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Cuatro Ciénegas un acuario en el desierto
Por Pedro Fernández Somellera
Una de las cosas más extrañas que me ha tocado ver, han sido estas pozas de agua cristalina que están allá en el norte en medio del desierto en el Estado de Coahuila.
Unos 80 km. al sur oeste de Monclova, en pleno desierto pelón, de un de repente, sin más ni más se aparecen una serie de lagunitas sembradas entre los arenales. Unas son cómo de unos 50 mts de diámetro; otras son más grandecitas, y su agua es transparente y clara porque proviene de las filtraciones que hay en el subsuelo.
Unas tienen agua caliente y otras fría. Unas son salobres y otras no. Algunas están conectadas entre si por canales, unas veces subterráneos y otros por la superficie. Todo esto viene a formar un extraño complejo acuático maravilloso de esos que les llaman “humedales”. Solamente que este extraño ecosistema -único e irrepetible- está siendo severamente amenazado.
Cada una de las pozas forma en si misma un acuario individual, con sus propios y sui géneris habitantes que están acostumbrados, unos al calor y otros al frío, unos a la salinidad y otros no. Unos forman parte de eras inmemoriales, y otros muestran sus increíbles adaptaciones a la vida actual.
En fin; cada poza es un verdadero museo -por decirlo de alguna forma- de las diversas etapas que La Tierra ha pasado. Lo que sucede en Cuatro Ciénegas es un acopio de información que corre parejas con los Galápagos.
La carretera por donde nos íbamos acercando a las pozas, aún muy de madrugada, estaba deliciosa. Los montes hirsutos a uno y otro lado, parecieran que poco a poco al aplanarse nos iban conduciendo, así como no queriendo la cosa, hacia el desierto llano y pelón. Las cumbres erizadas todavía iluminadas con los dorados y naranjas del amanecer iban haciendo un impresionante marco a las planicies azules y plomo que la noche todavía no quería dejar en paz.
Un poco más delante (me dio risa), en un punto, el más alto del trayecto. desde donde casi se podía divisar el basto horizonte plano, con la vista de la carretera recta, recta… tan recta que pareciera no tener final, ahí, precisamente ahí, colocaron un letrero que ordenaba… “No se estacione en curva”. Francamente me alegró el viaje el sentido del humor de quien lo puso.
Cuatro Ciénegas mismo, es un pueblo recio. Recio de fríos y de calores. Recio de la reciedumbre del desierto; de ahí era Carranza -el Varón de Cuatro Ciénegas- homenajeado por los políticos y…desconfiado por la historia.
En Cuatro Ciénegas, la dureza de sus tierras y su paisaje poco a poco va desapareciendo con lo amable y hospitalario de su gente; todo mundo nos recibió de maravilla; unos nos invitaban una nieve; otros a unas chelas, y otros… otros nomás querían platicar. Todo mundo estaba ávido de plática y... si traes mentiras nuevas ¡Pos’ más mejor! Todos tenían historias pa’aventar pa’rriba. Que si de la revolución. Que si de (esta es una bonita historia) de aquel que venían persiguiendo y que en las prisas se le cayó la pistola, y luego la encontró -cuarenta años después- en una cantina, en donde la traía fajada el mismo que aquel entonces lo perseguía; mismo que luego (así lo cuentan) se hicieron rete cuates perseguidor y perseguido.
Después de haber sido orejas a todas esas historias, fuimos a visitar las Cavas de los Ferigno donde nos entretuvimos quizás un poquito demasiado; han de perdonar pero había que probar tantos tipos de Jerez que se nos hizo tarde; bueno pues, un poquito.
Mas tarde pudimos ir, por suerte, a casi todas las lagunas de la región, invitados gentilmente por los mismos propietarios de los predios en donde están: “El Puente Zumbadora”. “Los Burros”. “El Hundido”. “La Becerra”. “Churince”, y la que más me impresionó fue...”La Poza Azul”. Ah, que bonita...! Chiquita, yo creo que tendrá unos veinte metros de diámetro y como unos doce de fondo. El agua es azul azul, casi se ve cómo si estuviera teñida; pero es tan clara que el fondo se ve perfectamente.
Existen en ella unos pececitos muy particulares (Ciclids) que son endémicos de la región, y se alimentan sepultándose entre las arenas casi por completo, para sacar pequeñas almejas que muerden con sus fuertes colmillos para luego expulsar los desechos y enterrarse nuevamente en pos de otro bocadillo.
Impresionante, es también el pequeño Rio Mezquites que corre en terreno casi plano dando vueltas y vueltas muy juntitas con el agua heladísima y el fondo lleno de Estromatolitos -que bien parecieran cerebros humanos- asentados bajo el agua entre la arena.
Los estromatolitos son seres vivos milenarios que forman agrupaciones calcáreas como si fueran corales, por decirles algo. Son de las primeras formas vivientes que hubo, y que maravillosamente, hasta la fecha se conservan intactas en este lugar.
Más al sur de la Laguna Churince, millones y millones de años de vientos y lluvias han formado unas dunas de arenas con alto contenido de yeso, que forman un paisaje -casi lunar- muy impresionante que vale la pena visitar.
Dunas blancas, arenas secas, pozas, lagunas, ríos subterráneos, pantanos en el desierto; ciclids, estromatolitos y tortugas de bisagra hacen un conjunto un tanto subrealista y maravilloso.
La pena es que tanto las gentes de Soriana como los de Leche Lala, sin misericordia están acabando con ellas al estar extrayendo agua de sus manantiales para dar de beber a sus ganados.Pena grande de gente egoísta que por atender a sus intereses acaba con los valores irremplazables que son Patrimonio de la Humanidad.
deviajesyaventuras@informador.com.mx
Unos 80 km. al sur oeste de Monclova, en pleno desierto pelón, de un de repente, sin más ni más se aparecen una serie de lagunitas sembradas entre los arenales. Unas son cómo de unos 50 mts de diámetro; otras son más grandecitas, y su agua es transparente y clara porque proviene de las filtraciones que hay en el subsuelo.
Unas tienen agua caliente y otras fría. Unas son salobres y otras no. Algunas están conectadas entre si por canales, unas veces subterráneos y otros por la superficie. Todo esto viene a formar un extraño complejo acuático maravilloso de esos que les llaman “humedales”. Solamente que este extraño ecosistema -único e irrepetible- está siendo severamente amenazado.
Cada una de las pozas forma en si misma un acuario individual, con sus propios y sui géneris habitantes que están acostumbrados, unos al calor y otros al frío, unos a la salinidad y otros no. Unos forman parte de eras inmemoriales, y otros muestran sus increíbles adaptaciones a la vida actual.
En fin; cada poza es un verdadero museo -por decirlo de alguna forma- de las diversas etapas que La Tierra ha pasado. Lo que sucede en Cuatro Ciénegas es un acopio de información que corre parejas con los Galápagos.
La carretera por donde nos íbamos acercando a las pozas, aún muy de madrugada, estaba deliciosa. Los montes hirsutos a uno y otro lado, parecieran que poco a poco al aplanarse nos iban conduciendo, así como no queriendo la cosa, hacia el desierto llano y pelón. Las cumbres erizadas todavía iluminadas con los dorados y naranjas del amanecer iban haciendo un impresionante marco a las planicies azules y plomo que la noche todavía no quería dejar en paz.
Un poco más delante (me dio risa), en un punto, el más alto del trayecto. desde donde casi se podía divisar el basto horizonte plano, con la vista de la carretera recta, recta… tan recta que pareciera no tener final, ahí, precisamente ahí, colocaron un letrero que ordenaba… “No se estacione en curva”. Francamente me alegró el viaje el sentido del humor de quien lo puso.
Cuatro Ciénegas mismo, es un pueblo recio. Recio de fríos y de calores. Recio de la reciedumbre del desierto; de ahí era Carranza -el Varón de Cuatro Ciénegas- homenajeado por los políticos y…desconfiado por la historia.
En Cuatro Ciénegas, la dureza de sus tierras y su paisaje poco a poco va desapareciendo con lo amable y hospitalario de su gente; todo mundo nos recibió de maravilla; unos nos invitaban una nieve; otros a unas chelas, y otros… otros nomás querían platicar. Todo mundo estaba ávido de plática y... si traes mentiras nuevas ¡Pos’ más mejor! Todos tenían historias pa’aventar pa’rriba. Que si de la revolución. Que si de (esta es una bonita historia) de aquel que venían persiguiendo y que en las prisas se le cayó la pistola, y luego la encontró -cuarenta años después- en una cantina, en donde la traía fajada el mismo que aquel entonces lo perseguía; mismo que luego (así lo cuentan) se hicieron rete cuates perseguidor y perseguido.
Después de haber sido orejas a todas esas historias, fuimos a visitar las Cavas de los Ferigno donde nos entretuvimos quizás un poquito demasiado; han de perdonar pero había que probar tantos tipos de Jerez que se nos hizo tarde; bueno pues, un poquito.
Mas tarde pudimos ir, por suerte, a casi todas las lagunas de la región, invitados gentilmente por los mismos propietarios de los predios en donde están: “El Puente Zumbadora”. “Los Burros”. “El Hundido”. “La Becerra”. “Churince”, y la que más me impresionó fue...”La Poza Azul”. Ah, que bonita...! Chiquita, yo creo que tendrá unos veinte metros de diámetro y como unos doce de fondo. El agua es azul azul, casi se ve cómo si estuviera teñida; pero es tan clara que el fondo se ve perfectamente.
Existen en ella unos pececitos muy particulares (Ciclids) que son endémicos de la región, y se alimentan sepultándose entre las arenas casi por completo, para sacar pequeñas almejas que muerden con sus fuertes colmillos para luego expulsar los desechos y enterrarse nuevamente en pos de otro bocadillo.
Impresionante, es también el pequeño Rio Mezquites que corre en terreno casi plano dando vueltas y vueltas muy juntitas con el agua heladísima y el fondo lleno de Estromatolitos -que bien parecieran cerebros humanos- asentados bajo el agua entre la arena.
Los estromatolitos son seres vivos milenarios que forman agrupaciones calcáreas como si fueran corales, por decirles algo. Son de las primeras formas vivientes que hubo, y que maravillosamente, hasta la fecha se conservan intactas en este lugar.
Más al sur de la Laguna Churince, millones y millones de años de vientos y lluvias han formado unas dunas de arenas con alto contenido de yeso, que forman un paisaje -casi lunar- muy impresionante que vale la pena visitar.
Dunas blancas, arenas secas, pozas, lagunas, ríos subterráneos, pantanos en el desierto; ciclids, estromatolitos y tortugas de bisagra hacen un conjunto un tanto subrealista y maravilloso.
La pena es que tanto las gentes de Soriana como los de Leche Lala, sin misericordia están acabando con ellas al estar extrayendo agua de sus manantiales para dar de beber a sus ganados.Pena grande de gente egoísta que por atender a sus intereses acaba con los valores irremplazables que son Patrimonio de la Humanidad.
deviajesyaventuras@informador.com.mx