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El Edén

El Grillo, cerro zacatecano que atesora una espléndida mina por su variado contenido de plata, bronce, oro y zinc

GUADALAJARA, JALISCO (18/DIC/2016).- El Grillo, cerro zacatecano que atesora una espléndida mina, que por su variado contenido de plata, bronce, oro, zinc, plomo y fierro, se le nombró: “El Edén”. Por 1588 inició su explotación y para 1960 se dejó de laborar por las inundaciones, que impedían la continuidad. El 1° de enero de 1975, se abrió al público, por las entradas de los socavones: El Grillo y La Esperanza, los visitantes eran introducidos a través de carritos mineros.

Puentes colgantes ligaban los túneles, a 180 metros bajo tierra. Se puso una tienda de minerales, rocas y artesanías y, sonó la discoteca “El Malacate”, en donde se trituraban y molían los minerales. Un recoveco se eligió para el altar del Niño de Atocha, milagroso de Plateros, se dice que varios mineros atrapados lograron salvar su vida por haberse encomendado a él. Y al acabar el recorrido una cascada artificial mostraba sus encantos.

En los albores del presente siglo fue embellecida la mina con el mural “La criba”, de Alfonso López Monreal, en el Socavón la Esperanza y un espacio albergó una admirable colección de más de doscientas piezas de minerales y rocas, donadas por el ingeniero Juan Manuel Navarro, piezas que fue juntando por el mundo, con entusiasmo y paciencia. Las piezas se fueron colocando en vitrinas acristaladas para mostrar su belleza.

Y El Edén se convirtió en Museo de Rocas y Minerales, abriendo sus puertas como tal, el 9 de agosto de 2005, pasando a ser el primer museo bajo tierra en la República.

Al regresar del Mausoleo de los Hombres Ilustres, fuimos contemplando pausadamente las panorámicas que el andador nos fue ofreciendo. Enseguida del mirador de la Bufa, miramos el vistoso y cautivador Observatorio Meteorológico, asentado sobre el Crestón Chico, de planta octagonal, de dos pisos y con un vano vertical por cara, edificado por el Instituto de Ciencias, inaugurado el 1° de diciembre de 1906. A corta distancia, nos subimos emocionados a un carro del teleférico y a mirar el hermoso casco del poblado minero desde lo alto, en movimiento y descendiendo al Cerro el Grillo. Se instaló en 1979 y cruza la ciudad, por 650 metros, a una altura máxima de 85 m.

A unos pasos estábamos en El Edén, en eso pitó el tren, el cual correría entre el caserío zacatecano. La entrada, animada por molinos de piedra, la puerta arqueada sobre capiteles dóricos y en la cara del arco una inscripción: MINA EL EDÉN.

Nos pusimos unos cascos y seguimos a nuestro guía por las entrañas del cerro, el túnel, apuntalado por vigas de madera, luego de los puntales, mineros en diversas faenas se fueron apareciendo: uno sosteniendo una barra y otro golpeándola con un marro; unos subiendo minerales en un costal y otros subiéndolos sobre sus espaldas, en una escalera casi vertical, de madera y de altos peldaños, uno con dinamita y otro con canarios, detectores de aire malo.

Chorros de agua cayendo a fosas turquesa, las floritas daban toque morado y verde a los túneles. Miramos el altar del Niño de Atocha, con bastantes votos a los lados. El guía nos mostró unas paredes con plata y otras con oro falso, “no todo lo que brilla es oro”. Después vimos mineros de diferentes épocas compartiendo el mismo espacio, uno con barrenadora. Un sonriente minero con vasija nos dio la bienvenida al insólito museo. Admiramos unos preciosos fósiles de peces en placa de ceniza, un calamar y turritelas.

Luego, bellas piedras: cortes geoda, meteoritos, melanitas, cuarzos, fluoritas, calcitas y yesos, piedras blancas que parecían flores, unas con salientes naranjas, otras con puntas doradas, piedras con hexágonos y octágonos, una plateada y otra negra con incrustaciones doradas. Vimos herramienta: una máquina de pierna, una barrenadora, una aceitera, barras, barretas, llaves, prensas, marros, martillos, lámparas  de carbono, cribas para análisis de arcilla o pruebas de granulometría, poleas, malacates, carritos sobre rieles y otras cosas más.

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