Suplementos

El Espíritu de Dios llega al hombre

El Concilio Vaticano II (1961-1965) afirmó que todos los hombres participan en el misterio pascual

     En este domingo vigésimo sexto ordinario el evangelista San Marcos presenta en diez versículos del capítulo noveno, tres enseñanzas del Maestro a discípulos, porque los está preparando, ya que sobre ellos va a recaer la grave responsabilidad de poner en camino su Reino, la Iglesia.
     Todo empieza cuando Juan --joven inexperto-- llega ante el Señor con una, según él, desagradable noticia: “Maestro, hemos visto a uno que expulsaba demonios en tu nombre, y tratamos de impedírselo porque no era de los nuestros”.
     Refleja esta actitud entonces, como se puede manifestar ahora también, cierto exclusivismo o competencia de los que se sienten únicos; por eso los integristas y los progresistas, cada uno desde su barrera, exageran las posturas de los contrarios.
     Muchos problemas ha sobrellevado --y solucionado algunos-- la Iglesia, ante actitudes radicales y partidistas, cuando una sola cosa es necesaria:

Ser fieles al mensaje del Evangelio

     Ni el Espíritu, ni el Señor, son privilegio de unos pocos. El Concilio Vaticano II (1961-1965) afirmó que todos los hombres participan en el misterio pascual. “Ciertamente apremian al cristiano la necesidad y el deber de luchar por muchas tribulaciones contra el mal, e incluso de sufrir la muerte de Cristo, podría ir al encuentro de la resurrección robustecido por la esperanza. Todo eso es válido no sólo para los que creen en Cristo, sino para todos los hombres de buena voluntad, en cuyo corazón obra la gracia de un modo invisible, puesto que Cristo murió por todos y la vocación del hombre es la misma...”. (Gaudium et Spes No. 22).
     Primero los cristianos, por el don de la fe; mas no sólo ellos pueden  y deben luchar por la justicia y la paz, y es el momento de recalcar: no sólo ellos, los cristianos, sino todos los hombres de buena voluntad.
     Así enseña el Maestro con esa actitud, que es comprensión y es apertura: “No se lo impidáis, porque nadie puede hacer un milagro en mi nombre y luego hablar de mí. Y el que no está contra nosotros, está con nosotros”.

Construir una sociedad más fuerte

     A lo largo de la historia se han ido construyendo y sucediendo diversos modelos de vida social; regímenes políticos con diversas ideologías, con frutos a veces positivos o, en otras ocasiones, opresores y origen de conflictos.
     Un hombre con profunda visión es, en este siglo, el Papa Benedicto XVI. Con la responsabilidad de pastor universal, ha dado a los hombres de ahora una carta encíclica: “La Caridad en la Verdad”, sobre el desarrollo humano integral en la caridad y la verdad, firmada el pasado 27 de junio, fiesta de los apóstoles Pedro y Pablo.
     El contenido es una reflexión muy profunda y una visión progresista hacia un futuro, fruto de la reflexión y la experiencia de un hombre lleno de caridad y con la verdad en que ha vivido en su larga experiencia.
     Dentro de esta reflexión sobre el Evangelio del domingo, cabe sólo en este breve espacio la noticia, para interesar a quienes lean estas líneas, a encontrar en la lectura y la meditación de la encíclica la visión cristiana en esa búsqueda perpetua del hombre, para tener un mayor dominio de los bienes de la naturaleza y del mundo en justa distribución para todos.
     La encíclica va dirigida primero a los cristianos y luego “a todos los hombres de buena voluntad”.
     Con sentido evangélico el Papa llama no sólo a los fieles cristianos, sino a todos los hombres de buen voluntad, a comprometerse con valentía y generosidad en el campo de la justicia y la paz.

El desarrollo humano en nuestro tiempo

     La encíclica en ciento doce páginas está dispuesta en seis breves capítulos, más la introducción y la conclusión.
     Retoma en el capítulo primero el mensaje de la encíclica “Populorum Progressio” de Paulo VI --publicada hace más de cuarenta años, después de la conclusión del Concilio Ecuménico Vaticano II--, que profundizó en que la Iglesia, estando al servicio de Dios, está al servicio del mundo en términos de amor y verdad.
     Paulo VI pone pues en guardia sobre la ideología tecnocrática, hoy particularmente arraigada, consciente del gran riesgo de confiar todo el proceso del desarrollo sólo en la técnica, porque de este modo quedarían sin orientación. En sí misma, la técnica es ambivalente.
     Después del comentario sobre los documentos anteriores relativos a la doctrina social de la Iglesia, en el capítulo segundo hace el Papa un estudio sobre el desarrollo en múltiples ámbitos: económico, tecnológico, social, laboral, cultural. Entra en los análisis de la pobreza, el hambre, la inseguridad, el respeto a la vida y la apertura a un nuevo desarrollo.
     El capítulo quinto es un llamado pidiendo la colaboración de la familia humana. “El desarrollo de los pueblos depende sobre todo de que se reconozcan como parte de una sola familia”, y hace una afirmación fuerte: “La religión cristiana y las otras religiones pueden contribuir al desarrollo, solamente si Dios tiene un lugar en la vida pública. Sin Dios, el hombre no sabe dónde ir, ni tampoco logra entender quién es”.
     “El desarrollo necesita cristianos con los brazos levantados hacia Dios, en oración; cristianos conscientes de que del amor lleno de verdad procede el auténtico desarrollo. Ojalá que todos profetizaran”.

“El que les dé de beber un vaso de agua
porque pertenecen a Cristo,
no quedará sin recompensa”

     Es otra parte de la enseñanza de Cristo a sus discípulos, con doble contenido: ver en el prójimo la imagen de Cristo, y así ser generosos en la dádiva y en el servicio; y además la certeza de la magnanimidad de Dios, dispuesto a recompensar cuanto se haga por él y en su nombre.
     Es un intercambio en que el hombre siempre es el ganancioso; así un día les aseguró que recibirían cien veces más, a cambio de lo que por Él se desprendieran.

“Y al que sea
ocasión de pecado...”

     El Maestro contempla la lección de ese día, al poner en manifiesto lo horrible que es el escándalo. Hasta la palabra es desagradable, porque etimológicamente significa piedra de tropiezo, y por desgracia siempre está presente por la flaqueza del ser humano o por su malicia.
     Escándalo es cualquier hecho o dicho que incite al mal, al pecado. Quien es reo de escándalo tiene la grave obligación de reparar el mal. Para que el cristiano se esfuerce por evitar todo aquello que sea ocasión de escándalo, el Maestro emplea en este tema un lenguaje muy fuerte: “Si tu mano es ocasión de pecado, córtatela; así también de tu pie, de tu ojo...”.
     Aquí se trata del escándalo activo, de parte del que lo provoca, y no del pasivo, de parte de quien lo recibe. “¡Ay del hombre por quien viene el escándalo!” (Mateo 18, 7). Así exclamó el Señor porque han sido muy graves los daños entonces y ahora, como piedras arrojadas contra los inocentes, los débiles, los indefensos.
     Un santo, san Pedro Crisólogo, decía: “El escándalo es la peor de todas las pestes”. Ahora que andan muchos asustados por la gripe, por el dengue, ¿por qué no se cuidan muchos de no ser jamás ocasión de escándalo? Porque con progresiva desvergüenza y con el auxilio de los medios masivos de comunicación, siembran cizaña, siembran el mal...”.
     Y la enseñanza concluye con una severa amenaza: que se prevengan de ser ocasión de escándalo, para no ir al lugar de castigo “donde el gusano no se mueve y el fuego no se apaga”.

Pbro. José R. Ramírez   
      
 

Temas

Sigue navegando