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Darnos nosotros mismos
...ya no habrá dolor, sufrimiento, tristeza, angustia, injusticia, violencia, y tantas calamidades más propias de esta vida terrenal y limitada
La salvación para los cristianos, o la santidad como requisito indispensable para la salvación, “sin santidad nadie verá al Señor” (Heb 12, 14), no se obtiene sobre la base de devociones, ritos, mandas, etc., ni siquiera con cumplir los mandamientos de una manera legalista, sin tener la motivación del amor como fundamento: “Aunque tuviera toda la fe, una fe capaz de trasladar montañas, si no tengo amor, no soy nada. Aunque repartiera todos mis bienes para alimentar a los pobres y entregara mi cuerpo a las llamas, si no tengo amor, no me sirve para nada” (1Cor 13, 2b-3).
Para alcanzar la salvación es indispensable pasar por el cedazo del amor; así lo afirmó el gran místico, San Juan de la Cruz: “En el atardecer de tu vida, serás examinado en el amor”, refiriéndose a lo que Jesús en el Evangelio de Mateo, afirma: << Entonces el Rey dirá a los que tenga a su derecha: “Vengan, benditos de mi Padre, y reciban en herencia el Reino(…), porque tuve hambre, y ustedes me dieron de comer; tuve sed, y me dieron de beber; estaba de paso, y me alojaron; desnudo, y me vistieron; enfermo, y me visitaron; preso, y me vinieron a ver”(...) “Les aseguro que cada vez que lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, lo hicieron conmigo”>>. (Mt. 25, 31-36).
Es decir, para aspirar a una vida eterna y feliz en la presencia de Dios, en la que ya no habrá dolor, sufrimiento, tristeza, angustia, injusticia, violencia, y tantas calamidades más propias de esta vida terrenal y limitada, no basta con no matar, con no cometer adulterio, con no robar, con no dar falso testimonio, con no perjudicar a nadie, con honrar a padre y madre». (Mc 10, 19), sino que es preciso, además de eso, renunciar a todo tipo de ídolo que supla a Dios en nuestra vida; es indispensable desprenderse, de todos nuestros apegos que nos alejen de Dios, y que son los que llegan a oscurecer y a sofocar nuestra vida de fe y nuestra capacidad de entregarnos completamente a Él, como se lo dijo Jesús al joven del Evangelio que hoy domingo la Iglesia proclama en todo el mundo: «Sólo te falta una cosa: ve, vende lo que tienes y dalo a los pobres; así tendrás un tesoro en el cielo. Después, ven y sígueme. Él, al oír estas palabras, se entristeció y se fue apenado, porque poseía muchos bienes>>.
Este ‘vender lo que tenemos’, en la mayoría de los casos, según la vocación de cada persona, en el caso del joven fue su llamado, no implica tomar nuestras posesiones, realizarlas y repartir el fruto de la venta, de manera irresponsable. Lo que el Señor quiere es precisamente que no amontonemos egoístamente las riquezas –no solo materiales, sino también morales, espirituales, sicológicas, etc., sino que siempre estemos dispuestos a compartirlas con los más necesitados, y aun más allá, estar dispuestos a darnos nosotros mismos.
FRANCISCO JAVIER CRUZ LUNA
Para alcanzar la salvación es indispensable pasar por el cedazo del amor; así lo afirmó el gran místico, San Juan de la Cruz: “En el atardecer de tu vida, serás examinado en el amor”, refiriéndose a lo que Jesús en el Evangelio de Mateo, afirma: << Entonces el Rey dirá a los que tenga a su derecha: “Vengan, benditos de mi Padre, y reciban en herencia el Reino(…), porque tuve hambre, y ustedes me dieron de comer; tuve sed, y me dieron de beber; estaba de paso, y me alojaron; desnudo, y me vistieron; enfermo, y me visitaron; preso, y me vinieron a ver”(...) “Les aseguro que cada vez que lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, lo hicieron conmigo”>>. (Mt. 25, 31-36).
Es decir, para aspirar a una vida eterna y feliz en la presencia de Dios, en la que ya no habrá dolor, sufrimiento, tristeza, angustia, injusticia, violencia, y tantas calamidades más propias de esta vida terrenal y limitada, no basta con no matar, con no cometer adulterio, con no robar, con no dar falso testimonio, con no perjudicar a nadie, con honrar a padre y madre». (Mc 10, 19), sino que es preciso, además de eso, renunciar a todo tipo de ídolo que supla a Dios en nuestra vida; es indispensable desprenderse, de todos nuestros apegos que nos alejen de Dios, y que son los que llegan a oscurecer y a sofocar nuestra vida de fe y nuestra capacidad de entregarnos completamente a Él, como se lo dijo Jesús al joven del Evangelio que hoy domingo la Iglesia proclama en todo el mundo: «Sólo te falta una cosa: ve, vende lo que tienes y dalo a los pobres; así tendrás un tesoro en el cielo. Después, ven y sígueme. Él, al oír estas palabras, se entristeció y se fue apenado, porque poseía muchos bienes>>.
Este ‘vender lo que tenemos’, en la mayoría de los casos, según la vocación de cada persona, en el caso del joven fue su llamado, no implica tomar nuestras posesiones, realizarlas y repartir el fruto de la venta, de manera irresponsable. Lo que el Señor quiere es precisamente que no amontonemos egoístamente las riquezas –no solo materiales, sino también morales, espirituales, sicológicas, etc., sino que siempre estemos dispuestos a compartirlas con los más necesitados, y aun más allá, estar dispuestos a darnos nosotros mismos.
FRANCISCO JAVIER CRUZ LUNA