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Cristianismo y futbol

Vivamos la experiencia de este mundial, dándole el lugar que tiene, y démosle a Dios el suyo

     Una de las formas a las que el ser humano recurre para huir, para no enfrentar la responsabilidad de responder positiva y cabalmente a un Dios que ha dado todo para su bien y salvación, es inventarse, crearse ídolos.

     Hay quienes que, habiendo profundizado en el estudio y conocimiento de Dios, de su plan de salvación y de su Palabra, en la que están plasmados sus mandamientos y sus directrices para la forma de vivir conforme ese plan, al no gustarles y no aceptarlas porque contravienen a sus propios planes, tergiversan y acomodan la voluntad de Dios a su propia voluntad, desvirtuando e interpretando los designios de Él y suscitando algún tipo de idolatría, ya sea encarnada en personas, en falsos profetas, falsos líderes, falsos pastores y falsas iglesias.

     Otros más que no han estudiado, mucho menos meditado, y hasta, es lo más seguro, ni siquiera han abierto una Biblia en su vida --y por tanto tienen un conocimiento muy pobre, infantil, o muchas veces superficial, fincado en tradiciones, devociones, prácticas externas, que han venido aprendiendo de generación en generación, las cuales muchas veces están plagadas de supersticiones, de superchería, de cultos influenciados, mezclados o hasta dominados por brujería, curanderismo, magia de varios tipos y, el colmo, hasta de satanismo--. todos estos suelen hacer de muchas cosas que en esencia son buenas, en algo nocivo para la salud espiritual, y por ende a la salud integral, es decir la física, la psicológica y la propia salud espiritual, llegándose a convertir en verdaderos ídolos –no olvidemos que por ídolo se entiende todo aquello que suplanta a Dios en nuestras vidas-.

     De los que consciente y voluntariamente rechazan a Dios por adoptar doctrinas, prácticas, cultos y acciones francamente diabólicas, ni hablar, pues tienen su ídolo, su falso dios en el diablo, en Satanás.

     Sin querer exagerar, y pidiendo que no se malinterprete este comentario, debemos  iluminar  una realidad que hoy por hoy estamos viviendo, y en forma avasalladora: nos referimos a lo que algunos de los publicistas le llaman “la fiebre del futbol”, que no sólo para muchos se ha convertido, de facto, en un ídolo, sino que muchos lo exaltan, lo ponderan, lo engrandecen, lo ‘endiosan’ de tal manera, que se han descarado y sin ningún respeto y pudor, se han referido a ese deporte, como un dios, como una religión.

      Y no sólo eso, sino que se valen de todo tipo de manipulación, fascinación y engaño, para incidir en el corazón y la mente de las personas que son auditorio cautivo de ellos, y poderlos llevar a toda clase de excesos, de actitudes y hasta de acciones, en las que, justamente, se margina, se ignora, se olvida y hasta se ofende a Dios; y lo que es peor: viven de tal forma ese fanatismo y esa trastocación de valores, que esa idolatría no queda ahí, sino que terminada la efervescencia del acontecimiento, muchos seguirán buscando a otros ídolos en los cuales poner su confianza, hacerlos causa de su alegría, y su alejamiento de Dios llega a ser total.

     Dios, para los que creemos, o al menos para los que decimos creer y ser cristianos, es el único absoluto, el omnipresente, increado, omnipotente, que existe desde siempre y para siempre; el creador, dueño y amo de todo cuanto existe, desde luego del ser humano, con la salvedad de que a él no impone esa pertenencia ni la dependencia, sino que lo deja en libertad de aceptar o no. Ese Dios que nos creó, nos redimió con la obra de Jesucristo: Pasión, Muerte y Resurrección, y nos envió a su Espíritu Santo para que tuviéramos la vida en abundancia que nos ganó Jesús, es el único que merece toda la gloria, el honor, la majestad, la adoración de nosotros sus hijos, por ello, como nos lo recuerda el Evangelio de este domingo, Jesús, Hijo unigénito del Padre, por lo tanto, verdadero Dios y Verdadero Hombre, exige ser reconocido como tal y reclama a quien no lo reconoce, recompensando a la mujer que sí lo hace y lava sus pies y los perfuma, perdonándole sus pecados.

     Insistimos, no queremos que se nos malinterprete; el futbol, como todas las cosas, no es bueno ni malo en sí, todo depende del valor que les demos y de lo que afecte a nuestra vida espiritual. Vivamos la experiencia de este mundial, dándole el lugar que tiene, y démosle a Dios el suyo: El primero, proclamándolo el Señor de nuestra vida.
 

Francisco Javier Cruz Luna
cruzlfcoj@yahoo.com.mx
 

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