Suplementos
El Reino de los cielos
Mil veces habremos leído el Evangelio y no llegamos a comprender las palabras de Cristo Jesús nuestro Señor
Cada vez que rezamos el Padre Nuestro decimos, acaso entre dientes: “Venga a nosotros tu Reino”..., pero a lo mejor no sabemos lo que eso significa.
Porque cuando Jesús predicaba a sus paisanos, no lo entendieron, y nosotros, en este flamante siglo XXI, tampoco lo hemos entendido, a pesar de que hemos llegado tan lejos y tan alto en conocimientos, en tecnología y en inventos.
Mil veces habremos leído el Evangelio y no llegamos a comprender las palabras de Cristo Jesús nuestro Señor, porque Él habló bien claro, pero a la vez nosotros seguimos buscando en otros ámbitos, porque nuestros esquemas mentales son difíciles de romper.
Y mientras tanto pasamos por este mundo en donde nada nos gusta, nada nos complace...
Vamos siempre inquietos, siempre deseando lo distinto, siempre buscando lo diferente, o tratando de saciar la sed espiritual con lo material a través del cuerpo.
Olvidamos que el Señor Jesús nos dijo que “el Reino de los cielos no es cuestión de comida ni de bebida”; por eso ni los mejores manjares nos satisfacen, ni las mejores bebidas quitan la sed.
ORACION
Dios mío, yo quiero creer que cuando venga tu Reino
llegarán el cielo nuevo, así como la tierra nueva
de la cual hablaron tanto los profetas;
la misma que Jesús nos prometió.
Yo sé que entonces se cumplirán
todas nuestras perspectivas
y se colmarán nuestros más íntimos anhelos.
Ya no desearemos ni buscaremos nada más,
porque estaremos contigo y en ti, Señor.
Entonces amanecerá un nuevo día,
y nosotros también seremos hombres nuevos.
Porque Tú, Señor, estás presente
en todo cuanto existe, en lo concreto de mi realidad,
allí donde yo estoy metido: en mi trabajo,
en mi familia, en mis aspiraciones
y en los sublimes deseos de algo mejor.
Cuando yo me decida a estar contigo, Señor,
y a dejarte reinar en mi corazón,
ese día sentiré el gozo de quien llega por fin
a la Patria anhelada y seré feliz contigo para siempre.
En Cuaresma
Hoy que estamos empezando la Cuaresma, sin duda hemos escuchado insistentemente la palabra “conversión”, y a lo mejor --o a lo peor-- no hemos entendido plenamente su significado profundo, que es el de movernos a la órbita divina, donde el corazón se orienta a Dios.
Si el Miércoles de Ceniza nos dijeron: “Acuérdate de que eres polvo y al polvo vas a volver...”, tal vez tendríamos que traducirlo: “Acuérdate de que eres polvo y a Dios tienes que regresar”, pero ahora como polvo luminoso, santificado por la gracia y por el amor de Cristo Jesús.
Entonces será hermoso regresar a los brazos amorosos de nuestro Padre Dios, y tendremos la oportunidad de encontrar la verdadera paz del corazón, porque estaremos ya entrando de lleno en el Reino de Dios.
María Belén Sánchez fsp
Porque cuando Jesús predicaba a sus paisanos, no lo entendieron, y nosotros, en este flamante siglo XXI, tampoco lo hemos entendido, a pesar de que hemos llegado tan lejos y tan alto en conocimientos, en tecnología y en inventos.
Mil veces habremos leído el Evangelio y no llegamos a comprender las palabras de Cristo Jesús nuestro Señor, porque Él habló bien claro, pero a la vez nosotros seguimos buscando en otros ámbitos, porque nuestros esquemas mentales son difíciles de romper.
Y mientras tanto pasamos por este mundo en donde nada nos gusta, nada nos complace...
Vamos siempre inquietos, siempre deseando lo distinto, siempre buscando lo diferente, o tratando de saciar la sed espiritual con lo material a través del cuerpo.
Olvidamos que el Señor Jesús nos dijo que “el Reino de los cielos no es cuestión de comida ni de bebida”; por eso ni los mejores manjares nos satisfacen, ni las mejores bebidas quitan la sed.
ORACION
Dios mío, yo quiero creer que cuando venga tu Reino
llegarán el cielo nuevo, así como la tierra nueva
de la cual hablaron tanto los profetas;
la misma que Jesús nos prometió.
Yo sé que entonces se cumplirán
todas nuestras perspectivas
y se colmarán nuestros más íntimos anhelos.
Ya no desearemos ni buscaremos nada más,
porque estaremos contigo y en ti, Señor.
Entonces amanecerá un nuevo día,
y nosotros también seremos hombres nuevos.
Porque Tú, Señor, estás presente
en todo cuanto existe, en lo concreto de mi realidad,
allí donde yo estoy metido: en mi trabajo,
en mi familia, en mis aspiraciones
y en los sublimes deseos de algo mejor.
Cuando yo me decida a estar contigo, Señor,
y a dejarte reinar en mi corazón,
ese día sentiré el gozo de quien llega por fin
a la Patria anhelada y seré feliz contigo para siempre.
En Cuaresma
Hoy que estamos empezando la Cuaresma, sin duda hemos escuchado insistentemente la palabra “conversión”, y a lo mejor --o a lo peor-- no hemos entendido plenamente su significado profundo, que es el de movernos a la órbita divina, donde el corazón se orienta a Dios.
Si el Miércoles de Ceniza nos dijeron: “Acuérdate de que eres polvo y al polvo vas a volver...”, tal vez tendríamos que traducirlo: “Acuérdate de que eres polvo y a Dios tienes que regresar”, pero ahora como polvo luminoso, santificado por la gracia y por el amor de Cristo Jesús.
Entonces será hermoso regresar a los brazos amorosos de nuestro Padre Dios, y tendremos la oportunidad de encontrar la verdadera paz del corazón, porque estaremos ya entrando de lleno en el Reino de Dios.
María Belén Sánchez fsp