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El Salto de Aranjuez

El Cerro de Talpa tiene incontables tesoros por presumir ante los aventureros

GUADALAJARA, JALISCO (08/NOV/2015).- En el cerro de Talpa, llamado Piedra Rajada, nace en su costado oriente el hermoso Arroyo el Salto, que al acercarse a Aranjuez realiza una espectacular cascada, conocida como, “El Salto de Aranjuez”.

Manuel Carrillo Dueñas puso en tinta: “Fue hacia 1540 cuando el encomendero Juan Fernández de Hijar, hizo su entrada más o menos pacifica al escondido pueblo de Tlallipan, recibió su obediencia y trató de probar a sus moradores que era posible la convivencia pacífica con los blancos. Fue entonces cuando se abrió una nueva página para la historia de este pueblo. En las postrimerías del siglo XVI (1599), a raíz del descubrimiento de los ricos minerales de Aranjuez, vinieron a establecerse en estas tierras las primeras familias europeas. La necesidad de contar con un centro de población bien organizado, obligó a aquellos buscadores de oro a fundar un pueblo… Fue así como, por un decreto de la Real Audiencia de Guadalajara y con todas las formalidades que requerían las leyes y costumbres de la época, vio la luz primera el pueblo que recibió el título de Santiago de Tlalpa”. Antonio Ibarra refirió: “el Real de San José de Aranjuez (Situado en la falda oriental de la sierra de Cacoma… el mineral se benefició de las aguas de un afluente del río del mismo nombre)… La efímera existencia del Real de San José de Aranjuez, entre 1801 y 1804, le impidió figurar en las relaciones geográficas de la época”. Y Anna Celia Castillón Dueñas nos dice: “La primera mina de la zona es La Descubridora  de Aranjuez, la cual fue trabajada por nacionales y norteamericanos hasta la época de la Revolución Mexicana, siendo posteriormente trabajada por compañías regionales (Guadalupe Rodríguez Hernández). En el área de Aranjuez, se tienen minas de importancia como son: La América y La Atalaya que producen plata, plomo y zinc en abundancia… Las zonas mineras de la región en las que se presentaron mayor número de denuncias fueron: Cuale, San Sebastián, Aranjuez, Bramador y Talpa”.

De la encantadora garganta del Arroyo Toledo, regresamos a Talpa, donde nos registramos en el agradable Hotel Pedregal y posteriormente fuimos enfrente, a El Herradero y degustamos una rica lengua en salsa verde, con tortillas hechas a mano. Más tarde, caminamos por la plaza, visitamos la basílica y la parroquia. Recorrimos unos portales y observamos el proceso del rollo de guayaba, adquirimos unos pues a Cherie le encantan. 

Al día siguiente, después de una deliciosa birria y un sabroso café en el mercado, partimos con dirección a Aranjuez por la alameda, luego de la aeropista el camino fue bordeando el bonito Arroyo Aranjuez, alegrado por diversas frondas, pasando Tepeguajes nos paramos a apreciarlo, franqueado por regulares piedras, y llenando fosas. Enseguida de una pendiente, entramos a Aranjuez, conformada por bonitas casas de agradables corredores, uno con horcones de encino, otro con plantas en su barbicana y un tercero con ollas colgando en su viga, ollas con plantas floridas, ollas que dejaron de servir en la cocina, lucen en el corredor.

Luego de Aranjuez, el sendero estaba delimitado por paredes verdes, compuestas por tupidos follajes. Al llegar al preciosos Arroyo el Salto nos detuvimos a verlo, corría con donaire entre diversos árboles. A unos pasos abrimos una puerta de un potrero y seguimos su vereda, el rocío se manifestaba sobre las plantas y la neblina envolvía los pinos vecinos.

La vereda fue bordeando el Arroyo, que nos fue enseñando sus saltitos y sus tinajas. A poca distancia empezamos a escuchar el Salto de Aranjuez, después de pasar unas piedras y unos árboles se dejó mirar, era una maravillosa cascada, que hacía dos pequeñas caídas y luego realizaba una alta, bifurcándose en dos chorros, pegados a una pared rocosa, casi vertical, enmarcada y contrastada por plantas adheridas al paredón. Admiramos aquella bella cascada con desbordante emoción por un buen rato, nos acordamos del Concierto de Aranjuez.

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