Suplementos

¿Discípulo comprometido?

“Si alguno se viene conmigo y no pospone a su padre y a su madre, e incluso a sí mismo, no puede ser discípulo mío. Quien no lleve su cruz detrás de mí no puede ser discípulo mío...”

     En verdad que Jesús nunca siguió los estándares que la mayoría de los líderes del mundo promueven, respecto al trato con la gente. La mayoría de los líderes se relacionan con la gente tratando de ganarlos para su causa, ofreciéndoles beneficios que encontrarán al seguirlos, ya sean beneficios económicos, relacionales o ideológicos. Es así como la gente se enrola en todo tipo de causas, esperando que más adelante, y como consecuencia de seguir a la persona correcta, puedan obtener aquello que se les prometió.

     Jesús, en cambio, ejercía su liderazgo de una manera diferente. Según nos relata el evangelista Lucas en el capítulo 14, 25-33, el Maestro estaba gozando de una gran popularidad, ya que mucha gente le acompañaba y le escuchaba de buena gana; sin duda era el mejor momento para seguir reclutando adeptos para su causa, proponiéndoles algún plan que les animara a seguir con él. Después de todo, Jesús ya había demostrado su poder para sanar las enfermedades de la gente, y aún para darles de comer de una manera milagrosa, por lo que sin duda alguna todas las personas estarían convencidas y felices de seguirle a todos lados.

     Pero las palabras que Jesús dijo en ese día hicieron todo, menos motivar a la gente para la causa del Maestro. El Señor les dijo: “Si alguno se viene conmigo y no pospone a su padre y a su madre, e incluso a sí mismo, no puede ser discípulo mío. Quien no lleve su cruz detrás de mí no puede ser discípulo mío...”.

     La demanda de Jesús para poder ser uno de sus discípulos, no se concretaba a coincidir ideológicamente con Él, o tener simpatía por su persona, o sentirse interesado en sus enseñanzas; todo lo contrario, lo que Jesús estaba demandando era una lealtad por encima de cualquier afecto familiar, incluyendo padres, esposa, hijos, y hasta la persona misma.

     Este tipo de demandas acerca de una convicción, literalmente podía entenderse como un “todo o nada”, y aunque parece radical, es la esencia del verdadero evangelio. Jesús nunca vino a comprometerse parcialmente con la humanidad: vino a entregar todo, absolutamente todo, por ella, incluyendo su sangre. Esa entrega total de parte del Maestro demanda una respuesta similar, no para morir como Él, sino para vivir como el vivió.

     Cuando Jesús mencionó que todo discípulo de Él debería también cargar su propia cruz y seguirle, no se refería literalmente al hecho de que todos deberíamos ser azotados y crucificados tal y como Él lo fue, sino a que todo discípulo suyo debe estar dispuesto a vivir una vida negándose a sí mismo; es decir, poniendo en segundo lugar cualquier afecto o necesidad, siempre detrás de la voluntad de Jesús.

     Por supuesto que este mensaje desanimó a sus seguidores, muchos de los cuales ya no le siguieron después de que entendieron las demandas de Jesús. Esto no cambió la posición del Maestro, sino que mantuvo sus convicciones e incluso preguntó a sus discípulos más cercanos si ellos también querían irse. Es en estos momentos cuando se debe tomar una decisión: entregar completamente la vida a Jesús, o alejarse de Él para seguirle desde la comodidad de la falta de compromiso y la tibieza espiritual. ¿Qué va a decidir usted?

Ángel Flores Rivero
iglefamiliar@hotmail.com

Temas

Sigue navegando