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El chavismo se juega en los municipios

Tras la ajustada victoria de Nicolás Maduro en abril pasado, las elecciones locales son un plebiscito sobre su polémica gestión

GUADALAJARA, JALISCO (08/DIC/2013).- El chavismo aún respira en la Venezuela pos-Hugo Chávez. El proyecto de Nicolás Maduro, como el primer presidente tras la muerte del líder de la Revolución Bolivariana se enfrenta este domingo a un reto fundamental en las elecciones municipales: disipar las dudas internas sobre sus primeros ocho meses de gestión presidencial en el Palacio de Miraflores. Aunque Maduro ha logrado mantener esa estructura territorial y política del Partido Socialista Unificado de Venezuela (PSUV) y del Polo Patriótico, unión de partidos y movimientos sociales que respaldan la Revolución Bolivariana, las dudas sobre si verdaderamente puede manejar la herencia de Chávez siguen presentes, incluso entre sus seguidores.

La apretada victoria en las elecciones de abril del año pasado (poco más de 1%) aunada a la difícil situación económica del país y una creciente violencia que afecta sobre todo a la capital Caracas, han comenzado a fracturar lentamente el hasta hace unos meses impenetrable bloque bolivariano.

En el lado de la oposición, han buscado rehuir a la figura de Chávez. Si desde la campaña presidencial, los asesores de Henrique Capriles le recomendaron eludir la figura de Chávez y buscar la polarización sobre la figura de Maduro, en estos comicios municipales el ataque al mandatario ha sido aún más claro. Para la oposición, el mensaje es muy sencillo: votar a favor del oficialismo es avalar la “irresponsable” gestión presidencial de Maduro. Así, Capriles ha planteado una elección plebiscitaria, buscando atraer incluso a esos bolivarianos moderados que no han logrado aceptar del todo al sucesor de Chávez.

El chavismo y su base municipal

Las encuestas dan la victoria al oficialismo por escaso margen (2 o 3%). Se juegan en total 337 municipalidad, y la oposición, la Mesa de la Unidad Democrática (MUD), se daría por bien servida si logra arrancar al chavismo entre 100 y 120 alcaldías. Recordemos que el oficialismo, al día de hoy, gobierna en 85% de las municipalidades, una mayoría incontestable. Así, el chavismo ha logrado contener los avances de la oposición en ciudades más grandes, o incluso en Caracas, con una estructura municipal y un voto duro en localidades pequeñas que hace muy complicado que la oposición forme una estructura verdaderamente nacional. Queda claro para los correligionarios de Capriles, que un paso para debilitar el poder absoluto del chavismo en amplias regiones de Venezuela, es competir en los municipios.

Y es que a nivel municipal, no olvidemos, es donde el Chavismo presenta resultados positivos en materia de alfabetización, inclusión y combate a la pobreza. Una mezcla entre clientelismo político, pero a la vez algunos resultados en materia de gestión pública, explica la fortaleza del chavismo en los ámbitos rural y municipal. Son las dos caras del chavismo: la agenda social y de combate a las desigualdades, pero también la agenda política clientelar y corporativista.

Maduro y los contrastes

No podemos negar que Maduro ha tomado pasos peligrosos en sus primeros meses al frente de Venezuela. Algunos creen que la deriva estatista y nacionalista de Maduro no necesariamente sigue la ruta de la Revolución Bolivariana que comenzó Chávez, sino que existe una redefinición que abraza aún más los cimientos del llamado “socialismo real”. Las decisiones que ha tomado Maduro, particularmente en materia económica, han fortalecido al aparato y a la estructura del Estado. La ley de precios máximos, llamada por el presidente Maduro, la Ley Orgánica de Costos, Ganancias y Precios Justos pone límites a los precios en electrodomésticos, televisiones y distintos artículos, incluso automóviles. Las filas son interminables y las tiendas presentan un desabasto considerable. Es decir, la demanda se comió a la oferta.

Ante esto, Maduro decidió también tomar control sobre distintas tiendas para evitar el desabasto y los abusos de precios contra los  ciudadanos. Tal parece, que cada decisión tomada por Maduro en materia económica lo lleva a alguna otra reforma que contenga sus efectos perniciosos: el combate a la inflación llevó a la Ley de Precios Máximos, la ley de Precios Máximos llevó al control del desabasto; y el control de desabasto a la nacionalización de una buena parte del sector servicios. ¿Es sustentable este manejo de la economía?

Al fin y al cabo, y como diferenciación clave con Cuba, Venezuela es el país con más petróleo del mundo (cerca de 300 mil millones de barriles, 30 veces más que México). Sin embargo, los datos son muy alarmantes: la inflación en Venezuela alcanza 54% y 60% en el sector de los alimentos. Y los pronósticos para 2014 mantienen la inflación en dos dígitos con posibilidades de desbalances claros tanto en las cuentas públicas como en el sector petrolero. La crisis de desabasto ha llegado a tal nivel que la soberanía alimenticia del país, uno de los propósitos de la Revolución Bolivariana, luce lejana. Al día de hoy, Venezuela importa alimentos por un valor total mensual de cinco mil millones de dólares (unos 65 mil millones de pesos), una cantidad nunca antes vista. Y para colmo, Transparencia Internacional colocó a Venezuela como el país número 165 en materia de corrupción (de un total de 174 países analizados en el estudio).  

En materia de seguridad, los resultados tampoco avalan la gestión de Maduro. Venezuela se ha convertido en el segundo país más violento de América Latina, por debajo solamente de Honduras. Caracas presenta un índice de asesinatos de 60 por cada 100 mil habitantes, una cifra que triplica el promedio de México como país y está en consonancia con ciudades mexicanas del tamaño y la peligrosidad de Ciudad Juárez.

Sin embargo, a pesar de esta serie de indicadores que dibujan una Venezuela económicamente inestable y con muy pocos avances en materia de combate a la inseguridad, las encuestas marcan una ligera tendencia a favor del oficialismo. Incluso, paradójicamente, en el último estudio de Latinobarómetro sobre satisfacción con la democracia, los venezolanos son en América Latina los que expresan mayor satisfacción con el régimen democrático de su país. Mucho más que México o Costa Rica, que suelen ser vistos como democracias con instituciones más sólidas. Y es que hay un principio político que el chavismo ha logrado con mucha claridad: la inclusión. Tras décadas de gobiernos que implementaron políticas públicas de exclusión sobre todo contra los más desfavorecidos, el chavismo ha sido visto como “una democracia para los excluidos”, “una democracia para los pobres”. Si bien, Venezuela dista mucho de ser un modelo democrático pluralista, con medios de comunicación libres y contrapesos institucionales necesarios, el sistema popular chavista ha formado una identidad en sus electores, que más que de izquierda o de derecha, son chavistas y bolivarianos.

• Oposición: elecciones plebiscitarias

La oposición ha logrado ir unida a estos comicios municipales. La MUD alcanzó acuerdos de candidatos en prácticamente los 337 municipios y los poco más de dos mil 500 concejales que serán electos hoy. La oposición ha construido la figura de un Maduro irresponsable, poco serio e incapaz de llevar las riendas del país. Su última ocurrencia: la creación del Viceministerio de la Suprema Felicidad del Pueblo Venezolano, fue una noticia que dio la vuelta al mundo. Sin embargo, y aunque la oposición tiene en la mira conquistar municipios de buen tamaño, mientras el chavismo saque mayor porcentaje y con un Consejo Nacional Electoral que respalda al chavismo, difícilmente habrá una nueva correlación de poderes fruto de la elección de hoy.

Brasil y Cuba han sido también temas claves en una campaña municipal que por sus características se ha vuelto nacional. No son pocos los especialistas y analistas de la realidad latinoamericana que ven en Brasil a un país clave que pudiera “moderar” la deriva centralista, y autoritaria dicen algunos, del presidente Maduro. Dilma Rousseff se ha mantenido al margen de los debates internos de Venezuela, sin embargo no se descarta que sin Chávez, y con un débil Maduro, Brasil vea la oportunidad de consolidar aún más su liderazgo regional en países pertenecientes al bloque ALBA. Y Cuba, por su lado, sigue siendo el oráculo divino para parte del chavismo. A diferencia de Diosdado Cabello, el otro un hombre fuerte del chavismo formado en las bases nacionalistas, la mira de Maduro siempre ha estado en respetar la conexión con la Habana y con los hermanos Castro.

Las elecciones de hoy son una estación más para juzgar el devenir del chavismo tras la muerte de Hugo Chávez. Nicolás Maduro y Henrique Capriles roban la imagen de campaña de sus respectivas plataformas políticas y el debate municipal prácticamente no existe. Lo cierto es que en condiciones normales, con una economía estancada, con poca generación de empleos y con niveles de inseguridad que rebasan topes históricos, cualquiera se imaginaría un voto de castigo al chavismo en esta elección. Las encuestas no marcan un golpe al proyecto bolivariano, sin embargo todo dependerá de la capacidad de la oposición para sacar a los indecisos y a los abstencionistas a votar, como lo hicieron en las elecciones de abril.

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