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El Dios de mi corazón
¿Cuántos dioses hay?
¿Cuántos dioses hay? Hasta hace poco tiempo yo estaba convencida de que había un solo Dios, pero de pronto me he dado cuenta de que hay muchos, muchos dioses… y que cada persona lleva uno en su corazón.
Ciertamente el tema de las tres personas en Dios, no es algo fácil de explicar, pero antes de meternos en esas elucubraciones difíciles, sí podemos ahondar para ver cuál es el Dios que llevamos en el corazón, porque es muy probable que de allí se desprenda la confusión religiosa que a menudo vivimos.
Decimos que somos cristianos y no le creemos a Cristo, muchas veces ni siquiera sabemos lo elemental de su Mensaje.
Por eso vemos un mundo tan revuelto, tan lleno de cosas absurdas, que no llegamos a entender cómo personas que se dicen cristianas, católicas y muy religiosas, cometen atrocidades que ni siquiera humanamente son aceptables… y lo malo es que hasta creen que están haciendo bien y se consideran gentes buenas.
Podríamos ir por partes: la persona que tiene un “dios” en su corazón, se comporta a la altura de él. Esa vivencia va a dar calidad a su vida.
Ciertamente hay un sólo Dios que es el verdadero. Pero también hay muchos otros “dioses que podríamos llamarles “ídolos”, pero esta palabra también está ya distorsionada, porque consideramos ídolos tan sólo a las figuras de piedra o de barro que usaban como representaciones nuestros antepasados. Aunque sin duda podemos también dar características de ídolo a algunas imágenes que habitualmente usamos. Por ejemplo: la imagen de san Judas Tadeo, que tanto se ha popularizado en nuestros ambientes populares.
Si esta imagen no nos lleva a la Persona de Cristo Jesús nuestro Señor, si no nos encamina a conocer más y a vivir mejor el santo Evangelio; si tan sólo estamos poniendo nuestra confianza en él para cosas materiales, entonces se nos convierte en un auténtico ídolo.
Podríamos ciertamente analizar estas cosas mucho más ampliamente para llegar a identificar con sana objetividad cuál es el “dios” que llevamos en el corazón.
Podríamos preguntarnos:
¿Hacia dónde se dirigen los pensamientos y las aspiraciones de mi corazón cuando tengo tiempos libres?
¿A qué o a quien le dedico mi tiempo no obligado?
¿Cuál es la insignia que cuelgo de mi cuello o que prendo en mi solapa?
¿Qué poster o adorno uso para decorar mi habitación?
¿En quien pongo mi fe, mi confianza, mi oración, o sea la aspiración más profunda de mi corazón?
¿A quién hago una ofrenda de lo que soy, de lo que poseo o de lo que tengo?
¿A quien le llevamos flores?
Estos tips nos pueden dar a cada uno de nosotros una pista muy clara para descubrir cuál es el Dios que llevamos en el corazón, no en el que decimos de labios afuera, no en el que se nos figura que creemos, pero nunca le damos culto…
El Dios verdadero es el que Jesús nos ha revelado, y no es precisamente opcional, pero sí es necesario que se le acepte libremente.
En la próxima página de la semana que viene, vamos a ahondar un poco más acerca de quien y cómo es el Dios de Jesús, y nos daremos cuenta de si verdaderamente creemos en Él, o si andamos engañados o ilusionados con fantasías que nos alejan de la verdadera religiosidad, que es la que podría dar fuerza a todos nuestro ser y hacer y llevarnos por caminos de excelencia que darían una calidad superior a nuestras personas.
En este sentido también vamos a analizar nuestras devociones a la Virgen Santísima, para que de veras nos lleve al corazón de su Hijo Jesús nuestro Señor. Cualquier comentario, duda u objeción puedes hacérmelo llegar a:
palabradomingo@hotmail.com
María Belén Sánchez fsp
Ciertamente el tema de las tres personas en Dios, no es algo fácil de explicar, pero antes de meternos en esas elucubraciones difíciles, sí podemos ahondar para ver cuál es el Dios que llevamos en el corazón, porque es muy probable que de allí se desprenda la confusión religiosa que a menudo vivimos.
Decimos que somos cristianos y no le creemos a Cristo, muchas veces ni siquiera sabemos lo elemental de su Mensaje.
Por eso vemos un mundo tan revuelto, tan lleno de cosas absurdas, que no llegamos a entender cómo personas que se dicen cristianas, católicas y muy religiosas, cometen atrocidades que ni siquiera humanamente son aceptables… y lo malo es que hasta creen que están haciendo bien y se consideran gentes buenas.
Podríamos ir por partes: la persona que tiene un “dios” en su corazón, se comporta a la altura de él. Esa vivencia va a dar calidad a su vida.
Ciertamente hay un sólo Dios que es el verdadero. Pero también hay muchos otros “dioses que podríamos llamarles “ídolos”, pero esta palabra también está ya distorsionada, porque consideramos ídolos tan sólo a las figuras de piedra o de barro que usaban como representaciones nuestros antepasados. Aunque sin duda podemos también dar características de ídolo a algunas imágenes que habitualmente usamos. Por ejemplo: la imagen de san Judas Tadeo, que tanto se ha popularizado en nuestros ambientes populares.
Si esta imagen no nos lleva a la Persona de Cristo Jesús nuestro Señor, si no nos encamina a conocer más y a vivir mejor el santo Evangelio; si tan sólo estamos poniendo nuestra confianza en él para cosas materiales, entonces se nos convierte en un auténtico ídolo.
Podríamos ciertamente analizar estas cosas mucho más ampliamente para llegar a identificar con sana objetividad cuál es el “dios” que llevamos en el corazón.
Podríamos preguntarnos:
¿Hacia dónde se dirigen los pensamientos y las aspiraciones de mi corazón cuando tengo tiempos libres?
¿A qué o a quien le dedico mi tiempo no obligado?
¿Cuál es la insignia que cuelgo de mi cuello o que prendo en mi solapa?
¿Qué poster o adorno uso para decorar mi habitación?
¿En quien pongo mi fe, mi confianza, mi oración, o sea la aspiración más profunda de mi corazón?
¿A quién hago una ofrenda de lo que soy, de lo que poseo o de lo que tengo?
¿A quien le llevamos flores?
Estos tips nos pueden dar a cada uno de nosotros una pista muy clara para descubrir cuál es el Dios que llevamos en el corazón, no en el que decimos de labios afuera, no en el que se nos figura que creemos, pero nunca le damos culto…
El Dios verdadero es el que Jesús nos ha revelado, y no es precisamente opcional, pero sí es necesario que se le acepte libremente.
En la próxima página de la semana que viene, vamos a ahondar un poco más acerca de quien y cómo es el Dios de Jesús, y nos daremos cuenta de si verdaderamente creemos en Él, o si andamos engañados o ilusionados con fantasías que nos alejan de la verdadera religiosidad, que es la que podría dar fuerza a todos nuestro ser y hacer y llevarnos por caminos de excelencia que darían una calidad superior a nuestras personas.
En este sentido también vamos a analizar nuestras devociones a la Virgen Santísima, para que de veras nos lleve al corazón de su Hijo Jesús nuestro Señor. Cualquier comentario, duda u objeción puedes hacérmelo llegar a:
palabradomingo@hotmail.com
María Belén Sánchez fsp