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Crisis de confianza

Haciendo una sinopsis de lo que se entiende por confianza, podemos decir que ésta significa creer y esperar de alguien, algo

     No cabe duda que estamos viviendo tiempos en los que imperan crisis de varios tipos: financiera, laboral, económica, de salud y otras tantas. Ahora bien, si profundizamos un poco, en un análisis serio y honesto de nuestra realidad nacional y mundial, aquellos que creemos en el Dios de Jesucristo concluiremos que todas esas crisis, y muchas más, tienen su origen en una sola: carencia de confianza; mas, no de confianza así en general, sino que   nosotros vamos más allá: crisis de confianza en Dios y en su enviado Jesucristo.
     Haciendo una sinopsis de lo que se entiende por confianza, podemos decir que ésta significa creer y esperar de alguien, algo.
     En tratándose de nuestro Dios, el confiar en Él es creerle cuando se trata de sus promesas y esperar en su fidelidad, y por lo tanto, estar absolutamente seguros que Él, tarde o temprano y tal vez de la manera en que menos esperemos, las cumplirá.
     Ahora bien, ¿de qué promesas se trata? Porque ciertamente como nuestro Dios y Padre, Él, en su sabiduría infinita y como creador del ser humano y de todo lo que a éste le rodea, solamente ha prometido aquello que hará un bien a sus hijos, aunque muchas veces estos no las entiendan ni las acepten.
     ¿Cómo conocerlas? Dios Padre ha hecho grandes promesas a su pueblo, a través de toda su historia. La mayoría las ha dado a conocer a través de sus profetas, teniendo como culmen al profeta por antonomasia: a Jesús; así lo afirma la carta a los Hebreos1, 1-2: “En el pasado muchas veces y de muchas formas habló Dios a nuestros padres por medio de los profetas. En esta etapa final nos ha hablado por medio de su Hijo, a quien nombró heredero de todo, y por quien creó el universo”.Y todas esas promesas se encuentran plasmadas en la Sagrada Escritura, también conocida como la Santa Biblia, la Palabra de Dios, etc. De ello se desprende que, para conocerlas, es preciso e indispensable no sólo leer, sino conocer, meditar, reflexionar, estudiar de manera seria y concienzuda dicha Palabra.
     Una promesa hecha por Jesús, que encierra en sí, desde mi perspectiva, a todas las demás, es la que aparece en el Evangelio escrito por San Juan, capítulo 10, verso 10: “Yo he venido para que tengan vida, y la tengan en abundancia”. Es decir, Jesús, con estas palabras, implícitamente está prometiendo a los que la acepten con todas sus consecuencias e implicaciones, una vida muy diferente a la que normalmente vivimos la mayoría de los humanos, que suele ser una vida llena de desamor, odios, violencia, tristeza, depresión, guerras, envidias, desunión, traiciones, pecados y ofensas de las más terribles a Dios.
     ¡Tan diferente que es una vida plena; sí, la vida plena en amor, en felicidad, en paz, en armonía, en unidad, en santidad! Y para tenerla, basta creerle a Jesús y confiar en Él; así mismo quererla y aceptarla, obviamente con todas sus condiciones, requisitos y consecuencias.
      Para que esto nos quede más claro, recordemos aquella conocida anécdota del alpinista que, subiendo por un acantilado en  plena oscuridad, a solo unos pocos metros de la cima se resbaló y se desplomó por el aire. De repente, sintió el tirón de la soga que lo amarraba de la cintura a las estacas clavadas en la roca de la montaña. En ese momento de quietud, suspendido en el aire, no le quedó más que gritar: “¡Sálvame, Dios mío!”.
     De repente, se escuchó una voz: “¿Realmente crees que yo te puedo salvar?”.
     El alpinista respondió: “Por supuesto, Señor”
     El Señor le dijo: “Entonces corta la cuerda que te sostiene.
     Aquel alpinista, aterrorizado, se aferró más aún a la cuerda y no la soltó.  
     Al siguiente día el equipo de rescate encontró al alpinista muerto, colgado de la soga... A TAN SÓLO DOS METROS DEL SUELO.
     Y tú, apreciable lector, ¿confías realmente en Dios en cualquier circunstancia de tu vida?, ¿cortarías la cuerda, o te dejas arrastrar por la desconfianza y la desesperanza?
     El Evangelio de hoy nos recuerda que cuando sintamos que la barca de nuestra vida se hunde, confiemos en Jesús, que Él evitará que eso y cosas peores sucedan.


Francisco Javier Cruz Luna
cruzlfcoj(arroba)yahoo.com.mx

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