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Cuaresma y Felicidad
Dios nos quiere felices, y nos proporciona todo lo que necesitamos para serlo en esta vida y para que nos preparemos a serlo plenamente en el futuro
28 de febrero
El tiempo de Cuaresma viene a ubicarnos en una realidad de la cual no siempre estamos muy bien convencidos: Dios nos quiere felices, y nos proporciona todo lo que necesitamos para serlo en esta vida y para que nos preparemos a serlo plenamente en el futuro.
Lo malo es que a veces nos empeñamos en poner a Dios de un lado y nuestra vida cotidiana del otro, y no llegamos a darnos cuenta de que al hacerlo, estamos perdiendo una oportunidad muy importante.
Es verdad que no todo lo bueno es precisamente lo más fácil, pero sí es un hecho que, al decidirnos por lo que el Señor Jesús nos ofrece, estamos en el camino de llegar a resplandecer como Él y a iluminar con nuestra vida el entorno que nos rodea.
Por eso en un domingo de “Transfiguración” podemos preguntarnos qué es lo que irradiamos: si llevamos oscuridad, o si somos luminosos como la persona de Jesús que hacía incluso decir disparates a Pedro:
“Quedémonos aquí, se está tan bien… haremos tiendas para ti, para Elías y para Moisés… aunque nosotros nos quedemos a la intemperie, porque estando contigo, nada nos falta”.
Esa actitud es la tentación de permanecer en una situación ideal, en donde nada ni nadie nos pueda molestar. Pero la realidad es muy otra: responder a la Palabra y a la voz del Señor implica muchas veces romper con el egoísmo, salir de la rutina, hacer las cosas bien hechas, decir “no” al comodismo y enfrentarse al servicio, a la realidad del amor que muchas veces es bastante ardua.
La Cuaresma nos va a plantear una situación muy importante: y es que en este andar por la vida, la búsqueda de lo bueno y lo mejor se vuelve sed ardiente, y en un cierto momento llegamos a reconocer que entre todo lo que buscamos lo que más nos hace falta es Dios, y que encontrarle es lo que va a dar verdadero sentido a todo lo demás, y que es lo único que nos va a dar auténtica paz, alegría y felicidad.
Pero en este caos en que vivimos a veces nos envuelven tantas y tantas teorías, tantas ideologías y tantas propuestas, la corriente arrastra a los más débiles o a aquellos que quieren lograrlo todo sin esfuerzo.
Estamos llegando a un momento en el cual sólo quienes tengan una voluntad decidida de seguir las enseñanzas que Cristo Jesús nos dejó en su Evangelio, son los que van a sobrevolar en medio de tanta confusión como se está creando en la actualidad, y que a diario vemos reflejarse en las pantallas de la TV y que continuamente escuchamos por las ondas radiales.
La situación mundial es compleja. Hoy nos estamos dando cuenta de que no son precisamente los más ricos los que son más felices… hoy nos percatamos de que en vez de progreso hay más inseguridad, más deshumanización, por causa de un creciente egoísmo.
Y hoy más que nunca necesitamos volver los ojos a lo alto y renovar la esperanza; comprender que la verdadera seguridad sólo puede darla Dios, y que en Él y con Él podemos recuperar la confianza que brota del amor.
Para esta semana quiero transcribir una oración que está en un libro de Luz Marina, una hermana y amiga colombiana. Me parece muy oportuna para el momento presente:
Señor:
Recibe mis miedos y transfórmalos en confianza
Recibe mi sufrimiento y transfórmalo en crecimiento
Recibe mis ruidos y transfórmalos en silencio
Recibe mis silencios y transfórmalos en oración
Recibe mis crisis y transfórmalas en madurez
Recibe mis lágrimas y transfórmalas en plegaria
Recibe mis dudas y transfórmalas en fe
Recibe mi soledad y transfórmala en contemplación
Recibe mis amarguras y transfórmalas en paz interior
Recibe mis impaciencias y transfórmalas en esperanza
Recibe mi muerte y transfórmala en resurrección
Señor y Dios mío, quítame todo lo que me aleja de Ti
Dame todo lo que me acerca a Ti
Despójame de mí mismo, para darme todo a Ti y a los demás. Amén.
María Belén Sánchez fsp
El tiempo de Cuaresma viene a ubicarnos en una realidad de la cual no siempre estamos muy bien convencidos: Dios nos quiere felices, y nos proporciona todo lo que necesitamos para serlo en esta vida y para que nos preparemos a serlo plenamente en el futuro.
Lo malo es que a veces nos empeñamos en poner a Dios de un lado y nuestra vida cotidiana del otro, y no llegamos a darnos cuenta de que al hacerlo, estamos perdiendo una oportunidad muy importante.
Es verdad que no todo lo bueno es precisamente lo más fácil, pero sí es un hecho que, al decidirnos por lo que el Señor Jesús nos ofrece, estamos en el camino de llegar a resplandecer como Él y a iluminar con nuestra vida el entorno que nos rodea.
Por eso en un domingo de “Transfiguración” podemos preguntarnos qué es lo que irradiamos: si llevamos oscuridad, o si somos luminosos como la persona de Jesús que hacía incluso decir disparates a Pedro:
“Quedémonos aquí, se está tan bien… haremos tiendas para ti, para Elías y para Moisés… aunque nosotros nos quedemos a la intemperie, porque estando contigo, nada nos falta”.
Esa actitud es la tentación de permanecer en una situación ideal, en donde nada ni nadie nos pueda molestar. Pero la realidad es muy otra: responder a la Palabra y a la voz del Señor implica muchas veces romper con el egoísmo, salir de la rutina, hacer las cosas bien hechas, decir “no” al comodismo y enfrentarse al servicio, a la realidad del amor que muchas veces es bastante ardua.
La Cuaresma nos va a plantear una situación muy importante: y es que en este andar por la vida, la búsqueda de lo bueno y lo mejor se vuelve sed ardiente, y en un cierto momento llegamos a reconocer que entre todo lo que buscamos lo que más nos hace falta es Dios, y que encontrarle es lo que va a dar verdadero sentido a todo lo demás, y que es lo único que nos va a dar auténtica paz, alegría y felicidad.
Pero en este caos en que vivimos a veces nos envuelven tantas y tantas teorías, tantas ideologías y tantas propuestas, la corriente arrastra a los más débiles o a aquellos que quieren lograrlo todo sin esfuerzo.
Estamos llegando a un momento en el cual sólo quienes tengan una voluntad decidida de seguir las enseñanzas que Cristo Jesús nos dejó en su Evangelio, son los que van a sobrevolar en medio de tanta confusión como se está creando en la actualidad, y que a diario vemos reflejarse en las pantallas de la TV y que continuamente escuchamos por las ondas radiales.
La situación mundial es compleja. Hoy nos estamos dando cuenta de que no son precisamente los más ricos los que son más felices… hoy nos percatamos de que en vez de progreso hay más inseguridad, más deshumanización, por causa de un creciente egoísmo.
Y hoy más que nunca necesitamos volver los ojos a lo alto y renovar la esperanza; comprender que la verdadera seguridad sólo puede darla Dios, y que en Él y con Él podemos recuperar la confianza que brota del amor.
Para esta semana quiero transcribir una oración que está en un libro de Luz Marina, una hermana y amiga colombiana. Me parece muy oportuna para el momento presente:
Señor:
Recibe mis miedos y transfórmalos en confianza
Recibe mi sufrimiento y transfórmalo en crecimiento
Recibe mis ruidos y transfórmalos en silencio
Recibe mis silencios y transfórmalos en oración
Recibe mis crisis y transfórmalas en madurez
Recibe mis lágrimas y transfórmalas en plegaria
Recibe mis dudas y transfórmalas en fe
Recibe mi soledad y transfórmala en contemplación
Recibe mis amarguras y transfórmalas en paz interior
Recibe mis impaciencias y transfórmalas en esperanza
Recibe mi muerte y transfórmala en resurrección
Señor y Dios mío, quítame todo lo que me aleja de Ti
Dame todo lo que me acerca a Ti
Despójame de mí mismo, para darme todo a Ti y a los demás. Amén.
María Belén Sánchez fsp