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Contra el pecado: caridad

'La caridad es la virtud teologal por la cual amamos a Dios sobre todas las cosas por Él mismo, y a nuestro prójimo como a nosotros mismos por amor de Dios'

     Dice Benedicto XVI que “Caridad no significa ante todo el acto o el sentimiento benéfico, sino el don espiritual, el amor de Dios que el Espíritu Santo infunde en el corazón humano y que lleva a entregarse a su vez al mismo Dios y al prójimo”. Esto nos pone en la senda que vence a la envidia: la virtud de la caridad. Y no nada más como virtud capital contra ese vicio capital, sino como la más grande de todas las virtudes, a la que san Pablo le dedica todo el capítulo 13 de su Primera Carta a los Corintios.
     El Catecismo de la Iglesia Católica (1822) afirma que “la caridad es la virtud teologal por la cual amamos a Dios sobre todas las cosas por Él mismo, y a nuestro prójimo como a nosotros mismos por amor de Dios”. Es por esto que afirmamos que la caridad es la virtud por excelencia, puesto que su objeto es el mismo Dios, y el motivo del amor al prójimo es, nuevamente, el amor a Dios. Al respecto, el Catecismo abunda recordándonos que (1823) “Jesús hace de la caridad el mandamiento nuevo (Cfr. Jn 13, 34), lo que nos lleva directamente a que la característica esencial de los cristianos es la caridad, puesto que “si se aman los unos a los otros, todo el mundo se dará cuenta de que son discípulos míos” (Jn 13, 35). Esto se confirma a partir de que las primeras comunidades cristianas fueron ejemplo de amor fraterno, según se lee en el libro de los Hechos de los Apóstoles (2, 42-47;  4, 32-35).
     Pero no caigamos en el desliz de idealizar el estilo de vida de las primeras comunidades, creyendo que el fervor inicial hubiese garantizado un funcionamiento perfecto, sin problemas ni sobresaltos. El que hubiera sido de ese modo debería preocuparnos gravemente, pues entonces no tendríamos modelos válidos de la Palabra de Dios para las comunidades de hoy en día, que caminan, con muchos tropiezos, siguiendo a N. S. Jesucristo, único modelo de amor perfecto.
     Desde una visión más profunda puede detectarse, al seguir el hilo de los relatos bíblicos, cómo crecían las vivencias llenas de esperanza, duda, lucha e inquietudes, junto con problemas reales y concretos que padecieron los primeros cristianos. Estas situaciones podrán ser nuestros modelos, siempre que captemos el espíritu que los movía a resolver los problemas vivenciales, puesto que, indudablemente, los textos sagrados se escribieron para la vida, la de entonces y la de hoy.
     La Encíclica Caritas in Veritate de S.S. Benedicto XVI, aborda los temas concernientes a las comunidades de nuestro siglo, con sus problemas actuales y potenciales en todos sus órdenes: economía y finanzas, energía, inmigración, ecología, tecnología, etc., donde concluye que el desarrollo humano integral “tiene necesidad de cristianos con los brazos elevados hacia Dios en gesto de oración, de amor y de perdón, de renuncia a sí mismos, de acogida al prójimo, de justicia y de paz”. En ello se resume la caridad en la verdad.
     La vivencia diaria de la caridad se basa en la ley natural: no hagas a otros lo que no quieras para ti, y se puede practicar así: dar un saludo amable y trato bondadoso a los demás, aunque estemos cansados o de mal humor; ser constructivo, optimista y alegre; descubrir las cosas buenas de los demás y no fijarnos especialmente en las cosas malas o defectos; disculpar siempre y con paciencia los errores ajenos, recordando que nadie es perfecto y que todos fallamos muchas veces; nunca juzgar y menos condenar a una persona, aunque objetivamente se tenga razón para hacerlo; hay que aprender a condenar el hecho, no la persona; ser tolerante y escuchar con interés lo que los demás tienen que decir; respetar y aceptar a los otros como son y no como quisieramos que fuesen.
     Algunas formas de promover la caridad son: fomentar la alegría, evitar gritos e insultos o malos modos al pedir las cosas; cuidar los detalles de educación y amabilidad con todas las personas que convivan o trabajen con nosotros. Así pues, la caridad nos permite amar en medida de nuestras posibilidades humanas y más allá, pues representa más que el amor natural: la caridad es sobrenatural, es algo divino. Por medio de ella podemos amar de la misma manera que Él lo hace y como nos lo mandó. Que el Señor nos bendiga y nos guarde.

Antonio Lara Barragán Gómez OFS
Escuela de Ingeniería Industrial
Universidad Panamericana
Campus Guadalajara
alara(arroba)up.edu.mx

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