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Conociendo a san Pablo desde su vida
La primavera trajo a todos la alegría que florecía en los jardines, y también a Pablo y a sus compañeros les trajo buenas nuevas...
8 de noviembre
La primavera trajo a todos la alegría que florecía en los jardines, y también a Pablo y a sus compañeros les trajo buenas nuevas:
Llegaba el indulto y la libertad, y con ello el fin de la prisión y las cadenas… Ahora podrían hacer planes nuevos y reafirmar la obra evangelizadora que hacía tanto tiempo habían comenzado. Era la oportunidad de afirmar la fe y de constituir bien las comunidades, dando a cada uno responsabilidades y competencias, tomando en cuenta los dones que el Señor otorga a cada uno.
-- Es tiempo de que las cosas empiecen a organizarse bien… insistía Pablo a tiempo y a destiempo.
Y así destinó a sus colaboradores a que fueran a visitar las diferentes comunidades esparcidas por Asia y Europa…
Tan sólo Marcio, el soldado que le acompañó durante aquellos largos años de prisión, atado a su cadena, no quiso separarse de él.
-- Yo iré contigo a donde tú vayas, Pablo…
-- No sabes lo que dices, muchacho… aquí la vida ha sido dura, pero tranquila; en cambio, allá afuera hay peligros de todas clases: peligros que acechan por todos los caminos; peligros de ríos; peligros de ladrones; peligros de los judíos y de los gentiles; peligros en la ciudad; peligros en despoblado; peligros por mar; peligros entre falsos hermanos…
-- Nada me asusta, Pablo.
-- Viajes frecuentes; trabajos y fatigas; noches sin dormir, muchas veces; hambre y sed; muchos días sin comer; frío y desnudez.
-- No importa, Pablo, tu suerte será mi suerte…
Nuevos viajes
Al fin Pablo fue puesto en libertad. Tenía otra vez la posibilidad de viajar… otra vez los caminos, las privaciones y necesidades, otra vez el sol o el frío inclemente, pero de nuevo la palabra elocuente en su boca, de nuevo explosiones de fe por todas partes.
No sabemos bien definido el itinerario, porque Lucas, el periodista preciso, el que escribe con exactitud, documentando hechos y fechas, se había ido a Creta…
Caras nuevas y antiguos conocidos, viejos amigos y juventudes nuevas, todos lo oían sedientos de escuchar aquellas palabras de salvación que en nombre de Cristo Jesús les llegaban por medio de Pablo.
En la ciudad de Nicópolis
-- Podríamos quedarnos a pasar el invierno en esta ciudad…, dice Pablo a Marcio y a los hermanos que le acompañan…
-- Es muy buena idea, sobre todo porque podrías descansar un poco.
-- No lo dudo, pero sobre todo porque tengo algo importante: ahora mismo quisiera escribirle a Timoteo, creo que no le ha ido muy bien en su misión. Es joven, pero más bien es un poco tímido y algo débil. Los más astutos se lo comen… Necesito darle algunos consejos y directivas sobre cómo llevar bien la Iglesia que él dirige.
-- Creo que es muy acertado...
-- Empezaremos de inmediato:
“Pablo, apóstol de Cristo Jesús, nuestra esperanza, por mandato de Dios nuestro Padre, a Timoteo, mi querido hijo en la fe: gracia, misericordia… Cuando me fui a Macedonia y te dejé en Éfeso, fue para que impidieras que se enseñasen doctrinas extrañas que sólo aumentan las discusiones… Sabemos que la Ley es buena, pero no ha sido instituida para el justo, sino para los rebeldes, para los impíos y pecadores, según el Evangelio que se me ha confiado”.
Pablo habla consigo mismo como si orara:
--“Doy gracias a Aquel que me revistió de fortaleza, a Cristo Jesús, Señor nuestro, que me consideró digno de confianza al colocarme en el ministerio… Yo, que antes fui blasfemo, perseguidor e insolente. Pero encontré misericordia porque obré por ignorancia. Pero la gracia de nuestro Señor sobreabundó en mí, juntamente con la fe y la caridad en Cristo Jesús. Y si encontré misericordia, fue para que en mí se manifestara Jesucristo y sirviera de ejemplo a los que habían de creer en Él para obtener vida eterna. Al Rey de los siglos, al Dios inmortal, invisible y único, honor y gloria por los siglos de los siglos. Amén”.
--Sigue escribiendo… “Tú sabes, diles cómo es conveniente que se comporten las mujeres, los epíscopos, los diáconos y todos los fieles…Ante todo recomiéndales que se hagan plegarias, oraciones, súplicas y acciones de gracias por todos los hombres; diles también cómo deben comportarse los fieles y sobre todo las viudas… porque la que de verdad es viuda y ha quedado enteramente sola, tiene puesta su esperanza en el Señor y persevera en sus plegarias y oraciones noche y día. Porque nosotros no hemos traído nada al mundo y nada podemos llevarnos de él. Escríbeles todo esto…”.
Más tarde Pablo prosigue escribiendo la carta:
“Te escribo estas cosas con la esperanza de ir pronto a ti; pero si tardo, para que sepas cómo hay que portarse en la casa de Dios, que es la Iglesia de Dios vivo, columna y fundamento de la verdad. Grande es el misterio de Cristo Jesús…
“Él ha sido manifestado en la carne,
justificado en el Espíritu,
aparecido a los ángeles,
proclamado a los gentiles y
levantado a la gloria.
“Si tú enseñas estas cosas a los hermanos, serás un buen ministro de Cristo Jesús, nutrido con las palabras de la fe y de la buena doctrina que has seguido fielmente… No descuides el carisma que hay en ti, que se te comunicó por intervención profética mediante la imposición de las manos de los presbíteros”.
Y ya para terminar añade:
“Timoteo, guarda íntegro el depósito de la fe. Evita las charlatanerías profanas, y también la falsa ciencia; por ella algunos se alejado de la fe. Tú, como hombre de Dios, apártate de estas cosas; más bien busca la justicia, la piedad, la fe, la paciencia en el sufrimiento y la dulzura. Combate el buen combate de la fe… La gracia esté todos con ustedes”,
Una Nueva Carta
No habían pasado muchos días cuando llegó Artemas, que venía de Asia y se disponía a ir a Creta.
Entonces, como si fuera una idea nueva, Pablo llama a Tíquico y le dice:
-- “Vamos a escribir a Tito, No desaprovecharemos esta oportunidad para enviarle algunas instrucciones sobre cómo ha de organizar la comunidad que se ha formado en Creta, indicándole que complete lo que falta y que establezca presbíteros en cada ciudad…”.
Y sin más comentarios, Pablo mismo empieza a escribir:
“Pablo, siervo de Dios, apóstol de Jesucristo para llevar a los elegidos de Dios a la fe y al pleno conocimiento de la verdad, que es conforme a la piedad, con la esperanza de vida eterna, prometida desde toda la eternidad por Dios que no miente, y que en el tiempo oportuno ha manifestado su palabra por la predicación a mí encomendada según el mandato de Dios nuestro Salvador, a Tito, verdadero hijo según la fe. Gracia y paz de parte de Dios Padre y de Cristo Jesús, nuestro Salvador”.
Luego pasa a explicar las recomendaciones oportunas para la elección de los presbíteros, insistiendo en que sean personas fieles a la Palabra, para que sean capaces de exhortar con la sana doctrina y refutar a los que la contradicen.
“Para los limpios todo es limpio… Porque hay muchos rebeldes, vanos habladores y embaucadores, no des oídos a fábulas judaicas, ni a mandamientos de hombres que se apartan de la verdad. Tú enseña lo que es conforme a la sana doctrina… Muéstrate como ejemplo de buenas obras, de pureza de doctrina y de dignidad, para que los que nos critican se avergüencen, al no tener nada malo que reprocharnos”.
-- ¿Qué te pasa Pablo? Te ves muy cansado
-- Tienes razón… Sigue escribiendo tú, dales las indicaciones para el buen comportamiento de los fieles; que los ancianos sean sobrios, dignos, sensatos, sanos en la fe, en la caridad, en la paciencia, en el sufrimiento; que las ancianas asimismo sean en su porte cual conviene a los santos: no calumniadoras ni chismosas.
-- ¿Qué otra cosa?
-- Exhorta también a los jóvenes, para que sean sensatos en todo… Que los esclavos estén sometidos a sus dueños, que sean complacientes y no les contradigan; que no les defrauden, antes bien muestren una fidelidad perfecta, para honrar en todo la doctrina de Dios nuestro Salvador.
“Porque se ha manifestado la gracia salvadora de Dios a todos los hombres en nuestro Salvador Jesucristo; el cual se entregó por nosotros a fin de rescatarnos de todos nuestros pecados… Cuando se manifestó la bondad de Dios y su amor a los hombres, Él nos salvó, no por nuestras obras, sino según su misericordia, por medio del bautismo de renovación del Espíritu Santo, que derramó sobre nosotros para que, justificados por su gracia, llegáramos a ser herederos de la vida eterna”.
Después de las recomendaciones de rigor y los saludos a algunos hermanos en particular, viene el saludo final.
“Te enviaré a Artemas o a Tíquico, para que tú puedas venir a Nicópolis, donde me encuentro, porque he pensado pasar aquí el invierno. Cuida de proveer de todo lo necesario para el viaje a Zenón, el experto en la ley, y a Apolo, de modo que nada les falte. Te saludan todos los que están conmigo. Saluda a los que nos aman en la fe. La gracia de Dios sea con todos ustedes”.
(Continuará)
María Belén Sánchez Bustos fsp
La primavera trajo a todos la alegría que florecía en los jardines, y también a Pablo y a sus compañeros les trajo buenas nuevas:
Llegaba el indulto y la libertad, y con ello el fin de la prisión y las cadenas… Ahora podrían hacer planes nuevos y reafirmar la obra evangelizadora que hacía tanto tiempo habían comenzado. Era la oportunidad de afirmar la fe y de constituir bien las comunidades, dando a cada uno responsabilidades y competencias, tomando en cuenta los dones que el Señor otorga a cada uno.
-- Es tiempo de que las cosas empiecen a organizarse bien… insistía Pablo a tiempo y a destiempo.
Y así destinó a sus colaboradores a que fueran a visitar las diferentes comunidades esparcidas por Asia y Europa…
Tan sólo Marcio, el soldado que le acompañó durante aquellos largos años de prisión, atado a su cadena, no quiso separarse de él.
-- Yo iré contigo a donde tú vayas, Pablo…
-- No sabes lo que dices, muchacho… aquí la vida ha sido dura, pero tranquila; en cambio, allá afuera hay peligros de todas clases: peligros que acechan por todos los caminos; peligros de ríos; peligros de ladrones; peligros de los judíos y de los gentiles; peligros en la ciudad; peligros en despoblado; peligros por mar; peligros entre falsos hermanos…
-- Nada me asusta, Pablo.
-- Viajes frecuentes; trabajos y fatigas; noches sin dormir, muchas veces; hambre y sed; muchos días sin comer; frío y desnudez.
-- No importa, Pablo, tu suerte será mi suerte…
Nuevos viajes
Al fin Pablo fue puesto en libertad. Tenía otra vez la posibilidad de viajar… otra vez los caminos, las privaciones y necesidades, otra vez el sol o el frío inclemente, pero de nuevo la palabra elocuente en su boca, de nuevo explosiones de fe por todas partes.
No sabemos bien definido el itinerario, porque Lucas, el periodista preciso, el que escribe con exactitud, documentando hechos y fechas, se había ido a Creta…
Caras nuevas y antiguos conocidos, viejos amigos y juventudes nuevas, todos lo oían sedientos de escuchar aquellas palabras de salvación que en nombre de Cristo Jesús les llegaban por medio de Pablo.
En la ciudad de Nicópolis
-- Podríamos quedarnos a pasar el invierno en esta ciudad…, dice Pablo a Marcio y a los hermanos que le acompañan…
-- Es muy buena idea, sobre todo porque podrías descansar un poco.
-- No lo dudo, pero sobre todo porque tengo algo importante: ahora mismo quisiera escribirle a Timoteo, creo que no le ha ido muy bien en su misión. Es joven, pero más bien es un poco tímido y algo débil. Los más astutos se lo comen… Necesito darle algunos consejos y directivas sobre cómo llevar bien la Iglesia que él dirige.
-- Creo que es muy acertado...
-- Empezaremos de inmediato:
“Pablo, apóstol de Cristo Jesús, nuestra esperanza, por mandato de Dios nuestro Padre, a Timoteo, mi querido hijo en la fe: gracia, misericordia… Cuando me fui a Macedonia y te dejé en Éfeso, fue para que impidieras que se enseñasen doctrinas extrañas que sólo aumentan las discusiones… Sabemos que la Ley es buena, pero no ha sido instituida para el justo, sino para los rebeldes, para los impíos y pecadores, según el Evangelio que se me ha confiado”.
Pablo habla consigo mismo como si orara:
--“Doy gracias a Aquel que me revistió de fortaleza, a Cristo Jesús, Señor nuestro, que me consideró digno de confianza al colocarme en el ministerio… Yo, que antes fui blasfemo, perseguidor e insolente. Pero encontré misericordia porque obré por ignorancia. Pero la gracia de nuestro Señor sobreabundó en mí, juntamente con la fe y la caridad en Cristo Jesús. Y si encontré misericordia, fue para que en mí se manifestara Jesucristo y sirviera de ejemplo a los que habían de creer en Él para obtener vida eterna. Al Rey de los siglos, al Dios inmortal, invisible y único, honor y gloria por los siglos de los siglos. Amén”.
--Sigue escribiendo… “Tú sabes, diles cómo es conveniente que se comporten las mujeres, los epíscopos, los diáconos y todos los fieles…Ante todo recomiéndales que se hagan plegarias, oraciones, súplicas y acciones de gracias por todos los hombres; diles también cómo deben comportarse los fieles y sobre todo las viudas… porque la que de verdad es viuda y ha quedado enteramente sola, tiene puesta su esperanza en el Señor y persevera en sus plegarias y oraciones noche y día. Porque nosotros no hemos traído nada al mundo y nada podemos llevarnos de él. Escríbeles todo esto…”.
Más tarde Pablo prosigue escribiendo la carta:
“Te escribo estas cosas con la esperanza de ir pronto a ti; pero si tardo, para que sepas cómo hay que portarse en la casa de Dios, que es la Iglesia de Dios vivo, columna y fundamento de la verdad. Grande es el misterio de Cristo Jesús…
“Él ha sido manifestado en la carne,
justificado en el Espíritu,
aparecido a los ángeles,
proclamado a los gentiles y
levantado a la gloria.
“Si tú enseñas estas cosas a los hermanos, serás un buen ministro de Cristo Jesús, nutrido con las palabras de la fe y de la buena doctrina que has seguido fielmente… No descuides el carisma que hay en ti, que se te comunicó por intervención profética mediante la imposición de las manos de los presbíteros”.
Y ya para terminar añade:
“Timoteo, guarda íntegro el depósito de la fe. Evita las charlatanerías profanas, y también la falsa ciencia; por ella algunos se alejado de la fe. Tú, como hombre de Dios, apártate de estas cosas; más bien busca la justicia, la piedad, la fe, la paciencia en el sufrimiento y la dulzura. Combate el buen combate de la fe… La gracia esté todos con ustedes”,
Una Nueva Carta
No habían pasado muchos días cuando llegó Artemas, que venía de Asia y se disponía a ir a Creta.
Entonces, como si fuera una idea nueva, Pablo llama a Tíquico y le dice:
-- “Vamos a escribir a Tito, No desaprovecharemos esta oportunidad para enviarle algunas instrucciones sobre cómo ha de organizar la comunidad que se ha formado en Creta, indicándole que complete lo que falta y que establezca presbíteros en cada ciudad…”.
Y sin más comentarios, Pablo mismo empieza a escribir:
“Pablo, siervo de Dios, apóstol de Jesucristo para llevar a los elegidos de Dios a la fe y al pleno conocimiento de la verdad, que es conforme a la piedad, con la esperanza de vida eterna, prometida desde toda la eternidad por Dios que no miente, y que en el tiempo oportuno ha manifestado su palabra por la predicación a mí encomendada según el mandato de Dios nuestro Salvador, a Tito, verdadero hijo según la fe. Gracia y paz de parte de Dios Padre y de Cristo Jesús, nuestro Salvador”.
Luego pasa a explicar las recomendaciones oportunas para la elección de los presbíteros, insistiendo en que sean personas fieles a la Palabra, para que sean capaces de exhortar con la sana doctrina y refutar a los que la contradicen.
“Para los limpios todo es limpio… Porque hay muchos rebeldes, vanos habladores y embaucadores, no des oídos a fábulas judaicas, ni a mandamientos de hombres que se apartan de la verdad. Tú enseña lo que es conforme a la sana doctrina… Muéstrate como ejemplo de buenas obras, de pureza de doctrina y de dignidad, para que los que nos critican se avergüencen, al no tener nada malo que reprocharnos”.
-- ¿Qué te pasa Pablo? Te ves muy cansado
-- Tienes razón… Sigue escribiendo tú, dales las indicaciones para el buen comportamiento de los fieles; que los ancianos sean sobrios, dignos, sensatos, sanos en la fe, en la caridad, en la paciencia, en el sufrimiento; que las ancianas asimismo sean en su porte cual conviene a los santos: no calumniadoras ni chismosas.
-- ¿Qué otra cosa?
-- Exhorta también a los jóvenes, para que sean sensatos en todo… Que los esclavos estén sometidos a sus dueños, que sean complacientes y no les contradigan; que no les defrauden, antes bien muestren una fidelidad perfecta, para honrar en todo la doctrina de Dios nuestro Salvador.
“Porque se ha manifestado la gracia salvadora de Dios a todos los hombres en nuestro Salvador Jesucristo; el cual se entregó por nosotros a fin de rescatarnos de todos nuestros pecados… Cuando se manifestó la bondad de Dios y su amor a los hombres, Él nos salvó, no por nuestras obras, sino según su misericordia, por medio del bautismo de renovación del Espíritu Santo, que derramó sobre nosotros para que, justificados por su gracia, llegáramos a ser herederos de la vida eterna”.
Después de las recomendaciones de rigor y los saludos a algunos hermanos en particular, viene el saludo final.
“Te enviaré a Artemas o a Tíquico, para que tú puedas venir a Nicópolis, donde me encuentro, porque he pensado pasar aquí el invierno. Cuida de proveer de todo lo necesario para el viaje a Zenón, el experto en la ley, y a Apolo, de modo que nada les falte. Te saludan todos los que están conmigo. Saluda a los que nos aman en la fe. La gracia de Dios sea con todos ustedes”.
(Continuará)
María Belén Sánchez Bustos fsp