Suplementos
El honor de la verdad con sabor
Miguel “El profe” Jiménez
En la esquina de Andrés Terán y José María Vigil se encuentra -desde hace 27 años-, el puesto de tortas ahogadas de “El profe” Jiménez, aquí la comida es particularmente sabrosa pero lo mejor es la atención del mismo “Profe”, quien con su buen humor hace que cada bocado sea un respiro para la risa.
Miguel Covarrubias Jiménez, comparte su historia entre cuentos, como dice él, historias y verdades que le han valido su fama, no sólo como tortero sino como comentarista de fútbol. Y es que el fútbol es su tema predilecto, porque le gusta, pero igual si se trata de dominar el arte de las conversaciones con las damas, puede ver las telenovelas.
Nació en Tala, Jalisco, un 17 de septiembre de 1952. Llegó a Guadalajara con sus padres y pasó su infancia y juventud en el barrio de El Santuario, recuerda: “El Santuario, que ahora dicen que es un barrio bravo pero en parte por la vagancia, antes bravo, era porque se usaban cadenas, el bravo era aquel que bailaba bien, el que era pachuco, pues la gente ahora confunde la valentía con traer pistola, ahora cualquier niño trae pistola y da un balazo y eso no se vale, eso es ser cobarde”. Un barrio al que quiso mucho y al que extrañó cuando se mudó a Santa Tere.
“El profe” ha sido arbitro de fútbol, futbolista, comentarista, tortero, maestro y mucho más. Es padre de tres hijos, abuelo de tres nietos y un gran bailador.
Debut y despedida
Desde chico le gustaba el fútbol, pero tenía un impedimento para jugar, era gordito, dice: “Como yo estaba gordito pues no me metían a jugar, iba a los equipos y me despreciaban, algo tenía que hacer”. Se hizo muy buen observador.
Llegado el tiempo se tituló como maestro, pero la oportunidad de tener una plaza le fue negada: “Me titulé hace 36 años en la Escuela Normal de Jalisco”, tuvo una plaza y la perdió -entre muchas otras cosas y con una breve historia de la que fue víctima- por no tener la cartilla liberada, ni el dinero para cubrir el viaje en avioneta, medio que lo llevaría a un lejano lugar para dar clases.
Se regresó a Guadalajara y es en El Santuario en donde el dueño de la carnicería “Filipinas” le ofreció su primer trabajo como entrenador del Filipinas, un equipo de fútbol y en donde “El profe” ganaba un sueldo equiparado con el que ganaría de maestro: “Del Filipinas salieron algunos jugadores que llegaron a profesional, el más conocido es Luis Placencia, que jugó con los Leones Negros de la Universidad de Guadalajara, y la verdad es que Luis llegó a profesional porque era un tipo muy aferrado, pero creo que ahí había jugadores de más calidad”.
Después de haber adquirido cierto reconocimiento “me invitaron al Club Deportivo Toluca, sucursal Guadalajara, en donde conocí a varios jugadores que llegaron a jugar en la liga profesional del Toluca, duré varios años, pero bastó que un día el encargado del Toluca me dijera que pusiera a jugar a un muchacho muy indisciplinado, sólo porque era amigo de un amigo de él, entonces yo le dije que hasta ese día entrenaba yo, porque el fútbol requiere disciplina. Ahí acabó mi carrera profesional como entrenador”.
La pasión por el fútbol
Una vez que se quedó sin su trabajo como entrenador, buscó la forma de ser independiente y entonces decidió poner el negocio de las tortas ahogadas. Habló con su mamá -quien tenía la receta de la salsa- y le dijo: “Esa salsa va a ser el éxito de éste negocio”. Originalmente la salsa era parte de una receta de chiles rellenos.
Una vez establecido le dio por hablar a la radio para comentar de fútbol: “(...) porque creo que se algo de fútbol, desde niño lo he visto y con la mala fortuna que un día hice enojar mucho a Enrique Bermúdez de la Cerna y a Pablo González , tanto que me esperaron afuera de un negocio y me pegaron entre los dos”.
Pero apenas comenzaba su historia como comentarista, pues en lugar de haberse mermado su fama, ocurrió exactamente lo contrario: “Alguien como Juan Mariano Bejar creyó en mí y me invitó a trabajar en una estación de radio, en donde realmente tuve un éxito grande. Empecé a trabajar de una manera que me gustaba, es decir, contando cuentos adaptándolos al fútbol, lo que muchos hacen hoy. Creo que yo fui el iniciador de esta forma de hacer radio, decían que era un payaso de la radio que contaba mis chistes, hoy creo que en todos los programas alguien lo hace”. Sin lugar a dudas “El profe” lo hace con mucha gracia, lo cual se puede comprobar en su negocio.
Su historia en los medios duró alrededor de 15 años. Sin embargo la permanencia no ha sido el fuerte de su carrera, pues muchas veces por contar la verdad- como dice él- del fútbol: “Me han corrido de seis o siete radiodifusoras, nada más por exponer lo que es el fútbol, por denunciar varios casos y es por decir mi verdad estoy fuera de los medios”.
Tras una pausa de cinco años hoy encuentra una puerta abierta en Canal 58, en donde en punto de las nueve de la mañana pueden escuchar por 10 minutos la verdad de “El profe”.
Le gusta el baile y dice que baila de todo: “ Nomás lo moderno no, porque si estoy bailando con una chica y la suelto para darle la vuelta, en el instante se pone a bailar con otro (broma). Me gusta bailar con lo que se agarre, sentir lo que se pega, eso es lo bonito…danzón, cha, cha, chá, charleston, cumbias sobre todo y salsa”.
También ha llevado su ritmo y alegría al grupo de diabéticos del Hospital de Zoquipán, en donde asegura que el baile y la risa son parte de la terapia para bajar la glucosa: “Yo como de todo pero me conservo bien; a mis 57 años de vida he hecho de todo, bueno casi de todo”.
Miguel Covarrubias Jiménez, comparte su historia entre cuentos, como dice él, historias y verdades que le han valido su fama, no sólo como tortero sino como comentarista de fútbol. Y es que el fútbol es su tema predilecto, porque le gusta, pero igual si se trata de dominar el arte de las conversaciones con las damas, puede ver las telenovelas.
Nació en Tala, Jalisco, un 17 de septiembre de 1952. Llegó a Guadalajara con sus padres y pasó su infancia y juventud en el barrio de El Santuario, recuerda: “El Santuario, que ahora dicen que es un barrio bravo pero en parte por la vagancia, antes bravo, era porque se usaban cadenas, el bravo era aquel que bailaba bien, el que era pachuco, pues la gente ahora confunde la valentía con traer pistola, ahora cualquier niño trae pistola y da un balazo y eso no se vale, eso es ser cobarde”. Un barrio al que quiso mucho y al que extrañó cuando se mudó a Santa Tere.
“El profe” ha sido arbitro de fútbol, futbolista, comentarista, tortero, maestro y mucho más. Es padre de tres hijos, abuelo de tres nietos y un gran bailador.
Debut y despedida
Desde chico le gustaba el fútbol, pero tenía un impedimento para jugar, era gordito, dice: “Como yo estaba gordito pues no me metían a jugar, iba a los equipos y me despreciaban, algo tenía que hacer”. Se hizo muy buen observador.
Llegado el tiempo se tituló como maestro, pero la oportunidad de tener una plaza le fue negada: “Me titulé hace 36 años en la Escuela Normal de Jalisco”, tuvo una plaza y la perdió -entre muchas otras cosas y con una breve historia de la que fue víctima- por no tener la cartilla liberada, ni el dinero para cubrir el viaje en avioneta, medio que lo llevaría a un lejano lugar para dar clases.
Se regresó a Guadalajara y es en El Santuario en donde el dueño de la carnicería “Filipinas” le ofreció su primer trabajo como entrenador del Filipinas, un equipo de fútbol y en donde “El profe” ganaba un sueldo equiparado con el que ganaría de maestro: “Del Filipinas salieron algunos jugadores que llegaron a profesional, el más conocido es Luis Placencia, que jugó con los Leones Negros de la Universidad de Guadalajara, y la verdad es que Luis llegó a profesional porque era un tipo muy aferrado, pero creo que ahí había jugadores de más calidad”.
Después de haber adquirido cierto reconocimiento “me invitaron al Club Deportivo Toluca, sucursal Guadalajara, en donde conocí a varios jugadores que llegaron a jugar en la liga profesional del Toluca, duré varios años, pero bastó que un día el encargado del Toluca me dijera que pusiera a jugar a un muchacho muy indisciplinado, sólo porque era amigo de un amigo de él, entonces yo le dije que hasta ese día entrenaba yo, porque el fútbol requiere disciplina. Ahí acabó mi carrera profesional como entrenador”.
La pasión por el fútbol
Una vez que se quedó sin su trabajo como entrenador, buscó la forma de ser independiente y entonces decidió poner el negocio de las tortas ahogadas. Habló con su mamá -quien tenía la receta de la salsa- y le dijo: “Esa salsa va a ser el éxito de éste negocio”. Originalmente la salsa era parte de una receta de chiles rellenos.
Una vez establecido le dio por hablar a la radio para comentar de fútbol: “(...) porque creo que se algo de fútbol, desde niño lo he visto y con la mala fortuna que un día hice enojar mucho a Enrique Bermúdez de la Cerna y a Pablo González , tanto que me esperaron afuera de un negocio y me pegaron entre los dos”.
Pero apenas comenzaba su historia como comentarista, pues en lugar de haberse mermado su fama, ocurrió exactamente lo contrario: “Alguien como Juan Mariano Bejar creyó en mí y me invitó a trabajar en una estación de radio, en donde realmente tuve un éxito grande. Empecé a trabajar de una manera que me gustaba, es decir, contando cuentos adaptándolos al fútbol, lo que muchos hacen hoy. Creo que yo fui el iniciador de esta forma de hacer radio, decían que era un payaso de la radio que contaba mis chistes, hoy creo que en todos los programas alguien lo hace”. Sin lugar a dudas “El profe” lo hace con mucha gracia, lo cual se puede comprobar en su negocio.
Su historia en los medios duró alrededor de 15 años. Sin embargo la permanencia no ha sido el fuerte de su carrera, pues muchas veces por contar la verdad- como dice él- del fútbol: “Me han corrido de seis o siete radiodifusoras, nada más por exponer lo que es el fútbol, por denunciar varios casos y es por decir mi verdad estoy fuera de los medios”.
Tras una pausa de cinco años hoy encuentra una puerta abierta en Canal 58, en donde en punto de las nueve de la mañana pueden escuchar por 10 minutos la verdad de “El profe”.
Le gusta el baile y dice que baila de todo: “ Nomás lo moderno no, porque si estoy bailando con una chica y la suelto para darle la vuelta, en el instante se pone a bailar con otro (broma). Me gusta bailar con lo que se agarre, sentir lo que se pega, eso es lo bonito…danzón, cha, cha, chá, charleston, cumbias sobre todo y salsa”.
También ha llevado su ritmo y alegría al grupo de diabéticos del Hospital de Zoquipán, en donde asegura que el baile y la risa son parte de la terapia para bajar la glucosa: “Yo como de todo pero me conservo bien; a mis 57 años de vida he hecho de todo, bueno casi de todo”.