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Conociendo a san Pablo desde su vida
Cuando llegó, los cristianos de esa ciudad acudían a participar con él, a escucharle, a aprender un poco más de aquello que tanto les interesaba saber
13 de septiembre
Pablo en Tróade
Los hermanos llegaron a Tróade y allí esperaron a Pablo. Cuando llegó, los cristianos de esa ciudad acudían a participar con él, a escucharle, a aprender un poco más de aquello que tanto les interesaba saber para vivir mejor su cristianismo.
Era el primer día de la semana, iba cayendo la noche; después de un día caluroso se reunieron para despedir a Pablo, que debía marchar al día siguiente, y todos querían verle, hablarle, estar con él aunque fuera unos momentos… Entonces él les dijo:
-- Hermanos, en nombre de Jesús, en memoria de su muerte y resurrección, celebremos la “Fracción del Pan”.
Luego se puso a predicar ante ellos y su discurso se alargó hasta la media noche… todos los allí reunidos lo colmaban de preguntas…
-- Pablo, queremos escucharte, háblanos de Jesús…
-- Les repito lo que ya tantas veces he dicho: Cristo Jesús, es el prometido por medio de los profetas en las Escrituras Sagradas, Hijo de Dios, nacido del linaje de David según la carne, constituido con poder, según el Espíritu de santidad, por su resurrección de entre los muertos…
-- Es un consuelo muy grande saber que Jesús resucitó…
-- Ciertamente, porque si creemos que Jesús murió y que resucitó, de la misma manera Dios llevará consigo a quienes murieron en Jesús. Les decimos esto como palabra del Señor: Por Él hemos recibido la gracia del apostolado, para obtener la obediencia de la fe a gloria de su nombre entre todos los gentiles, entre los cuales se cuentan ustedes también, los llamados por Jesucristo…
-- Pero dinos, Pablo, ¿cómo resucitan los muertos? ¿Con qué cuerpo vuelven a la vida?
-- Acuérdate, si el grano de trigo no muere… Así también en la resurrección de los muertos: se siembra un cuerpo, y Dios lo resucita en un cuerpo espiritual revestido de fortaleza y de gloria.
Salvados por la fe
-- Pablo, tú eres muy sabio…
-- Lo que era para mí ganancia, aún la sabiduría, la he juzgado una pérdida a causa de Cristo. Y más aún: juzgo que todo es pérdida, menos el conocer a Cristo Jesús, mi Señor… por Él perdí todas las cosas, y todas las mando a la basura, con tal de ganar a Cristo, y ser hallado en Él… yo sólo busco la justicia que viene de Dios, apoyado en la fe, y sólo deseo conocerle a Él; y por el poder de su resurrección, espero llegar también a la resurrección de entre los muertos. Por eso no me niego a compartir sus padecimientos, pues si nos hacemos semejantes a Él en la muerte, podremos gozar con Él en la gloria.
-- ¿Tú ya vives en esa plenitud?
-- No es que lo haya conseguido, o que sea ya perfecto, sino que continúo mi carrera para lograrlo…
-- ¿Y nosotros…?
-- Ustedes fueron sepultados con Jesús en el bautismo, con Él también han resucitado por la fe; así como la fuerza de Dios, resucitó a Jesús de entre los muertos, a los que estaban muertos por los pecados, Él les dio vida cuando les perdonó todos sus delitos.
Muerte para la vida
-- Pero para llegar a vivir con Jesús hay que pasar por la muerte… ¿verdad?
-- La muerte ya ha sido vencida por la victoria. ¿Dónde está, oh muerte, tu victoria? ¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? El aguijón de la muerte es el pecado; y la fuerza del pecado es la Ley. Pero ¡gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por nuestro Señor Jesucristo! Así pues, hermanos míos amados, manténganse firmes, inconmovibles, progresando siempre en la obra del Señor, conscientes de que su trabajo no es vano.
-- Pablo hacía una pausa y todos estaban pendientes de sus palabras, porque aquello les llenaba de esperanza y de consuelo.
-- Si hemos muerto con Él, también viviremos con Él; si nos mantenemos firmes, también reinaremos con Él; si le negamos, también él nos negará; pero aunque nosotros seamos infieles, Él permanece fiel, pues no puede negarse a sí mismo.
-- Pablo, lo que dices es como un testamento, guardaremos tus recomendaciones y las pondremos en práctica…
-- Tengan en cuenta el momento en que viven, porque es ya hora de levantarse del sueño: la salvación está más cerca de nosotros que cuando abrazamos la fe. La noche está avanzando. El día se avecina. Despojémonos, pues, de las obras de las tinieblas y revistámonos de las armas de la luz. Por lo tanto, procedamos dignamente, como en pleno día: hermanos, yo les digo: Revístanse del Señor Jesucristo.
-- Continúa, Pablo, no importa la noche, la oportunidad de estar contigo vale la pena.
-- Les hago saber, hermanos: el Evangelio que les prediqué, que ustedes han recibido y en el cual ustedes permanecen firmes, es el que los salva, si lo guardan íntegro, tal como se lo prediqué... Si no, ¡habrán creído en vano!
El calor de las lámparas que había en la estancia superior, donde estaban reunidos, hacía el ambiente bochornoso y pesado; no obstante, nadie quería retirarse y todos escuchaban las palabras de Pablo con gran interés.
Mientras tanto, él añadía como si orara:
-- Así pues, si han resucitado con Cristo, busquen las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios. Aspiren a las cosas del cielo, no a las de la tierra. Porque ustedes ya han muerto, y su vida está oculta con Cristo en Dios.
-- ¿Así que todos viviremos para siempre y resucitaremos con Cristo glorioso?
-- Cierto, cuando Cristo aparezca en esta vida, entonces también ustedes aparecerán gloriosos con Él.
La muerte de Eutico
Se encontraba entre los presentes un joven, llamado Eutico, que, a medida que Pablo alargaba su discurso, le iba invadiendo un profundo sueño.
Su madre al verlo le dice al oído:
-- Hijo, ve a dormir.
-- Déjame estar aquí…
Las palabras de Pablo se deslizan con la suavidad de un manantial… ninguno de los presentes quería perderse ni una palabra, pero el sueño de Eutico era demasiado fuerte y le iba dominando, y sentado en el borde de la ventana, se apoyó imprudentemente buscando el frescor de la noche…
De pronto un grito interrumpe las palabras de Pablo.
--¡Cuidado!
--¡El muchacho se cae!
La madre lanza un grito angustiado… todos la miran asombrados.
-- ¿Qué pasa? ¿qué pasa?
-- ¡Eutico se ha caído!
-- ¡Y desde el tercer piso!
-- Rápido, vamos abajo…
Lo vieron ya muerto y nadie se atrevía a tocarlo. La madre lloraba, los demás no sabían qué decir…
Pablo llegó tranquilamente, apartó a los que estaban cerca y, tomando en sus brazos al muchacho, dijo:
-- No se inquieten, su alma está en él.
Y en cuanto despertó, se lo entregó a su madre .
Enseguida subió otra vez y continuó conversando hasta el amanecer…
Luego se marchó entre lágrimas de despedida.
También Eutico fue despedirse de Pablo. Todos se quedaron asombrados y llenos de consuelo.
De Tróade a Mileto
Lucas y otros se adelantaron hacia el mar, donde abordaron la nave y partieron hacia donde habían quedado de recoger a Pablo, pues él había decidido que iría por tierra…
En el puerto de Aso abordó la nave y navegaron para hacer una escala en Mitilene.
Al día siguiente prosiguieron por mar, haciendo escalas en Samos y otros lugares hasta arribar a Mileto, donde desembarcaron...
-- Pablo, sigues pensando en Éfeso…
-- Sí, fue tan violenta la salida de allí… no hubo tiempo de nada. ¡Cómo quisiera regresar!
-- Es verdad, pero no es prudente que vayas de nuevo, tú sabes…
-- Ya sé, mandaré decir a los presbíteros que vengan a Mileto y allí celebraremos una reunión, para darles algunas indicaciones y redondear algunos puntos que quedaron pendientes.
-- Creo que es buena idea, Pablo.
-- Así ganaremos tiempo, y tal vez sea posible llegar hasta Jerusalén para celebrar allí la fiesta de Pentecostés.
Continuará…
María Belén Sánchez Bustos fsp
Pablo en Tróade
Los hermanos llegaron a Tróade y allí esperaron a Pablo. Cuando llegó, los cristianos de esa ciudad acudían a participar con él, a escucharle, a aprender un poco más de aquello que tanto les interesaba saber para vivir mejor su cristianismo.
Era el primer día de la semana, iba cayendo la noche; después de un día caluroso se reunieron para despedir a Pablo, que debía marchar al día siguiente, y todos querían verle, hablarle, estar con él aunque fuera unos momentos… Entonces él les dijo:
-- Hermanos, en nombre de Jesús, en memoria de su muerte y resurrección, celebremos la “Fracción del Pan”.
Luego se puso a predicar ante ellos y su discurso se alargó hasta la media noche… todos los allí reunidos lo colmaban de preguntas…
-- Pablo, queremos escucharte, háblanos de Jesús…
-- Les repito lo que ya tantas veces he dicho: Cristo Jesús, es el prometido por medio de los profetas en las Escrituras Sagradas, Hijo de Dios, nacido del linaje de David según la carne, constituido con poder, según el Espíritu de santidad, por su resurrección de entre los muertos…
-- Es un consuelo muy grande saber que Jesús resucitó…
-- Ciertamente, porque si creemos que Jesús murió y que resucitó, de la misma manera Dios llevará consigo a quienes murieron en Jesús. Les decimos esto como palabra del Señor: Por Él hemos recibido la gracia del apostolado, para obtener la obediencia de la fe a gloria de su nombre entre todos los gentiles, entre los cuales se cuentan ustedes también, los llamados por Jesucristo…
-- Pero dinos, Pablo, ¿cómo resucitan los muertos? ¿Con qué cuerpo vuelven a la vida?
-- Acuérdate, si el grano de trigo no muere… Así también en la resurrección de los muertos: se siembra un cuerpo, y Dios lo resucita en un cuerpo espiritual revestido de fortaleza y de gloria.
Salvados por la fe
-- Pablo, tú eres muy sabio…
-- Lo que era para mí ganancia, aún la sabiduría, la he juzgado una pérdida a causa de Cristo. Y más aún: juzgo que todo es pérdida, menos el conocer a Cristo Jesús, mi Señor… por Él perdí todas las cosas, y todas las mando a la basura, con tal de ganar a Cristo, y ser hallado en Él… yo sólo busco la justicia que viene de Dios, apoyado en la fe, y sólo deseo conocerle a Él; y por el poder de su resurrección, espero llegar también a la resurrección de entre los muertos. Por eso no me niego a compartir sus padecimientos, pues si nos hacemos semejantes a Él en la muerte, podremos gozar con Él en la gloria.
-- ¿Tú ya vives en esa plenitud?
-- No es que lo haya conseguido, o que sea ya perfecto, sino que continúo mi carrera para lograrlo…
-- ¿Y nosotros…?
-- Ustedes fueron sepultados con Jesús en el bautismo, con Él también han resucitado por la fe; así como la fuerza de Dios, resucitó a Jesús de entre los muertos, a los que estaban muertos por los pecados, Él les dio vida cuando les perdonó todos sus delitos.
Muerte para la vida
-- Pero para llegar a vivir con Jesús hay que pasar por la muerte… ¿verdad?
-- La muerte ya ha sido vencida por la victoria. ¿Dónde está, oh muerte, tu victoria? ¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? El aguijón de la muerte es el pecado; y la fuerza del pecado es la Ley. Pero ¡gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por nuestro Señor Jesucristo! Así pues, hermanos míos amados, manténganse firmes, inconmovibles, progresando siempre en la obra del Señor, conscientes de que su trabajo no es vano.
-- Pablo hacía una pausa y todos estaban pendientes de sus palabras, porque aquello les llenaba de esperanza y de consuelo.
-- Si hemos muerto con Él, también viviremos con Él; si nos mantenemos firmes, también reinaremos con Él; si le negamos, también él nos negará; pero aunque nosotros seamos infieles, Él permanece fiel, pues no puede negarse a sí mismo.
-- Pablo, lo que dices es como un testamento, guardaremos tus recomendaciones y las pondremos en práctica…
-- Tengan en cuenta el momento en que viven, porque es ya hora de levantarse del sueño: la salvación está más cerca de nosotros que cuando abrazamos la fe. La noche está avanzando. El día se avecina. Despojémonos, pues, de las obras de las tinieblas y revistámonos de las armas de la luz. Por lo tanto, procedamos dignamente, como en pleno día: hermanos, yo les digo: Revístanse del Señor Jesucristo.
-- Continúa, Pablo, no importa la noche, la oportunidad de estar contigo vale la pena.
-- Les hago saber, hermanos: el Evangelio que les prediqué, que ustedes han recibido y en el cual ustedes permanecen firmes, es el que los salva, si lo guardan íntegro, tal como se lo prediqué... Si no, ¡habrán creído en vano!
El calor de las lámparas que había en la estancia superior, donde estaban reunidos, hacía el ambiente bochornoso y pesado; no obstante, nadie quería retirarse y todos escuchaban las palabras de Pablo con gran interés.
Mientras tanto, él añadía como si orara:
-- Así pues, si han resucitado con Cristo, busquen las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios. Aspiren a las cosas del cielo, no a las de la tierra. Porque ustedes ya han muerto, y su vida está oculta con Cristo en Dios.
-- ¿Así que todos viviremos para siempre y resucitaremos con Cristo glorioso?
-- Cierto, cuando Cristo aparezca en esta vida, entonces también ustedes aparecerán gloriosos con Él.
La muerte de Eutico
Se encontraba entre los presentes un joven, llamado Eutico, que, a medida que Pablo alargaba su discurso, le iba invadiendo un profundo sueño.
Su madre al verlo le dice al oído:
-- Hijo, ve a dormir.
-- Déjame estar aquí…
Las palabras de Pablo se deslizan con la suavidad de un manantial… ninguno de los presentes quería perderse ni una palabra, pero el sueño de Eutico era demasiado fuerte y le iba dominando, y sentado en el borde de la ventana, se apoyó imprudentemente buscando el frescor de la noche…
De pronto un grito interrumpe las palabras de Pablo.
--¡Cuidado!
--¡El muchacho se cae!
La madre lanza un grito angustiado… todos la miran asombrados.
-- ¿Qué pasa? ¿qué pasa?
-- ¡Eutico se ha caído!
-- ¡Y desde el tercer piso!
-- Rápido, vamos abajo…
Lo vieron ya muerto y nadie se atrevía a tocarlo. La madre lloraba, los demás no sabían qué decir…
Pablo llegó tranquilamente, apartó a los que estaban cerca y, tomando en sus brazos al muchacho, dijo:
-- No se inquieten, su alma está en él.
Y en cuanto despertó, se lo entregó a su madre .
Enseguida subió otra vez y continuó conversando hasta el amanecer…
Luego se marchó entre lágrimas de despedida.
También Eutico fue despedirse de Pablo. Todos se quedaron asombrados y llenos de consuelo.
De Tróade a Mileto
Lucas y otros se adelantaron hacia el mar, donde abordaron la nave y partieron hacia donde habían quedado de recoger a Pablo, pues él había decidido que iría por tierra…
En el puerto de Aso abordó la nave y navegaron para hacer una escala en Mitilene.
Al día siguiente prosiguieron por mar, haciendo escalas en Samos y otros lugares hasta arribar a Mileto, donde desembarcaron...
-- Pablo, sigues pensando en Éfeso…
-- Sí, fue tan violenta la salida de allí… no hubo tiempo de nada. ¡Cómo quisiera regresar!
-- Es verdad, pero no es prudente que vayas de nuevo, tú sabes…
-- Ya sé, mandaré decir a los presbíteros que vengan a Mileto y allí celebraremos una reunión, para darles algunas indicaciones y redondear algunos puntos que quedaron pendientes.
-- Creo que es buena idea, Pablo.
-- Así ganaremos tiempo, y tal vez sea posible llegar hasta Jerusalén para celebrar allí la fiesta de Pentecostés.
Continuará…
María Belén Sánchez Bustos fsp