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De hombres con turbante y masajes en plena plaza

En el Centro Histórico de la ciudad y también en el centro de un círculo de miradas, ellos lo desestresan y relajan los músculos

GUADALAJARA, JALISCO (10/NOV/2013).- Brazos, cuello, espalda, piernas. Sus manos recorren el cuerpo de decenas de personas y los ojos de docenas miran cómo “truena” huesos y manipula pieles. El hombre del turbante blanco logra que más de medio centenar de transeúntes detengan su andar en el Centro Histórico tapatío y lo observen actuar en Plaza Guadalajara.

Tendido bocabajo en un tapete blanco y negro, Alfonso Hernández se deja hacer. El hombre de turbante y barba oscura ahora encima las rodillas sobre la espalda del taxista, le toma los brazos, luego gira determinante la cabeza a la izquierda y a la derecha.   

Gloria García ve atenta el espectáculo y le da lengüetazos a la nieve de cuando en cuando. También hace observaciones a su marido, casi como divertida. Dice que a ella no le da miedo cuando a los “clientes” les giran el cuello con ímpetu. Ni que fuera como en las películas, cuando aniquilan a los enemigos rompiéndoles el cuello.   

Alfonso sólo iba de pasada por la plaza, con su esposa e hija, y decidió probar suerte con el hombre del turbante. Con 58 años y un trabajo que lo ata al asiento del conductor 12 horas al día, la espalda lo tenía molido.    

Ni conoce su nombre ni sabe si tiene estudios, pero el taxista se tendió al piso, sobre el tapete a cuadros, y el personaje de la tela blanca envuelta en la cabeza procedió; lo único que importa a Hernández es que sintió alivio, aunque no desapareció al 100 por ciento la molestia. Así de sencillo. La identidad del hombre tampoco parece interesarles a los otros que recurren a sus servicios. Debe ser que nada más al ver a otros se toma confianza y se antoja romper con el cansancio o molestias musculares.           

La sesión dura de dos a cinco minutos por persona y no tiene precio fijo; es de a coopera.  A Alfonso, por ejemplo, le pareció conveniente pagar 20 pesos. El lapso depende de si se recibe el masaje de pie o acostado, por lo general hay cuatro tapetes extendidos en el suelo, para el que guste pasar.     
El hombre del turbante no trabaja solo. Un chaval que se antoja de 18 años labora con él. Si en esta crónica no se revelan sus nombres ni se consignan mayores datos es porque no han querido compartirlos.

Que si el poder de la información y los medios que la manipulan a su antojo, que si prefieren no llamar la atención ante la problemática del ambulantaje en el primer cuadro de la ciudad que dejó sin empleo a algunos funcionarios públicos del Ayuntamiento de Guadalajara… son algunos de los motivos que citan para no dialogar ni conceder entrevistas, el barbudo menciona incluso al norteamericano Edward Snowden, quien informó al mundo de los programas de espionaje electrónico global de Estados Unidos. “¿Conoces a Snowden?”, pregunta. Cada quién su desconfianza.  

Un poco fuera del halo de misterio, el hombre del turbante entrega una tarjeta de presentación a cada niño, hombre, mujer o anciano al que atiende. En el rectángulo de cartulina se aprecian datos como una cuenta en Facebook, número celular y hasta una dirección, aunque no su nombre. Destaca una foto tomada desde arriba de su cabeza y que deja ver parcialmente el rostro.

Las tarjetas las da él mismo y no su compañero de oficio. Lo que el muchacho suele hacer es caminar por el círculo u óvalo que conforman las decenas de curiosos, para saber quién desea el servicio. Con cierto gesto intrigante, extiende los brazos y se detiene a observar una a una a las personas, como para invitarlas. A quienes accede los pasa al centro y los deja en las manos de quien pareciera su jefe.

Las siguientes que tienen turno con el hombre del turbante son Juana y Tere. Madre e hija —la primera en silla de ruedas— sienten la fuerza de él en brazos y espalda y se desestresan. Tampoco quieren compartir más aspectos de la experiencia. Para qué.

Entre la gente que rodea a ambas mujeres está Rocío Hernández. Sus gestos reflejan su deseo por pasar al frente y dejar atrás la tensión muscular, pero confiesa que le apena ser el centro de atención. ¿Y si en una de esas resulta lastimada?, se pregunta la veinteañera, que está de paso por la plaza y a quien la atrajo el gentío reunido.   

En el centro de la ciudad, el hombre del turbante blanco y su ayudante no son los únicos personajes que generan óvalos humanos en torno a sí mismos. Payasos, músicos, acróbatas y artistas, atraen con sus actos a decenas bajo la pretensión de obtener algunas monedas, en la mayoría de las ocasiones. Desde hace más de tres meses completan el panorama el hombre del turbante blanco y barba oscura que “truena” huesos y manipula pieles.

Dónde verle

El hombre del turbante blanco suele estar los domingos a partir de las 17:00 horas en la Plaza Guadalajara del Centro Histórico tapatío. También acudía a Plaza Universidad.

Una de ambulantaje

Muchas veces la imagen que conservamos del Centro Histórico de  Guadalajara es una en la que está repleta de vendedores ambulantes. Desde juguetes para hacer burbujas hasta bolsas y ropa. Con piezas que van desde los 10 pesos hasta rebasar, sin problemas los cien pesos. El problema de los vendedores ambulantes en el Centro es añejo, y en esta administración, comandada por Ramiro Hernández es discurso reiterativo ha sido el de regularlo. La modificación reglamentaria que planteará la Secretaría General de Guadalajara en materia de ambulantaje, no sólo redefinirá los perímetros donde esta actividad hoy está prohibida, también es posible que termine permitiéndolo en zonas dentro del Centro Histórico.

SABER MÁS

Los datos


> En 15 estados del país, más de 20% de su población ocupada trabaja en el ambulantaje, es decir, tiene un negocio itinerante, de acuerdo con un análisis de Aregional.

> En Guerrero y Yucatán, la proporción es más alta: 32.9 y 30.4%, respectivamente, revela el estudio ‘’Mapa del empleo formal, impacto en las entidades federativas’’, el cual considera datos al primer trimestre del 2013.

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