Suplementos
Conociendo a san Pablo desde su vida
Pablo, con una paciencia infinita, les fue explicando; su voz sonaba diferente cuando entraba en estos temas…
30 de agosto
Nuevos viajes
-- Pablo, eres incansable… hace apenas unos meses que llegaste a Antioquía y ya quieres irte de nuevo…
--Hay muchas cosas que me preocupan, sobre todo en las Iglesias recién fundadas. Ves cómo hay muchos que quieren imponer las antiguas tradiciones judías, como si el paso de Jesús por este mundo no hubiese servido de nada.
Tú sabes que si yo trabajo sin descanso para llevar a todos el Mensaje del Evangelio, ellos trabajan también sin descanso para destruirlo… y sobre todo van a los lugares donde yo he predicado.
Pablo atravesó las regiones altas y, después de visitar varias comunidades, por fin llegó a Éfeso. Allí se encontró de nuevo con sus amigos y con muchas sorpresas.
Aquila y Priscila lo saludaron, con mucho cariño y alegría.
-- Pablo, ¡qué bueno que has venido! ¡hay tantas cosas que comentar…!
-- ¿Les va bien en el trabajo?, ¿prospera el negocio?
-- En realidad no mucho, pero el Evangelio sí progresa mucho. Nos hemos dedicado con empeño a anunciarlo a todos.
-- Pero hay algo muy importante que tenemos que decirte.
-- Me preocupas. Habla…
-- Cuando llegamos aquí a Éfeso, nos encontramos con que había un grupo numeroso de hermanos que creían en Jesús y seguían sus enseñanzas.
-- ¿Es verdad?
-- Sí, eran instruidos por un judío de Alejandría llamado Apolo, hombre muy sabio, muy simpático y buen predicador… pero cuando le oímos hablar, nos dimos cuenta de que su enseñanza era incompleta, ya que sólo hablaba del Bautismo de Juan.
-- ¿Y?
-- Lo llamamos aparte y le enseñamos todo lo referente a Jesús.
-- Y él, ¿qué dijo?
-- Recibió muy bien nuestras observaciones y desde entonces su predicación es completa y muy inspirada.
--Y, ¿dónde se encuentra ahora?
-- Hace poco que se fue a Corinto… Los hermanos le dieron buenas cartas de recomendación.
-- Así es el Reino de Dios: uno siembra, otros riegan, pero es Dios el que hace crecer y fructificar la planta… nosotros sólo somos colaboradores de Dios en la Iglesia que es su campo.
Fundación de la Iglesia de Éfeso.
Como habitualmente acostumbraba Pablo, primeramente iba a la sinagoga y hablaba con valentía, explicando todo acerca de la Palabra de Dios, de Jesús y del Reino.
Intentaba convencerles, pero como resistían y no se dejaban persuadir, Pablo se separó de ellos y formó un grupo aparte.
Todos los días se reunían en la escuela de un hombre llamado Tirano. Así, durante dos años la Palabra del Señor se difundía por el mundo y pudo llegar a todos los habitantes de Asia, tanto judíos como griegos.
Pentecostés en Éfeso
En cierta ocasión Pablo fue invitado a una reunión de un grupo de hermanos… se extrañó de que ellos no celebraran la Fracción del Pan, ni otros ritos que se acostumbraban en todas las Iglesias cristianas… Tampoco sabían la oración del Padre nuestro.
Entonces les preguntó:
-- ¿Recibieron el Espíritu Santo cuando abrazaron la fe?
Ellos, entre sorprendidos y confusos, contestaron:
-- Pero si nosotros no hemos oído decir siquiera que haya Espíritu Santo…
-- ¿Pues qué bautismo recibieron?
-- El bautismo de Juan.
Pablo, con una paciencia infinita, les fue explicando; su voz sonaba diferente cuando entraba en estos temas…
-- Juan bautizó con un bautismo de conversión, para disponer los ánimos del pueblo a que creyesen en el que había de venir después de él, o sea en Jesús.
-- Jesús nos ha salvado.
-- El que está en Cristo, es una nueva criatura; pasó lo viejo, todo es nuevo, ya que todo proviene de Dios, que nos reconcilió por Cristo y nos confió el ministerio de su gracia, poniendo en nosotros la palabra de la reconciliación.
Los hermanos escuchaban atentos, mientras Pablo proseguía:
-- Somos, pues, embajadores de Cristo… A Él, que no conoció pecado, Dios le hizo pecado por nosotros, para que llegáramos a ser justos y santos ante Dios en Él.
Y concluyó con una exclamación inspirada:
-- Por eso, en nombre de Cristo les suplicamos: ¡reconcíliense con Dios!
-- Pablo, bautízanos por favor.
-- Nuestro hermano Timoteo los bautizará en nombre del Señor Jesús, mientras yo hago oración.
-- En Cristo Jesús, el Señor, nuestro Salvador, creemos; a Él queremos seguir y amar para siempre.
Timoteo los bautizó, luego Pablo les impuso las manos y vino sobre ellos el Espíritu Santo… y aquellos hombres, llenos de alegría, inmediatamente se pusieron a hablar en lenguas y a profetizar.
La carta a los Romanos
Priscila se acerca a Pablo un poco vacilante, tanto porque teme interrumpir la tarea, como por el tema que la ocupa.
--¿Te acuerdas, Pablo, que en Corinto estabas muy entusiasmado por escribir una carta a los Romanos?
-- Me acuerdo, sí, pero aquel proyecto quedó inconcluso y con tanto tiempo que ha pasado y los viajes…
-- Eso quería decirte, Pablo, yo tengo los pergaminos aquellos donde empezaste a escribir… los cuidé como el mayor tesoro. Ahora puedes continuar y terminar esa carta.
-- Priscila, eres especial.
-- Tú sabes cuánto amo yo a Roma y sus habitantes; bien quisiera que todos fueran cristianos y que, así como ahora esa ciudad es la capital del mundo, fuera también el centro de la cristiandad.
--Tal vez un día tu sueño se haga realidad; mientras, tanto toca todavía sufrir mucho.
Y sin más comentarios, Pablo se dispone a releer los pergaminos escritos y a continuar la carta que habría de llegar a los romanos, a los cuales pensaba muy pronto visitar.
Aquila escuchaba con extremada atención los trozos de aquella carta que Pablo leía en voz alta y decía:
-- Ésta será tu epístola más luminosa, la que inspirará a muchos cristianos y perdurará por largos años y seguirá siendo inspiración de muchos a través del tiempo.
Priscila no perdía oportunidad, tampoco, de participar en la conversación y decía:
-- Pablo, es una carta muy larga y muy hermosa, pero yo me quedo con esta página:
“Si Dios está por nosotros, ¿quién estará contra nosotros?
Si Dios no perdonó ni a su propio Hijo, ¿cómo no nos dará su gracia y con Él todas las cosas?
¿Quién acusará a los elegidos de Dios? Dios es quien justifica. ¿Quién nos condenará? ¿Acaso Cristo Jesús, el que murió; que resucitó y que está a la diestra de Dios, intercediendo por nosotros?
¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿La tribulación?, ¿la angustia?, ¿la persecución?, ¿el hambre?, ¿la desnudez?, ¿los peligros?, ¿la espada?
Pues estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni los ángeles, ni los principados, ni lo presente, ni lo futuro, ni las potestades, ni la altura, ni la profundidad, ni otra criatura alguna podrá separarnos del amor de Dios, manifestado en Cristo Jesús Señor nuestro…”.
-- Es más, si tú me lo permites, Pablo, yo le pediría a Timoteo que me haga una copia de este trozo, para recitarlo todos los días.
Los milagros de Pablo
Dios obraba por medio de Pablo muchos milagros.
Una muchacha del pueblo se acercó a Pablo y le dijo:
-- Mi padre está muy enfermo… ayúdame, por favor…
-- Toma mi pañuelo, ponlo en su frente y tu padre sanará…
Las enfermedades se sanaban y los espíritus malos salían de los que estaban poseídos... A veces bastaba con tocar alguna ropa de Pablo.
Por este motivo lo buscaban muchos, pero él no perdía la oportunidad para hablarles de Cristo Jesús como el verdadero Salvador de la humanidad.
Las cartas a los Corintios
Mientras tanto, las noticias que llegan de otras comunidades nos son tan consoladoras. Los habitantes de Corinto andan desorientados y metidos en un sinfin de problemas y discusiones inútiles.
-- Ven, Sóstenes, vamos a escribir una carta a los hermanos de Corinto… Yo te dictaré, y mientras tú escribes, yo sigo trabajando… Empieza:
“Pablo, llamado a ser apóstol de Cristo Jesús por la voluntad de Dios, y Sóstenes, el hermano, a la Iglesia de Dios que está en Corinto… gracia y paz a ustedes de parte de Dios y de nuestro Señor Jesucristo… En Él han sido ustedes enriquecidos en toda palabra y conocimiento… ya no les falta ningún don de gracia a los que esperan en Él”.
-- Prosigue, Pablo, entra de lleno en el tema…
“Hermanos míos, estoy informado que existen discordias entre ustedes. Me refiero a que hay quienes dicen: «Yo soy de Pablo», «Yo de Apolo», «Yo de Cefas», «Yo de Cristo».
¿Es que Cristo está dividido? ¿Acaso fue Pablo crucificado por ustedes? ¿O han sido bautizados en el nombre de Pablo?
¡Yo no bauticé a ninguno sino a Crispo y a Gayo! Así, nadie puede decir que han sido bautizados en mi nombre.
¿Qué es Apolo? ¿Qué es Pablo?... ¡Servidores del Señor. Yo planté, Apolo regó, pero fue Dios quien hizo crecer.
De modo que ni el que planta, ni el que riega son algo, sino Dios que hace crecer. Así que nadie se gloríe en los hombres: ya sea Pablo, Apolo, Cefas, el mundo, la vida, la muerte, el presente, el futuro, todo es de ustedes; y ustedes son de Cristo y Cristo de Dios”.
-- Pablo, te acaloras fácilmente, haz una pausa y continuaremos luego…
--No, amigo, es urgente, muy urgente…
“Los judíos piden signos y los griegos buscan sabiduría, nosotros predicamos a un Cristo crucificado… El Señor conoce cuán vanos son los pensamientos de los sabios, porque la locura divina es más sabia que los hombres, y la debilidad divina, más fuerte que los hombres.
También se oye hablar de una inmoralidad que no se da ni entre los gentiles, que uno de vosotros vive con la mujer de su padre. ¡No está bien vuestro orgullo! ¿No sabéis que un poco de levadura fermenta toda la masa?
Pablo habla, Sóstenes escribe, hay momentos en que éste se cansa y parece que ya no puede más, pero hay que continuar. Pronto vendrá Tito y será el encargado de llevar la carta a su destino.
De Cristo Jesús, viene la santificación y redención, a fin de que, el que quiera gloriarse, se gloríe en el Señor”.
-- Pablo, ¿estas cansado o quieres que continuemos?
-- No, yo no estoy cansado, pero si tú quieres, deja a Tíquico que te ayude… Escribe:
“Acuérdense lo que les decía del amor de Cristo: aunque hable las lenguas de los hombres y de los ángeles, aunque tenga el don de profecía, y conozca todos los misterios y toda la ciencia; aunque tenga plenitud de fe como para trasladar montañas, si yo no tengo amor, nada soy, y ninguna buena obra me aprovecha”.
Y como si tuviera frente a sus ojos una visión, Pablo prosigue inspirado:
“Desaparecerán las profecías y cesarán las lenguas, desaparecerá también la ciencia. Ahora subsisten estas tres virtudes: la fe, la esperanza y el amor, pero la mayor de todas es la caridad, porque el amor no acaba nunca”.
(continuará)
María Belén Sánchez Bustos fsp
Nuevos viajes
-- Pablo, eres incansable… hace apenas unos meses que llegaste a Antioquía y ya quieres irte de nuevo…
--Hay muchas cosas que me preocupan, sobre todo en las Iglesias recién fundadas. Ves cómo hay muchos que quieren imponer las antiguas tradiciones judías, como si el paso de Jesús por este mundo no hubiese servido de nada.
Tú sabes que si yo trabajo sin descanso para llevar a todos el Mensaje del Evangelio, ellos trabajan también sin descanso para destruirlo… y sobre todo van a los lugares donde yo he predicado.
Pablo atravesó las regiones altas y, después de visitar varias comunidades, por fin llegó a Éfeso. Allí se encontró de nuevo con sus amigos y con muchas sorpresas.
Aquila y Priscila lo saludaron, con mucho cariño y alegría.
-- Pablo, ¡qué bueno que has venido! ¡hay tantas cosas que comentar…!
-- ¿Les va bien en el trabajo?, ¿prospera el negocio?
-- En realidad no mucho, pero el Evangelio sí progresa mucho. Nos hemos dedicado con empeño a anunciarlo a todos.
-- Pero hay algo muy importante que tenemos que decirte.
-- Me preocupas. Habla…
-- Cuando llegamos aquí a Éfeso, nos encontramos con que había un grupo numeroso de hermanos que creían en Jesús y seguían sus enseñanzas.
-- ¿Es verdad?
-- Sí, eran instruidos por un judío de Alejandría llamado Apolo, hombre muy sabio, muy simpático y buen predicador… pero cuando le oímos hablar, nos dimos cuenta de que su enseñanza era incompleta, ya que sólo hablaba del Bautismo de Juan.
-- ¿Y?
-- Lo llamamos aparte y le enseñamos todo lo referente a Jesús.
-- Y él, ¿qué dijo?
-- Recibió muy bien nuestras observaciones y desde entonces su predicación es completa y muy inspirada.
--Y, ¿dónde se encuentra ahora?
-- Hace poco que se fue a Corinto… Los hermanos le dieron buenas cartas de recomendación.
-- Así es el Reino de Dios: uno siembra, otros riegan, pero es Dios el que hace crecer y fructificar la planta… nosotros sólo somos colaboradores de Dios en la Iglesia que es su campo.
Fundación de la Iglesia de Éfeso.
Como habitualmente acostumbraba Pablo, primeramente iba a la sinagoga y hablaba con valentía, explicando todo acerca de la Palabra de Dios, de Jesús y del Reino.
Intentaba convencerles, pero como resistían y no se dejaban persuadir, Pablo se separó de ellos y formó un grupo aparte.
Todos los días se reunían en la escuela de un hombre llamado Tirano. Así, durante dos años la Palabra del Señor se difundía por el mundo y pudo llegar a todos los habitantes de Asia, tanto judíos como griegos.
Pentecostés en Éfeso
En cierta ocasión Pablo fue invitado a una reunión de un grupo de hermanos… se extrañó de que ellos no celebraran la Fracción del Pan, ni otros ritos que se acostumbraban en todas las Iglesias cristianas… Tampoco sabían la oración del Padre nuestro.
Entonces les preguntó:
-- ¿Recibieron el Espíritu Santo cuando abrazaron la fe?
Ellos, entre sorprendidos y confusos, contestaron:
-- Pero si nosotros no hemos oído decir siquiera que haya Espíritu Santo…
-- ¿Pues qué bautismo recibieron?
-- El bautismo de Juan.
Pablo, con una paciencia infinita, les fue explicando; su voz sonaba diferente cuando entraba en estos temas…
-- Juan bautizó con un bautismo de conversión, para disponer los ánimos del pueblo a que creyesen en el que había de venir después de él, o sea en Jesús.
-- Jesús nos ha salvado.
-- El que está en Cristo, es una nueva criatura; pasó lo viejo, todo es nuevo, ya que todo proviene de Dios, que nos reconcilió por Cristo y nos confió el ministerio de su gracia, poniendo en nosotros la palabra de la reconciliación.
Los hermanos escuchaban atentos, mientras Pablo proseguía:
-- Somos, pues, embajadores de Cristo… A Él, que no conoció pecado, Dios le hizo pecado por nosotros, para que llegáramos a ser justos y santos ante Dios en Él.
Y concluyó con una exclamación inspirada:
-- Por eso, en nombre de Cristo les suplicamos: ¡reconcíliense con Dios!
-- Pablo, bautízanos por favor.
-- Nuestro hermano Timoteo los bautizará en nombre del Señor Jesús, mientras yo hago oración.
-- En Cristo Jesús, el Señor, nuestro Salvador, creemos; a Él queremos seguir y amar para siempre.
Timoteo los bautizó, luego Pablo les impuso las manos y vino sobre ellos el Espíritu Santo… y aquellos hombres, llenos de alegría, inmediatamente se pusieron a hablar en lenguas y a profetizar.
La carta a los Romanos
Priscila se acerca a Pablo un poco vacilante, tanto porque teme interrumpir la tarea, como por el tema que la ocupa.
--¿Te acuerdas, Pablo, que en Corinto estabas muy entusiasmado por escribir una carta a los Romanos?
-- Me acuerdo, sí, pero aquel proyecto quedó inconcluso y con tanto tiempo que ha pasado y los viajes…
-- Eso quería decirte, Pablo, yo tengo los pergaminos aquellos donde empezaste a escribir… los cuidé como el mayor tesoro. Ahora puedes continuar y terminar esa carta.
-- Priscila, eres especial.
-- Tú sabes cuánto amo yo a Roma y sus habitantes; bien quisiera que todos fueran cristianos y que, así como ahora esa ciudad es la capital del mundo, fuera también el centro de la cristiandad.
--Tal vez un día tu sueño se haga realidad; mientras, tanto toca todavía sufrir mucho.
Y sin más comentarios, Pablo se dispone a releer los pergaminos escritos y a continuar la carta que habría de llegar a los romanos, a los cuales pensaba muy pronto visitar.
Aquila escuchaba con extremada atención los trozos de aquella carta que Pablo leía en voz alta y decía:
-- Ésta será tu epístola más luminosa, la que inspirará a muchos cristianos y perdurará por largos años y seguirá siendo inspiración de muchos a través del tiempo.
Priscila no perdía oportunidad, tampoco, de participar en la conversación y decía:
-- Pablo, es una carta muy larga y muy hermosa, pero yo me quedo con esta página:
“Si Dios está por nosotros, ¿quién estará contra nosotros?
Si Dios no perdonó ni a su propio Hijo, ¿cómo no nos dará su gracia y con Él todas las cosas?
¿Quién acusará a los elegidos de Dios? Dios es quien justifica. ¿Quién nos condenará? ¿Acaso Cristo Jesús, el que murió; que resucitó y que está a la diestra de Dios, intercediendo por nosotros?
¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿La tribulación?, ¿la angustia?, ¿la persecución?, ¿el hambre?, ¿la desnudez?, ¿los peligros?, ¿la espada?
Pues estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni los ángeles, ni los principados, ni lo presente, ni lo futuro, ni las potestades, ni la altura, ni la profundidad, ni otra criatura alguna podrá separarnos del amor de Dios, manifestado en Cristo Jesús Señor nuestro…”.
-- Es más, si tú me lo permites, Pablo, yo le pediría a Timoteo que me haga una copia de este trozo, para recitarlo todos los días.
Los milagros de Pablo
Dios obraba por medio de Pablo muchos milagros.
Una muchacha del pueblo se acercó a Pablo y le dijo:
-- Mi padre está muy enfermo… ayúdame, por favor…
-- Toma mi pañuelo, ponlo en su frente y tu padre sanará…
Las enfermedades se sanaban y los espíritus malos salían de los que estaban poseídos... A veces bastaba con tocar alguna ropa de Pablo.
Por este motivo lo buscaban muchos, pero él no perdía la oportunidad para hablarles de Cristo Jesús como el verdadero Salvador de la humanidad.
Las cartas a los Corintios
Mientras tanto, las noticias que llegan de otras comunidades nos son tan consoladoras. Los habitantes de Corinto andan desorientados y metidos en un sinfin de problemas y discusiones inútiles.
-- Ven, Sóstenes, vamos a escribir una carta a los hermanos de Corinto… Yo te dictaré, y mientras tú escribes, yo sigo trabajando… Empieza:
“Pablo, llamado a ser apóstol de Cristo Jesús por la voluntad de Dios, y Sóstenes, el hermano, a la Iglesia de Dios que está en Corinto… gracia y paz a ustedes de parte de Dios y de nuestro Señor Jesucristo… En Él han sido ustedes enriquecidos en toda palabra y conocimiento… ya no les falta ningún don de gracia a los que esperan en Él”.
-- Prosigue, Pablo, entra de lleno en el tema…
“Hermanos míos, estoy informado que existen discordias entre ustedes. Me refiero a que hay quienes dicen: «Yo soy de Pablo», «Yo de Apolo», «Yo de Cefas», «Yo de Cristo».
¿Es que Cristo está dividido? ¿Acaso fue Pablo crucificado por ustedes? ¿O han sido bautizados en el nombre de Pablo?
¡Yo no bauticé a ninguno sino a Crispo y a Gayo! Así, nadie puede decir que han sido bautizados en mi nombre.
¿Qué es Apolo? ¿Qué es Pablo?... ¡Servidores del Señor. Yo planté, Apolo regó, pero fue Dios quien hizo crecer.
De modo que ni el que planta, ni el que riega son algo, sino Dios que hace crecer. Así que nadie se gloríe en los hombres: ya sea Pablo, Apolo, Cefas, el mundo, la vida, la muerte, el presente, el futuro, todo es de ustedes; y ustedes son de Cristo y Cristo de Dios”.
-- Pablo, te acaloras fácilmente, haz una pausa y continuaremos luego…
--No, amigo, es urgente, muy urgente…
“Los judíos piden signos y los griegos buscan sabiduría, nosotros predicamos a un Cristo crucificado… El Señor conoce cuán vanos son los pensamientos de los sabios, porque la locura divina es más sabia que los hombres, y la debilidad divina, más fuerte que los hombres.
También se oye hablar de una inmoralidad que no se da ni entre los gentiles, que uno de vosotros vive con la mujer de su padre. ¡No está bien vuestro orgullo! ¿No sabéis que un poco de levadura fermenta toda la masa?
Pablo habla, Sóstenes escribe, hay momentos en que éste se cansa y parece que ya no puede más, pero hay que continuar. Pronto vendrá Tito y será el encargado de llevar la carta a su destino.
De Cristo Jesús, viene la santificación y redención, a fin de que, el que quiera gloriarse, se gloríe en el Señor”.
-- Pablo, ¿estas cansado o quieres que continuemos?
-- No, yo no estoy cansado, pero si tú quieres, deja a Tíquico que te ayude… Escribe:
“Acuérdense lo que les decía del amor de Cristo: aunque hable las lenguas de los hombres y de los ángeles, aunque tenga el don de profecía, y conozca todos los misterios y toda la ciencia; aunque tenga plenitud de fe como para trasladar montañas, si yo no tengo amor, nada soy, y ninguna buena obra me aprovecha”.
Y como si tuviera frente a sus ojos una visión, Pablo prosigue inspirado:
“Desaparecerán las profecías y cesarán las lenguas, desaparecerá también la ciencia. Ahora subsisten estas tres virtudes: la fe, la esperanza y el amor, pero la mayor de todas es la caridad, porque el amor no acaba nunca”.
(continuará)
María Belén Sánchez Bustos fsp