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Conversión y vida nueva

El Evangelio de hoy nos dice que el Espíritu Santo impulsó a Jesús a retirarse al desierto, donde permaneció cuarenta días y fue tentado por Satanás

La Palabra del Domingo
     
     El Evangelio de hoy nos dice que el Espíritu Santo impulsó a Jesús a retirarse al desierto, donde permaneció cuarenta días y fue tentado por Satanás. Jesús venció las tentaciones y se fue a predicar el Evangelio con estas decisivas palabras: “Se ha cumplido el tiempo, y el Reino de Dios ya está cerca. ¡Conviértanse y crean en el Evangelio”.
     “¡Conviértanse!”, es la fuerte voz de Cristo Jesús. Estamos en plena Cuaresma, que es el tiempo litúrgico de cuarenta días que la Iglesia nos ofrece, para prepararnos a participar en la pasión y muerte de Nuestro Señor Jesucristo. La Cuaresma es tiempo de convertirnos, es tiempo de meditar, de profundizar en nuestro compromiso de bautizados. Es tiempo de hacer una revisión seria de nuestra vida, limpiar los escombros, levantar lo caído, enderezar el camino para convertirnos y seguir a Cristo en sus planes de salvación.
     “Y crean en el Evangelio”. Creer es aceptar, vivir la Buena Nueva que Jesús, el Hijo de Dios, nos ha revelado. El hombre, sostenido por la gracia divina, responde a la revelación de Dios con la obediencia de la fe, que consiste en fiarse plenamente en Dios y acoger su Verdad, garantizada por el mismo Cristo, que es el Camino, la Verdad y la Vida. La fe es cierta porque se fundamenta en la Palabra de Dios, y esa fe está en continuo crecimiento cuando escuchamos la Palabra de Dios y la profundizamos para vivirla con Cristo y comunicar esa vida a los demás.
      “Conviértase y crean en el Evangelio”. Cristo nos pide y nos da ejemplo de obediencia a la voluntad del Padre. Ofreció libremente su vida en sacrificio expiatorio para reparar nuestras culpas y reconciliarnos con Dios. Sus sufrimientos y su muerte en la cruz nos muestran la grandeza infinita del Amor divino, que quiere que todos los hombres se salven.
     Esto nos lleva a valorar la importancia de la Cuaresma. Desafortunadamente para muchos de nosotros, la Cuaresma es una mala noticia: “¿Comienza la Cuaresma? ¡Qué aburrimiento! ¿Hacer Oración? ¡Eso ya pasó de moda! ¿Convertirnos? ¡Pero yo no robo ni mato!”. Así pensamos porque no queremos afrontar ese cambio que nos hará decidirnos a ser más hombres.
     El Santo Padre Benedicto XVI nos ha dicho que la Iglesia tiene la gran tarea de custodiar y alimentar la fe del Pueblo de Dios, y que todos los bautizados estamos llamados a ser discípulos y misioneros de Cristo, vivir en intimidad con Cristo y ser testigos de Cristo, amando y sirviendo a nuestros prójimos, especialmente a los pobres y necesitados.
     Amiga, amigo: La Cuaresma y la Pascua de Resurrección serán el cambio de lo viejo a lo nuevo, de la oscuridad a la luz, de la muerte a la vida. Dejemos que Cristo actúe en nosotros y nos impulse a trabajar con alegría en la edificación del Reino de Dios y su justicia. La Virgen María, Madre de Dios y Madre nuestra, va con nosotros.

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