Suplementos
El hombre del pueblo no busca escuchar la palabra de Dios
Jesús de Nazaret está rodeado del pueblo --son judíos-- en la sinagoga de Cafarnaum
No hay país del globo que no tenga, en mayor o menor número, familias pobres.
No hay ciudad sin el cinturón de familias agregadas y en condiciones económicas y de salud deplorables.
No hay día en que no encontremos a alguien que extiende su mano en demanda de una moneda “para comer”.
Son tema constante en la religión, en la política, esos porcentajes de la población. Los sociólogos, los psicólogos, estudian los problemas de los pobres. sus orígenes y las pistas de solución, aunque siempre la causa es la carencia de justicia.
¿Qué busca la gente?
El escenario de la página del Evangelio de este domingo décimo octavo ordinario del año, es así: Jesús de Nazaret está rodeado del pueblo --son judíos-- en la sinagoga de Cafarnaum.
Hace ocho días esos mismos fueron no solamente testigos de un portento, de un milagro, sino que fueron los beneficiados del poder y la bondad de Jesús, pues con cinco panes y dos pescados dio de comer a esa multitud.
Y lo volvieron a buscar, mas el Señor reconoció que eran los mismos y les dijo: “Yo les aseguro que ustedes no me andan buscando por haber visto signos, sino por haber comido de aquellos panes hasta saciarse”.
¿Qué buscaba esa gente? Quería otro milagro, quería comer otra vez.
A media mañana de un día ordinario el movimiento de hombres y mujeres que van y vuelven, el ir y venir de automóviles con personas que tienen prisa, nos hace pensar que todos se mueven por una necesidad, un interés, un gusto o un capricho.
Cada cabeza es un mundo y funciona según diversos intereses; muchos se mueven por deseos, incluso, de cosas perecederas.
“No trabajen por ese alimento que se acaba”
A los hombres de entonces, de después y de ahora, el Señor Jesús les aconseja que busquen más arriba.
Todos los anuncios de la televisión son ofertas atractivas para fomentar el consumismo en bienes materiales, en servicios.
Hoy la palabra mágica que es reflejo del mundo del siglo XXI y es comodidad; es una manera de evitar trabajos, molestias, esfuerzos. Pero en el Evangelio jamás se encontrará el confort como tema de vida. El Evangelio siempre quiere al creyente no sentado, ni acostado, sino con su propia cruz que trae consigo la vida; cada quien la lleva a la espalda y esá dispuesto a marchar en seguimiento del Maestro.
Por eso el Señor Jesús invita a buscar el alimento que no se acaba, y esto no para el cuerpo, sino para el espíritu.
Muchos concurrentes en la sinagoga de Cafarnaum buscaban disfrutar más pan y pescado, y se sintieron desilusionados porque el Maestro habló del alimento espiritual.
De la misma manera actúan numerosas personas en este tiempo, pues son insensibles a los temas de religión e ignoran la importancia de saber escuchar la Palabra de Dios.
José R. Ramírez Mercado
No hay ciudad sin el cinturón de familias agregadas y en condiciones económicas y de salud deplorables.
No hay día en que no encontremos a alguien que extiende su mano en demanda de una moneda “para comer”.
Son tema constante en la religión, en la política, esos porcentajes de la población. Los sociólogos, los psicólogos, estudian los problemas de los pobres. sus orígenes y las pistas de solución, aunque siempre la causa es la carencia de justicia.
¿Qué busca la gente?
El escenario de la página del Evangelio de este domingo décimo octavo ordinario del año, es así: Jesús de Nazaret está rodeado del pueblo --son judíos-- en la sinagoga de Cafarnaum.
Hace ocho días esos mismos fueron no solamente testigos de un portento, de un milagro, sino que fueron los beneficiados del poder y la bondad de Jesús, pues con cinco panes y dos pescados dio de comer a esa multitud.
Y lo volvieron a buscar, mas el Señor reconoció que eran los mismos y les dijo: “Yo les aseguro que ustedes no me andan buscando por haber visto signos, sino por haber comido de aquellos panes hasta saciarse”.
¿Qué buscaba esa gente? Quería otro milagro, quería comer otra vez.
A media mañana de un día ordinario el movimiento de hombres y mujeres que van y vuelven, el ir y venir de automóviles con personas que tienen prisa, nos hace pensar que todos se mueven por una necesidad, un interés, un gusto o un capricho.
Cada cabeza es un mundo y funciona según diversos intereses; muchos se mueven por deseos, incluso, de cosas perecederas.
“No trabajen por ese alimento que se acaba”
A los hombres de entonces, de después y de ahora, el Señor Jesús les aconseja que busquen más arriba.
Todos los anuncios de la televisión son ofertas atractivas para fomentar el consumismo en bienes materiales, en servicios.
Hoy la palabra mágica que es reflejo del mundo del siglo XXI y es comodidad; es una manera de evitar trabajos, molestias, esfuerzos. Pero en el Evangelio jamás se encontrará el confort como tema de vida. El Evangelio siempre quiere al creyente no sentado, ni acostado, sino con su propia cruz que trae consigo la vida; cada quien la lleva a la espalda y esá dispuesto a marchar en seguimiento del Maestro.
Por eso el Señor Jesús invita a buscar el alimento que no se acaba, y esto no para el cuerpo, sino para el espíritu.
Muchos concurrentes en la sinagoga de Cafarnaum buscaban disfrutar más pan y pescado, y se sintieron desilusionados porque el Maestro habló del alimento espiritual.
De la misma manera actúan numerosas personas en este tiempo, pues son insensibles a los temas de religión e ignoran la importancia de saber escuchar la Palabra de Dios.
José R. Ramírez Mercado