Suplementos
De viajes y aventuras
El día en que las azoteas florezcan
Si las casas y los edificios simplemente crecieran como hongos desde las entrañas de la tierra, de seguro tendrían un pedazo de tierra -con plantas insectos y animales que la habitan- en el techo.
Las plantas seguirían viviendo en su lugar. Los insectos y los animales -aunque a diferente nivel- continuarían viviendo a su mismo ritmo.
Las lluvias después de enriquecer la vida, se irían por conductos adecuados, calmadas y sin sedimentos a ríos y mares. Las variaciones de temperatura serían casi imperceptibles. El paisaje continuaría florido. Y los humanos estaríamos más felices viviendo en un entorno más adecuado con nuestra naturaleza.
Es innegable que las plastas de concreto, yermas y desoladas nos están rodeando. Verdaderos comales, están siendo nuestros techos durante el verano (en ocasiones hasta 60 y 80º C), y hieleras inhóspitas en el invierno. Placas duras que repelen nubes. Cloacas que colectan lluvias ácidas que sin miramiento mandan a contaminar ríos y mares. Espacios que habiendo sido construidos a altos costos, son desperdiciados, yermos, inhabitables y refugio de instalaciones mal diseñadas y de triques indeseables.
En estos tiempos ya no se considera conveniente, práctico, o tan siquiera ético, que concibamos nuestro hábitat como una antítesis de la naturaleza.
Muy grata fue la impresión que tuvimos aquel día que nos dirigíamos a excursionar por “El Diente” (zona montañosa al Norte de Guadalajara con enormes rocas monolíticas) cuando vimos una serie de casas y edificios, distribuidos entre las barrancas que tenían… ¡Jardines en las azoteas!
Acababa de leer en el National Geographic y en revistas de arquitectura, ciertos artículos sobre este tema y pensamos que… ojalá que algún día “nos cayera el veinte” de hacer algo como esto en nuestra ciudad. Cuál sería nuestra sorpresa al encontrar -aquí mismo y ya realizado- lo que en revistas especializadas había leído.
Yolanda Michel, joven, guapa y talentosa arquitecto egresada del ITESO había sido quien, en coordinación con Constructora San Carlos y afrontando los riesgos que supone hacer un proyecto innovador, valientemente decidieron hacer que florecieran las azoteas en los edificios de aquel conjunto habitacional destinado a la venta.
Las sobrias proporciones de los muros blancos, contrastando con el verdor de las plantas en techos y andadores, hacían notar que la naturaleza imperaba en la arquitectura del lugar. Parecía que las construcciones eran una mera casualidad entre los desniveles de las barrancas y el lomerío donde encajaban. Precisamente la idea que expresaban las revistas.
Inútil sería decir que la excursión a El Diente, estuvo a punto de acabar en El Acantilado (así se llama el conjunto), porque además tuvimos la oportunidad de entrevistar a la autora del proyecto.
-¿Cómo es el proyecto de Techos Verdes?- le preguntamos a Yolanda.
-Muy sencillo- nos contestó con seguridad. -Es crear zonas jardinadas en las azoteas de concreto, para recuperar las áreas que una vez fueron verdes y que dispusimos de ellas para construir los edificios-.
-No, no es una idea ilusa ni novedosa- enfatizaba. -En muchas partes del mundo se están haciendo con éxito. ¿Costosas? Si, un poco a término inmediato. ¿Benéficas? Ni dudarlo. Pero… como todo en esta vida cuesta un poco el buen vivir; y es muy bueno balancear si queremos tener una gran chequera, o vivir mejor los años que nos quedan -nos decía sonriente-. Techos Verdes empezaba a ser una realidad en nuestra ciudad.
Cuando las azoteas florezcan, el carácter amable de los tapatíos volverá a aparecer, pensamos para nuestros adentros.
-Oye Yola, y… esto ¿cómo funciona?- le preguntamos.
-Mira, -nos explicaba- primero hay que poner la tradicional capa de aislante sobre el techo de concreto, que al estar aislada de los rayos solares durará eternamente. Sobre ella viene una membrana impermeable para aislar la “parte viva” de la construcción misma. Una fina capa que va sobre ella, impedirá que las raíces proliferen más allá de lo permitido. Otro material, como las que sirven para transportar los huevos, servirá para almacenar un poco de agua de reserva; y por los huecos de sus crestas se desalojarán los excedentes. Más arriba, una malla sostiene a la tierra vegetal, rica en nutrientes donde, mezclada con tezontle o algún material poroso para hacerla más ligera, la naturaleza podrá vivir a sus anchas- convencida nos describía las técnicas constructivas.
-Ahora-, abundaba en el tema -las plantas pueden ser suculentas (de hojas gorditas y acuosas) que son fáciles de cultivar, y ayudadas por riego automático el mantenimiento es prácticamente nulo. Aunque también hemos sabido de quienes es sus techos tienen un verdadero paisaje “natural”, o hasta un jardín de plantas sazonadoras para la cocina- nos decía emocionada.
Muy grato fue el saber que en arquitectura vanguardista…“También en (Guadalajara) San Juan hace aire”.
Más tarde, y muy contentos, seguimos hasta las enormes piedras que, también, vale mucho la pena proteger.
deviajesyaventuras@informador.com.mx
Las plantas seguirían viviendo en su lugar. Los insectos y los animales -aunque a diferente nivel- continuarían viviendo a su mismo ritmo.
Las lluvias después de enriquecer la vida, se irían por conductos adecuados, calmadas y sin sedimentos a ríos y mares. Las variaciones de temperatura serían casi imperceptibles. El paisaje continuaría florido. Y los humanos estaríamos más felices viviendo en un entorno más adecuado con nuestra naturaleza.
Es innegable que las plastas de concreto, yermas y desoladas nos están rodeando. Verdaderos comales, están siendo nuestros techos durante el verano (en ocasiones hasta 60 y 80º C), y hieleras inhóspitas en el invierno. Placas duras que repelen nubes. Cloacas que colectan lluvias ácidas que sin miramiento mandan a contaminar ríos y mares. Espacios que habiendo sido construidos a altos costos, son desperdiciados, yermos, inhabitables y refugio de instalaciones mal diseñadas y de triques indeseables.
En estos tiempos ya no se considera conveniente, práctico, o tan siquiera ético, que concibamos nuestro hábitat como una antítesis de la naturaleza.
Muy grata fue la impresión que tuvimos aquel día que nos dirigíamos a excursionar por “El Diente” (zona montañosa al Norte de Guadalajara con enormes rocas monolíticas) cuando vimos una serie de casas y edificios, distribuidos entre las barrancas que tenían… ¡Jardines en las azoteas!
Acababa de leer en el National Geographic y en revistas de arquitectura, ciertos artículos sobre este tema y pensamos que… ojalá que algún día “nos cayera el veinte” de hacer algo como esto en nuestra ciudad. Cuál sería nuestra sorpresa al encontrar -aquí mismo y ya realizado- lo que en revistas especializadas había leído.
Yolanda Michel, joven, guapa y talentosa arquitecto egresada del ITESO había sido quien, en coordinación con Constructora San Carlos y afrontando los riesgos que supone hacer un proyecto innovador, valientemente decidieron hacer que florecieran las azoteas en los edificios de aquel conjunto habitacional destinado a la venta.
Las sobrias proporciones de los muros blancos, contrastando con el verdor de las plantas en techos y andadores, hacían notar que la naturaleza imperaba en la arquitectura del lugar. Parecía que las construcciones eran una mera casualidad entre los desniveles de las barrancas y el lomerío donde encajaban. Precisamente la idea que expresaban las revistas.
Inútil sería decir que la excursión a El Diente, estuvo a punto de acabar en El Acantilado (así se llama el conjunto), porque además tuvimos la oportunidad de entrevistar a la autora del proyecto.
-¿Cómo es el proyecto de Techos Verdes?- le preguntamos a Yolanda.
-Muy sencillo- nos contestó con seguridad. -Es crear zonas jardinadas en las azoteas de concreto, para recuperar las áreas que una vez fueron verdes y que dispusimos de ellas para construir los edificios-.
-No, no es una idea ilusa ni novedosa- enfatizaba. -En muchas partes del mundo se están haciendo con éxito. ¿Costosas? Si, un poco a término inmediato. ¿Benéficas? Ni dudarlo. Pero… como todo en esta vida cuesta un poco el buen vivir; y es muy bueno balancear si queremos tener una gran chequera, o vivir mejor los años que nos quedan -nos decía sonriente-. Techos Verdes empezaba a ser una realidad en nuestra ciudad.
Cuando las azoteas florezcan, el carácter amable de los tapatíos volverá a aparecer, pensamos para nuestros adentros.
-Oye Yola, y… esto ¿cómo funciona?- le preguntamos.
-Mira, -nos explicaba- primero hay que poner la tradicional capa de aislante sobre el techo de concreto, que al estar aislada de los rayos solares durará eternamente. Sobre ella viene una membrana impermeable para aislar la “parte viva” de la construcción misma. Una fina capa que va sobre ella, impedirá que las raíces proliferen más allá de lo permitido. Otro material, como las que sirven para transportar los huevos, servirá para almacenar un poco de agua de reserva; y por los huecos de sus crestas se desalojarán los excedentes. Más arriba, una malla sostiene a la tierra vegetal, rica en nutrientes donde, mezclada con tezontle o algún material poroso para hacerla más ligera, la naturaleza podrá vivir a sus anchas- convencida nos describía las técnicas constructivas.
-Ahora-, abundaba en el tema -las plantas pueden ser suculentas (de hojas gorditas y acuosas) que son fáciles de cultivar, y ayudadas por riego automático el mantenimiento es prácticamente nulo. Aunque también hemos sabido de quienes es sus techos tienen un verdadero paisaje “natural”, o hasta un jardín de plantas sazonadoras para la cocina- nos decía emocionada.
Muy grato fue el saber que en arquitectura vanguardista…“También en (Guadalajara) San Juan hace aire”.
Más tarde, y muy contentos, seguimos hasta las enormes piedras que, también, vale mucho la pena proteger.
deviajesyaventuras@informador.com.mx