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El cuerpo en el centro de la percepción: Sharon Olds
En sus poemas prevalece la aceptación de una realidad erotizada por un lenguaje desencarnado y templado en la experiencia de la cercanía
GUADALAJARA, JALISCO (16/MAR/2014).- La poesía de Sharon Olds (San Francisco, EU, 1942) sobresale del resto de su generación por su lenguaje desnudo, su claridad y fuerza evocadora, pero también por su gran capacidad de derribar mitos a través de la sexualidad y el erotismo, su visión del cuerpo como centro de cualquier percepción del mundo.
De corte narrativo, o como ella misma ha dicho, “aparentemente confesional”, las poéticas anteriores a la suya con las que los críticos suelen asociarle como si se tratara de una heredera más que rebelde, distanciada, una rama injertada en un árbol genealógico, finalmente se reflejan en su propia idea de la poesía pero como el retrato de los ancestros en un espejo sucio y deforme.
La transparencia es una cualidad ineludible de los poemas de Olds, el trazo de imágenes y situaciones donde el cuerpo es el principio y la finalidad de toda comprensión: desplegado en su desnudez, exacerbado a través de la sexualidad. A diferencia de poetas como Silvia Plath, Elizabeth Bishop o Anne Sexton, no hay en su obra ningún reclamo por su condición femenina, lo que prevalece es la aceptación de una realidad erotizada por un lenguaje desencarnado y templado en la experiencia de la cercanía, como si tocara a los personajes de los que está hablando o frente a quienes mantiene su propio monólogo.
No necesita ir muy lejos: habla del amante, de ella misma como hija, mujer, madre… y nada sobrevive a su desmitificación de los lazos familiares, de pareja, sociales o religiosos: la relación erotizada entre padres e hijos, el aborto, la infidelidad, el suicidio, figuras socialmente dibujadas con un aura mítica como el papa o Marilyn Monroe, incluso la tortura practicada en los años de dictadura en Chile.
Cuenta ella misma que habiéndose graduado de Stanford y de haber estudiado un doctorado en la Universidad de Columbia, a los 37 años, sentada en la escalera de su edificio y con el título en su mochila, decidió hacer un trato con Satán. No el Satán de la Biblia sino aquél de “El paraíso perdido” de Milton: ella renunciaba a cuanto hubiera aprendido en la universidad con tal de poder escribir poemas verdaderamente personales, buenos o malos.
Un año después publicaría “Satán dice”, un volumen de poemas que inmediatamente la convirtió en una autora ineludible, dueña de un estilo poderoso y desacralizador, y sin duda alguna personal. El premio San Francisco Poetry Center enmarcaría esta primera obra, y desde entonces los honores y las distinciones, tan innecesarios como pueden llegar a serlo, le acompañarían en la publicación de sus nueve libros (y una selección, “Strike Sparks”, 2004). El último, “Stag’s Leap”, ganó nada menos que el Pulitzer en el 2012.
Pero lo que de verdad brilla es una obra construida, trabajada a tal grado que es capaz de convencernos por su naturalidad y crudo tratamiento de temas considerados literariamente como tabúes en una sociedad habituada a callar aquello que considera una invasión de su intimidad: la poeta se ha propuesto desmontarlos sistemáticamente en cada uno de sus libros.
Es famosa su carta abierta a la ex primera de dama de su país, Laura Bush, denegando la invitación a participar en el Festival Nacional del Libro en Washington, D.C., en el 2005: “Muchísimos norteamericanos que sintieron orgullo por nuestro país, ahora sienten angustia y vergüenza, por este régimen vigente de sangre, heridas y fuego. Pienso en el lino limpio de tu mesa, los cuchillos brillantes y las llamas de las velas, y no podría digerirlo”, escribió.
En español podemos encontrar tres de sus títulos: “Satán dice” en editorial Igitur, así como “El padre” y “Los muertos y los vivos” en Bartleby editores. En el blog “Zaidenwerg” (apellido del poeta argentino que gestiona el sitio) se encuentran algunos poemas de la autora muy bien traducidos, como “La especialista en babosas” o “Fin”. Yo decidí hacer mi propia versión de tres poemas que incluyo a continuación.
SEXO SIN AMOR
¿Cómo lo hacen, aquellos que hacen el amor
sin amor? Hermosos como bailarines,
deslizándose uno en otro como patinadores
sobre hielo, los dedos engarzados
al cuerpo del otro, los rostros
rojos como bistecs, como vino, mojados
como niños recién nacidos que sus madres biológicas
van a regalar. ¿Cómo es que si ellos
vienen vienen a Dios, vienen
a las aguas tranquilas, no aman
a quien los trajo consigo, luz
que asciende lenta como vapor a su propia
piel? Estos son los verdaderos religiosos,
los puristas, los profesionales, aquellos que no
aceptarán un falso Mesías, ni amarán
al sacerdote en lugar de a Dios. Ellos no
confunden al amante con su propio placer,
son como grandes corredores: saben que están solos,
expuestos al camino, al frío, al viento,
al amarre de sus zapatos, a su salud cardio-
vascular –sólo factores, como el compañero
en la cama, y no la verdad, porque el
simple cuerpo se halla solo en el universo
contra ésta, su propia mejor marca.
LA MUERTE DE MARILYN MONROE
Los paramédicos palparon su frío
cuerpo, lo cargaron, pesado como el hierro,
a la camilla, hicieron el intento de cerrarle
la boca, le cerraron los ojos, ataron
sus brazos a ambos lados, le apartaron un mechón
de cabello enredado, como si esto importara,
miraron la forma de sus pechos, planos
por la gravedad bajo la sábana,
se la llevaron, como si realmente fuera ella,
escaleras abajo.
Estos hombres ya no eran los mismos. Al salir
del trabajo, como siempre,
fueron a beber uno o dos tragos,
pero no podían verse a los ojos.
Sus vidas dieron
un giro –uno padecía pesadillas, extraños
dolores, impotencia, depresión. Otro
despreciaba su trabajo, su esposa lo miraba
diferente, sus hijos. Incluso la Muerte
notó algo distinto en él –un lugar donde ella
estaría esperando,
y otro más se halló a sí mismo, de pie en la noche
ante la puerta de un dormitorio, escuchando
la respiración de una mujer, sólo la respiración
de una mujer
ordinaria.
que nos da una salida.
De corte narrativo, o como ella misma ha dicho, “aparentemente confesional”, las poéticas anteriores a la suya con las que los críticos suelen asociarle como si se tratara de una heredera más que rebelde, distanciada, una rama injertada en un árbol genealógico, finalmente se reflejan en su propia idea de la poesía pero como el retrato de los ancestros en un espejo sucio y deforme.
La transparencia es una cualidad ineludible de los poemas de Olds, el trazo de imágenes y situaciones donde el cuerpo es el principio y la finalidad de toda comprensión: desplegado en su desnudez, exacerbado a través de la sexualidad. A diferencia de poetas como Silvia Plath, Elizabeth Bishop o Anne Sexton, no hay en su obra ningún reclamo por su condición femenina, lo que prevalece es la aceptación de una realidad erotizada por un lenguaje desencarnado y templado en la experiencia de la cercanía, como si tocara a los personajes de los que está hablando o frente a quienes mantiene su propio monólogo.
No necesita ir muy lejos: habla del amante, de ella misma como hija, mujer, madre… y nada sobrevive a su desmitificación de los lazos familiares, de pareja, sociales o religiosos: la relación erotizada entre padres e hijos, el aborto, la infidelidad, el suicidio, figuras socialmente dibujadas con un aura mítica como el papa o Marilyn Monroe, incluso la tortura practicada en los años de dictadura en Chile.
Cuenta ella misma que habiéndose graduado de Stanford y de haber estudiado un doctorado en la Universidad de Columbia, a los 37 años, sentada en la escalera de su edificio y con el título en su mochila, decidió hacer un trato con Satán. No el Satán de la Biblia sino aquél de “El paraíso perdido” de Milton: ella renunciaba a cuanto hubiera aprendido en la universidad con tal de poder escribir poemas verdaderamente personales, buenos o malos.
Un año después publicaría “Satán dice”, un volumen de poemas que inmediatamente la convirtió en una autora ineludible, dueña de un estilo poderoso y desacralizador, y sin duda alguna personal. El premio San Francisco Poetry Center enmarcaría esta primera obra, y desde entonces los honores y las distinciones, tan innecesarios como pueden llegar a serlo, le acompañarían en la publicación de sus nueve libros (y una selección, “Strike Sparks”, 2004). El último, “Stag’s Leap”, ganó nada menos que el Pulitzer en el 2012.
Pero lo que de verdad brilla es una obra construida, trabajada a tal grado que es capaz de convencernos por su naturalidad y crudo tratamiento de temas considerados literariamente como tabúes en una sociedad habituada a callar aquello que considera una invasión de su intimidad: la poeta se ha propuesto desmontarlos sistemáticamente en cada uno de sus libros.
Es famosa su carta abierta a la ex primera de dama de su país, Laura Bush, denegando la invitación a participar en el Festival Nacional del Libro en Washington, D.C., en el 2005: “Muchísimos norteamericanos que sintieron orgullo por nuestro país, ahora sienten angustia y vergüenza, por este régimen vigente de sangre, heridas y fuego. Pienso en el lino limpio de tu mesa, los cuchillos brillantes y las llamas de las velas, y no podría digerirlo”, escribió.
En español podemos encontrar tres de sus títulos: “Satán dice” en editorial Igitur, así como “El padre” y “Los muertos y los vivos” en Bartleby editores. En el blog “Zaidenwerg” (apellido del poeta argentino que gestiona el sitio) se encuentran algunos poemas de la autora muy bien traducidos, como “La especialista en babosas” o “Fin”. Yo decidí hacer mi propia versión de tres poemas que incluyo a continuación.
SEXO SIN AMOR
¿Cómo lo hacen, aquellos que hacen el amor
sin amor? Hermosos como bailarines,
deslizándose uno en otro como patinadores
sobre hielo, los dedos engarzados
al cuerpo del otro, los rostros
rojos como bistecs, como vino, mojados
como niños recién nacidos que sus madres biológicas
van a regalar. ¿Cómo es que si ellos
vienen vienen a Dios, vienen
a las aguas tranquilas, no aman
a quien los trajo consigo, luz
que asciende lenta como vapor a su propia
piel? Estos son los verdaderos religiosos,
los puristas, los profesionales, aquellos que no
aceptarán un falso Mesías, ni amarán
al sacerdote en lugar de a Dios. Ellos no
confunden al amante con su propio placer,
son como grandes corredores: saben que están solos,
expuestos al camino, al frío, al viento,
al amarre de sus zapatos, a su salud cardio-
vascular –sólo factores, como el compañero
en la cama, y no la verdad, porque el
simple cuerpo se halla solo en el universo
contra ésta, su propia mejor marca.
LA MUERTE DE MARILYN MONROE
Los paramédicos palparon su frío
cuerpo, lo cargaron, pesado como el hierro,
a la camilla, hicieron el intento de cerrarle
la boca, le cerraron los ojos, ataron
sus brazos a ambos lados, le apartaron un mechón
de cabello enredado, como si esto importara,
miraron la forma de sus pechos, planos
por la gravedad bajo la sábana,
se la llevaron, como si realmente fuera ella,
escaleras abajo.
Estos hombres ya no eran los mismos. Al salir
del trabajo, como siempre,
fueron a beber uno o dos tragos,
pero no podían verse a los ojos.
Sus vidas dieron
un giro –uno padecía pesadillas, extraños
dolores, impotencia, depresión. Otro
despreciaba su trabajo, su esposa lo miraba
diferente, sus hijos. Incluso la Muerte
notó algo distinto en él –un lugar donde ella
estaría esperando,
y otro más se halló a sí mismo, de pie en la noche
ante la puerta de un dormitorio, escuchando
la respiración de una mujer, sólo la respiración
de una mujer
ordinaria.
que nos da una salida.