureña mientras mira hacia arriba, escarbando en la memoria.

Alfredo Hurtado dice que eso tienen las palabras: la capacidad de guiarte a diferentes momentos, a aromas, a sensaciones. Por eso el Scrabble es bueno para él, para ella y para otros, aunque cada quien tiene sus razones para acercarse al juego, de tal suerte que mientras algunos encuentran en las palabras para posibilidad de encontrarse a sí mismos, otros ven en ellas un método para no olvidar el lenguaje.

Algunos podrían pensar que el Scrabble es de ñoños, pero esa palabra no cabe en este juego —sólo hay una “ñ” en las fichas—, más bien cabría “ludópata” —aunque su puntuación no sería demasiado alta—, porque algunos de los jugadores simplemente tienen una gran pasión por los juegos, como Héctor Guzmán y Jesús Ortega que siempre están a la caza de qué jugar, aunque eso sí, jamás se les verá a la espera de un puñado de fresas para la cosecha de Farmville.

Estos jugadores de Scrabble que año con año se dan cita en torneos regionales, nacionales e internacionales —porque, para sorpresa del mundo, los hay—, parecen no tener nada en común: algunos son señoras y señores que ya se han jubilado y llenan los huecos de su vida con partidas semanales que bien podrían hacerse diariamente —y a veces así es—; otros más se hacen un espacio en su agenda y destinan al menos una tarde al juego, combinándolo con sus empleos, donde —quizá— ocupan una parte del tiempo reordenando las palabras que se les atraviesan en el camino; unos pocos apenas tienen un momento sueltan todo lo que traen en mente y comienzan a hacer y deshacer palabras con las aplicaciones que hay para Smartphone.

Todos ellos forman parte de una especie que no se ha reconocido aún, pero que bien podría llamarse: “Los palabreadores”. Y aunque hay muchos que prefieren mantenerse en el anonimato, aún así no son los suficientes para contribuir a la conservación del idioma.

“Cada vez que uno juega aprende palabras nuevas, empieza uno a jugar con el diccionario. ¡Si supieras todas las listas que traigo de palabras! Mientras estoy en la antesala del médico, en el semáforo, para no desesperarme saco mi lista y empiezo a aprenderme palabras para tener más vocabulario. Es emocionante”, dice Virginia, quien es supervisora de jardín de niños y, desde ahí, procura promover la importancia de aprender el español.

Pero eso no significa que el juego resulte interesante, o al menos ligeramente atractivo, para todo el mundo. Y aunque los jugadores de Scrabble que la semana pasada celebraron su torneo nacional en esta ciudad, aseguran que en sus asociaciones de vez en cuando cae alguien menor de 20 años, lo cierto es que el más joven de los participantes del encuentro tenía tan sólo 36 años. Eso sí, todos estos notables concursantes han dedicado a al menos una década de sus vidas al juego de las palabras.

“Lo que pasa es que el juego se practica mucho a nivel doméstico, pero muy poca gente sabe que existe a nivel competitivo”, dice Jesús Ortega, actual campeón mundial de Scrabble en español. “Llevamos mucho tiempo que incorporamos jugadores muy lentamente, de vez en cuando se incorpora un jugador nuevo, pero yo creo que tiene potencial y se podría difundir más entre gente joven; por ejemplo, actualmente hay muchas aplicaciones para los teléfonos de juegos muy parecidos, casi idénticos, que tienen millones de descargas y toda la gente de mi edad y más joven la tienen y la practican, tal vez no muy en serio, tal vez no les interese tanto el jugarlo en vivo porque es un poquito diferente, es un poco más difícil, requiere de más dedicación y de estudio, pero yo creo que se podría incorporar más gente”.

Sin embargo, los clubes y las asociaciones han puesto de su parte. Héctor Guzmán, quien obtuvo el segundo lugar en el torneo recién celebrado, datalla que hay centros educativos de nivel medio superior en la Ciudad de México donde se promueve el juego, lo que atrae —poco a poco— a chicos de entre 15 y 16 años; lo mismo ocurre en Monterrey y Guadalajara, sin embargo aún hay más por hacer.

Un regalo para cada necesidad.

Aunque el juego es el mismo aquí y en China, el Scrabble atrae diversos beneficios a sus jugadores.

En Monterrey Alicia Moreno se decidió a formar un club hace 12 años; su hermano comenzó a padecer Alzheimer y ella decidió hacer algo para evitar caer en el olvido que supone esta enfermedad;es decir, se decidió por una actividad que le ayudara a ella y a otros —independientemente de la edad— a activar su mente, y lo han logrado (el rango de edad de los integrantes es de 14 a los 92 años).

Y si bien la idea es practiacr el juego, también se han esforzado por aportar un poco a los nuevos y viejos jugadores; cosa que han logrado con la publicación de un libro donde dan cuenta de las palabras permitidas, así como diversas opciones que podrían dar altos puntajes.

El caso de Alfredo es distinto;él recurrió al juego en busca de un espacio donde se pudiese librera del estrés, y aunque éste se aparece de vez en vez cuando el juego se pone complicado, siempre sobre sale la diversión: “Mi mente se olvidó de problemas y me divertía además, porque yo creo que la principal motivación es la diversión, ya después si uno es muy competitivo, le gusta estar siempre aprendiendo más y mejorando en el juego y en las competencias”.

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