Suplementos
Cristo siempre está dispuesto a perdonar
El pecador es perdonado, se reconcilia con Dios y recobra la paz con Él y con el prójimo
Con sus palabras y de modo admirable con su vida, es maestro consumado del perdón. Perdonó a todos los pecadores que se acercaron a él dispuestos, arrepentidos.
Y desde lo alto de la cruz, Cristo elevó su plegaria a las alturas: “Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen”.
Mas para hacer para siempre la gracia del perdón, se mostró, resucitado, a los once apóstoles y les dijo: “Reciban al Espíritu Santo. A quienes les perdonen los pecados, les serán perdonados, y a quienes no se los perdonen les quedarán sin perdonar” (Juan 20, 22).
Cristo quiso que toda su Iglesia fuera signo e instrumento del perdón y de la reconciliación adquirida con su sangre, y confió al ministerio de los apóstoles y sus sucesores el perdón de absolver, de perdonar.
En el sacramento de la Reconciliación, el sacerdote es enviado “en nombre de Cristo” a perdonar al pecador.
Solamente los apóstoles y sus sucesores han recibido esa potestad, y para beneficio, para bien de todos. Con este sacramento el pecador es perdonado, se reconcilia con Dios y recobra la paz con Él y con el prójimo.
Mas debe ir al sacramento con un corazón contrito y libre de odios, de rencores, de deseos de venganza. Alegre porque ha sido perdonado, y alegre porque él también perdonó.
José R. Ramírez Mercado
Y desde lo alto de la cruz, Cristo elevó su plegaria a las alturas: “Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen”.
Mas para hacer para siempre la gracia del perdón, se mostró, resucitado, a los once apóstoles y les dijo: “Reciban al Espíritu Santo. A quienes les perdonen los pecados, les serán perdonados, y a quienes no se los perdonen les quedarán sin perdonar” (Juan 20, 22).
Cristo quiso que toda su Iglesia fuera signo e instrumento del perdón y de la reconciliación adquirida con su sangre, y confió al ministerio de los apóstoles y sus sucesores el perdón de absolver, de perdonar.
En el sacramento de la Reconciliación, el sacerdote es enviado “en nombre de Cristo” a perdonar al pecador.
Solamente los apóstoles y sus sucesores han recibido esa potestad, y para beneficio, para bien de todos. Con este sacramento el pecador es perdonado, se reconcilia con Dios y recobra la paz con Él y con el prójimo.
Mas debe ir al sacramento con un corazón contrito y libre de odios, de rencores, de deseos de venganza. Alegre porque ha sido perdonado, y alegre porque él también perdonó.
José R. Ramírez Mercado