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El arquitecto enamorado

Alejandro Zohn realmente amaba su profesión, por eso no perdía ningún detalle a la hora de vislumbrar un proyecto

GUADALAJARA, JALISCO (09/AGO/2015).- En 1999, en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, Alejandro Zohn recibió el homenaje de ArpaFIL, y un año después le sería entregado el Premio Jalisco en Artes, pero ya no hubo tiempo. Además de estos reconocimientos, la trayectoria del ingeniero civil y arquitecto le valió la insignia “José Clemente Orozco” (Premio Jalisco 1957), el Premio “Jalisco a sus Arquitectos Distinguidos” (1964), el Premio Anual de Arquitectura Jalisco 1986, 1992, 1993, con distinción en Diseño Arquitectónico y Honoris Causa en 1991; y la medalla de oro y Gran Premio de la Academia Internacional de Arquitectura en la VI Bienal de Sofía, Bulgaria (1991), entre otros.

“Realmente estaba apasionado y convencido de que ésa era su profesión, y eso es lo que se me hace más envidiable. Creo que el hecho de que haya tenido las dos carreras —ingenieria civil y arquitectura— hacía de su obra algo que tuviera mucha racionalidad, mucho conocimiento desde el inicio hasta el final de cómo iban a quedar las cosas, desde la estructura en sí, hasta los acabados”, dice Laura Zohn.

Añade que uno de los rasgos esenciales de la obra de su padre, fue el uso de materiales adecuados para cada región, o bien, acordes a las necesidades específicas de cada inmueble. Así, la casa que construyó en Puerto Vallarta se hizo con palapas, ladrillo de lama, azulejos;en tanto que para el edificio de Archivos del Estado recurrió al concreto.

“Siempre trató de dar lo mejor en todos los sentidos y de acuerdo al contexto: si era un edificio de oficinas o de departamentos o un edificio comercial o una casa del nivel económico que fuera, si era algo para el gobierno, siempre trataba de ver cuál era el usuario, el contexto, el presupuesto, los tiempos de construcción, para quién era, uso de materiales, asoleamiento, ventilación”.

Laura afirma que es difícil encasillar el estilo de Alejandro Zohn:“La obra de mi papá fue cambiante, de acuerdo a su época. Exploró los paraboloides, luego el concreto con sus estrías naturales de acuerdo a la cimbra que ponía, porque decía que era mucho más durable que estar pinte y pinte, sobre todo edificios públicos. Podríamos definirlo más por las líneas rectas —con algunas diagonales— que con curvas, que empezó a hacerlas en proyecto, pero ahí se quedaron”.

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