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¿De qué nos vacunan?

Recibimos muchos piquetes para estar sanos, aquí te explicamos por qué y para qué son las dosis

GUADALAJARA, JALISCO (14/ENE/2011).-  La escena es clásica: un niño que llora es tomado a la fuerza por más de dos enfermeras –casi siempre– para estabilizarlo y controlar las patadas e injurias lanzadas en el momento para proceder con la inyección. Ese pequeño piquete que no dura más de tres segundos, pero que se convierte en un interminable martirio para el infante y su madre.

Cuando somos pequeños, las vacunas son el mayor terror médico al que nos podamos enfrentar; ya en la etapa adulta se convierte en un una verdadera desidia tener que acudir al centro de salud para recibirlas adecuadamente, en tiempo y forma. Pero por más que queramos escapar de este proceso, las vacunas estarán presentes a lo largo de toda la vida. Son más de 35 las dosis obligatorias que a partir de los primeros meses del nacimiento comienzan a aplicarse de forma periódica en distintas zonas del cuerpo.

Muchos tienen para presumir una “marquita” en la parte superior del brazo, en la que se percibe esa extraña forma de la pápula, aunque sólo unos cuántos saben con exactitud qué vacuna fue la que la provocó.

Antes de explicar cuáles son las aplicaciones que deben estar en el expediente médico, hay que aclarar que la vacuna no es más que la elaboración biológica de un antígeno generado de una bacteria atenuada y viva, que al entrar en contacto con el organismo desencadena una reacción en los anticuerpos para protegernos de la enfermedad provocada por ésta.

¿Cuándo y para qué son?

Según los lineamientos de la Cartilla Nacional de Salud, impuesta por el Gobierno federal, cada vacuna debe otorgarse en todas las unidades médicas de la Secretaría de Salud y del sector privado. En las instancias públicas las dosis son gratuitas, en tanto que las de paga el costo depende de los criterios del hospital.

El inicio

La Cartilla Nacional de Vacunación se divide en cinco grupos de acuerdo a la edad y sexo del paciente. El esquema básico corresponde en la infancia, que comprende de cero a nueve años de edad.

 BCG:
Específica para la tuberculosis. Su dosis es única y es la encargada de dejar la famosa “marca” en el brazo.

Hepatitis B:
Aplicada al nacer y requiere dos refuerzos a los dos y seis meses de aplicada la primera dosis.

 Pentavalente acelular
Incluye difteria, tos ferina, tétanos, poliomielitis e influenza de tipo B con una aplicación a los dos, cuatro, seis y 18 meses de edad.

 Rotavirus:
Una dosis a los dos y cuatro meses.

 Neumocócica conjugada:
Contrarresta las infecciones por neumococo a los dos y cuatro meses.

 Influenza:
A los seis y siete meses, con una revacunación anual hasta los 35 meses de edad.

SRP (sarampión, rubéola y parotiditis): Se aplica a los 12 meses con refuerzoa los seis años.

 DPT (difteria, tos ferina y tétanos): Refuerzo a los cuatro años.

 Triple viral (sarampión, rubéola y paperas): Aquí se cierra el esquema básico a los seis años de edad. De 10 a 19 años

 Hepatitis B A partir de los 12 años se aplica la primera (si no se tiene un antecedente de esta dosis), al mes de ésta corresponde un refuerzo.

Td (Tétanos y difteria)
Se aplica a los 10 años (sin antecedente vacunal) su refuerzo es a las ocho semanas y a partir
de los 12 años. En caso de  embarazo, al iniciar una gestación debe aplicarse una dosis; en cada periodo natal se aplica
hasta completar cinco vacunas.
 
SR (sarampión y rubéola)
única a partir de los 13 años.

  • De 20 a 59 años

Aquí, la cartilla de vacunación se divide en dos: mujeres y hombres. En cuanto a las vacunas, el esquema es el mismo para ambos, sólo que las féminas deben aplicarse la dosis contra el virus del papiloma humano. En ésta se realiza un refuerzo a los seis meses de aplicada y cinco años después.

SR (sarampión y rubéola) Se aplica una sola dosis en caso de no haberla recibido entre los 13 y 19 años.

 Td (tétanos y difteria) A partir de los 20 años sin antecedente vaunal, corresponde un refuerzo de cuatro a ocho semanas después de la primera. Posteriormente, otra dosis cada cinco o 10 años.

  • Adultos mayores de 60 años

 Neumocócica polisacárida Previene la neumonía por neumococo. Única dosis a partir de los 65.

 TD: A partir de los 60, refuerzo de cuatro a ocho semanas después de la primera y una dosis extra cada cinco o 10 años.

Influenza Una dosis cada año a partir de los 60 años.

En el caso de que la persona sea hipertensa o diabética y rebase los 45 años, se adelantan las dosis de influenza y neumococo en la Campaña Nacional de Vacunación.

Puntos clave
¿Tanto refuerzo?


Mario López, enfermero general de medicina preventiva del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), asegura que los refuerzos obedecen en caso de emergencia para reducir el impacto viral en un brote endémico, como sería el caso del sarampión, la rubéola e influenza H1N1. De la misma forma se aplica la del tétanos cuando hay cirugías de alto riesgo y embarazos.

¿Y si no me las pongo?


El fin del mundo no llega por no aplicarse una vacuna en el tiempo marcado de las diferentes etapas del esquema. Una de las primeras vacunas creadas fue para erradicar a la viruela en el siglo XVIII, actualmente hay campañas para evitar un brote de sarampión y la poliomielitis (parálisis en el sistema nervioso con alto riesgo de contagio. Se presenta principalmente en niños de cinco a 10 años).

Mario explica que los refuerzos están enfocados en los periodos endémicos como en el invierno, cuando las personas cierran casi en su totalidad los hogares para protegerse del frío, sin pensar que lo que realmente se está generando es la incubación del virus, por lo que cuando se abren de nuevo, el virus o bacteria sale reforzada en su entorno y, por ende, los más cercanos a la zona se contagian.

“Toda vacuna deja un historial de anticuerpos, para siempre, dentro del organismo (…) a la primera dosis se le conoce como la de sensibilización y la segunda es de protección específica, como en los casos de riesgo de contagios por un brote”, explica.

¡Todo menos inyección!


Algunos adultos aún tienen pavor a la jeringa y prefieren utilizar medios alternativos para no enfrentarse al piquete de la aguja. Cosa que es imposible. Las vacunas están diseñadas en dos variables: orales o vía subcutánea. Esto se debe a los distintos mecanismos de absorción.

La oral se absorbe en el tracto digestivo e inicia desde que entra en contacto con el espacio sublingual (debajo de la lengua) y se activa completamente al llegar al intestino grueso.

El tipo subcutáneo se activa en un tiempo más acelerado a la oral. La zona de inyección se fija en distintas zonas musculares como en el glúteo o el brazo, justamente en el tercio medio de músculo deltoides, que es la parte más gruesa de la región.

“Para que la vacuna tenga un mayor efecto, la persona debe acudir a su aplicación en un estado 100% sano. Es donde pedimos a la población de que haga conciencia. Alguien que llega enfermo o que ya posee una infección tiene sus anticuerpos bajos, si yo introduzco una vacuna, que son anticuerpos vivos pero atenuados, causa una reacción severa”, explica Mario López.

No sé cuáles tengo

Si la cartilla de vacunación se pierde, la persona debe acudir a cualquier centro de salud y solicitar que se revise su expediente médico. La información de cada dosis aplicada se registra en el Comité de Expertos del Consejo Nacional de Vacunación (Conava).

Esta institución archiva un censo nominal del nombre, número de identificación o afiliación y fecha de nacimiento de cada persona, ya sea del sector público o privado. La información se comparte al Sistema para el Desarrollo Integral de la Familia (DIF), Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado (ISSSTE) y a la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena), por lo que desde cualquier punto del país se pueden corroborar el historial vacunal.

Más información: www.conava.gob.mx

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