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¿Cuál será nuestra actitud?
al Papa se le aclamó con frases de alabanza, con porras, con cantos y otras expresiones de aceptación
Aunque han sido y siguen siendo muy abundantes la información y los comentarios acerca de la visita del Sumo Pontífice Benedicto XVI, no podemos sustraernos a ello, dada la importancia y trascendencia del acontecimiento, como del mensaje tan extraordinario que nos dejó, por ser el mensaje mismo de Jesucristo y por la manera tan profunda, clara, concisa, valiente y también bella en la que lo proclamó y lo testimonió.
Y hoy quisiéramos --tomando como referencia el pasaje evangélico que nos recuerda en este día, conocido como “Domingo de Ramos”, la entrada triunfal de Jesús a Jerusalén, y con el cual da inicio la Semana Santa-- reflexionar acerca de una realidad que ya mencionábamos el domingo anterior: Existe un serio riesgo de que la visita (del Papa) se quede solamente en un acontecimiento social y cuando mucho religioso, pero no cristiano; ello sería la consecuencia de que todos aquellos que lo aclamemos, lo festejemos, le demos nuestro cariño con múltiples muestras, no abramos nuestros oídos y nuestro corazón para escuchar, más allá de sus personales palabras, aquello que Dios nos diga a través de él, y sobre todo que al final de cuentas seamos indiferentes a ellas y no las pongamos en práctica.
Ciertamente, todas las expectativas en cuanto a las manifestaciones de amor y cariño; de regocijo y de júbilo; de respeto y reconocimiento, fueron superadas con creces. Todos fuimos testigos de cómo se desbordó el pueblo de México reunido en el estado de Guanajuato, en muestras de reconocimiento a Benedicto XVI como representante de Cristo, Supremo Pastor de la Iglesia y como el portador de una presencia misteriosa a la vez que esplendente y poderosa, en virtud a la unción especial que Él ha recibido del Espíritu Santo; igualmente como persona, a medida que se le fue descubriendo más como él es en realidad: un hombre sencillo, afable, cálido, cercano, en muchos momentos tierno, y al mismo tiempo firme, valiente, directo, respetuoso, congruente; un profeta de nuestros tiempos, lleno de la sabiduría divina, desmintiendo tantas versiones erróneas.
Y, al igual que Jesús, aunque de distinta manera, al entrar a la Ciudad Santa, con palmas en las manos y en el suelo a su paso, fue vitoreado, alabado y reconocido como Aquel bendito que venía en el nombre del Señor, así al Papa se le aclamó con frases de alabanza, con porras, con cantos y otras expresiones de aceptación, reconocimiento y amor.
Entonces, la pregunta que surge es: ¿Cuál habrá de ser la actitud de nosotros, los católicos, que vibramos intensamente con su presencia y su palabra, durante la estancia de Su Santidad Benedicto XVI en nuestro país? Sólo hay dos posibilidades: profundizar y poner en práctica sus enseñanzas, que --insistimos-- son las de Jesús, en la vida personal, familiar, laboral, social, eclesial y política, permanentemente, y no solamente mientras dure el gusto, siendo congruentes con una vida de acuerdo a la fe que se profesa. O bien, después de haberlo aclamado tan efusivamente, al igual que tantos lo hicieron con Jesús el Domingo de Ramos, ignorarlo o hasta traicionarlo, porque sin duda sería una traición no acatar todo aquello a lo que exhortó y pidió realizar o evitar, en el nombre del Señor; ello sin faltar algunos que no sólo lo ignoren y traicionen, sino que lleguen a hablar de motu proprio o por influencia de otros en contra de él, y hasta, como a Jesús le hicieron, pidan que sea crucificado.
“No ceder a la mentalidad utilitarista. Ser fiel a sí mismo y no dejarse amedrentar por las fuerzas del mal. Respeto, defensa y promoción de la vida humana y al fomento de la fraternidad, evitando la inútil venganza y desterrando el odio que divide. (Superar) un estéril y transitorio sentimentalismo, una vana credulidad, sino vivir de la fe verdadera. Una auténtica y renovada conversión al Señor”. Estas son algunas de las muchas exhortaciones y peticiones que el Santo Padre nos hizo a los católicos y a los hombres y mujeres de buena voluntad de México, las cuales sí es posible llevar a la práctica, siempre y cuando seamos dóciles a la acción del Espíritu Santo, fuerza de Dios, y así seremos auténticos y veraces discípulos y testigos de Él, y no de los que tan sólo dicen “Señor, Señor”, pero no hacen lo que Jesús les dice. Hermano(a), ¿Cuál es o será tu actitud?
FRANCISCO JAVIER CRUZ LUNA
cruzlfcoj@yahoo.com.mx
Y hoy quisiéramos --tomando como referencia el pasaje evangélico que nos recuerda en este día, conocido como “Domingo de Ramos”, la entrada triunfal de Jesús a Jerusalén, y con el cual da inicio la Semana Santa-- reflexionar acerca de una realidad que ya mencionábamos el domingo anterior: Existe un serio riesgo de que la visita (del Papa) se quede solamente en un acontecimiento social y cuando mucho religioso, pero no cristiano; ello sería la consecuencia de que todos aquellos que lo aclamemos, lo festejemos, le demos nuestro cariño con múltiples muestras, no abramos nuestros oídos y nuestro corazón para escuchar, más allá de sus personales palabras, aquello que Dios nos diga a través de él, y sobre todo que al final de cuentas seamos indiferentes a ellas y no las pongamos en práctica.
Ciertamente, todas las expectativas en cuanto a las manifestaciones de amor y cariño; de regocijo y de júbilo; de respeto y reconocimiento, fueron superadas con creces. Todos fuimos testigos de cómo se desbordó el pueblo de México reunido en el estado de Guanajuato, en muestras de reconocimiento a Benedicto XVI como representante de Cristo, Supremo Pastor de la Iglesia y como el portador de una presencia misteriosa a la vez que esplendente y poderosa, en virtud a la unción especial que Él ha recibido del Espíritu Santo; igualmente como persona, a medida que se le fue descubriendo más como él es en realidad: un hombre sencillo, afable, cálido, cercano, en muchos momentos tierno, y al mismo tiempo firme, valiente, directo, respetuoso, congruente; un profeta de nuestros tiempos, lleno de la sabiduría divina, desmintiendo tantas versiones erróneas.
Y, al igual que Jesús, aunque de distinta manera, al entrar a la Ciudad Santa, con palmas en las manos y en el suelo a su paso, fue vitoreado, alabado y reconocido como Aquel bendito que venía en el nombre del Señor, así al Papa se le aclamó con frases de alabanza, con porras, con cantos y otras expresiones de aceptación, reconocimiento y amor.
Entonces, la pregunta que surge es: ¿Cuál habrá de ser la actitud de nosotros, los católicos, que vibramos intensamente con su presencia y su palabra, durante la estancia de Su Santidad Benedicto XVI en nuestro país? Sólo hay dos posibilidades: profundizar y poner en práctica sus enseñanzas, que --insistimos-- son las de Jesús, en la vida personal, familiar, laboral, social, eclesial y política, permanentemente, y no solamente mientras dure el gusto, siendo congruentes con una vida de acuerdo a la fe que se profesa. O bien, después de haberlo aclamado tan efusivamente, al igual que tantos lo hicieron con Jesús el Domingo de Ramos, ignorarlo o hasta traicionarlo, porque sin duda sería una traición no acatar todo aquello a lo que exhortó y pidió realizar o evitar, en el nombre del Señor; ello sin faltar algunos que no sólo lo ignoren y traicionen, sino que lleguen a hablar de motu proprio o por influencia de otros en contra de él, y hasta, como a Jesús le hicieron, pidan que sea crucificado.
“No ceder a la mentalidad utilitarista. Ser fiel a sí mismo y no dejarse amedrentar por las fuerzas del mal. Respeto, defensa y promoción de la vida humana y al fomento de la fraternidad, evitando la inútil venganza y desterrando el odio que divide. (Superar) un estéril y transitorio sentimentalismo, una vana credulidad, sino vivir de la fe verdadera. Una auténtica y renovada conversión al Señor”. Estas son algunas de las muchas exhortaciones y peticiones que el Santo Padre nos hizo a los católicos y a los hombres y mujeres de buena voluntad de México, las cuales sí es posible llevar a la práctica, siempre y cuando seamos dóciles a la acción del Espíritu Santo, fuerza de Dios, y así seremos auténticos y veraces discípulos y testigos de Él, y no de los que tan sólo dicen “Señor, Señor”, pero no hacen lo que Jesús les dice. Hermano(a), ¿Cuál es o será tu actitud?
FRANCISCO JAVIER CRUZ LUNA
cruzlfcoj@yahoo.com.mx